El abuelo nunca dijo adiós.

Son  tantos los recuerdos que guardo de él que podría escribir un libro solo de las aventuras vividas a su lado. Nunca supo que tenía una nieta escribana que le heredó el arte de narrar. Todas sus historias se afincaron en mi memoria de cipota de arrabal. Perdurable es el instante aquel en que lo vi esperándome frente a la alcaldía en mi natal Comapa, regresaba por primera vez a su tierra natal la nieta más campesina de todas, yo tenía quince años recién cumplidos e iba a reencontrarme con mi raíces garífunas y xincas, a conocer la casita de…

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Bacanal en la mansión del convivio.

La primera vez que vi una sentí una especie de  bofetada en el rostro y al mismo tiempo un dolor agudo en el corazón,  al contrario de quienes iban conmigo que se maravillaban con la elegancia y la  opulencia y soñaban construir una así en sus países de origen, yo quise cuartear la diferencia abismal entre la miseria económica en que viven unos y en la abundancia en que desperdician otros. Mansiones en las que caben cincuenta casas de periferia, mansiones en donde solo viven dos o tres personas y tienen a en su servicio doméstico quince empleados. Verlas por…

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Apariencia de navidad.

Aquella primera navidad en tierra estadounidense fue de observar  y de admirar la capacidad que tenemos las personas para aparentar estar bien, anímica, saludable  y económicamente. A miles de kilómetros de Guatemala, con personas de Guatemala que hacían todo lo posible para que la desmemoria les borrara de un plumazo el recuerdo de las querencias que dejaron. La tradición estúpida de tener que estrenar mudada de ropa y zapatos, porque quien no estrena está en la miseria económica y solo deja ver sus malos ingresos. Comprar mantel nuevo para no poder el mismo del año pasado. Las mujeres aparentar ser…

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El entrenador de mi cuadra.

Fueron tantas las ocasiones en las que salió a defenderme de los patojos hasta que yo opté por utilizar los puños. Lo recuerdo con sus piernas rollizas, velludas, siempre en pantaloneta y playera, con el balón de fútbol pegado al pie. Así en las tardes después de misa, a misa iba con su esposa y su hija entonces andaba puesto un  pantalón de lona o de vestir, con la infaltable camisa lisa o a cuadros, siempre con su guitarra colgada del hombro pues tocaba en el coro, doña Irma su esposa con la biblia en la mano y la Lupita…

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Tormenta invernal.

La ciudad se paraliza, las personas lamentan la época del frío. Lanzan improperios cuando hablan de las bajas temperaturas, del hielo, de la falta de comodidad para realizar sus rutinas. Las que son originarias de climas cálidos como el Caribe, caen en depresiones profundas que desaparecen cuando llega mayo con sus tulipanes. Sonrientes y alegres pasan los días de verano. Las que nacieron en otros hemisferios y continentes, en los que ahora es verano, se lanzan en abismos sombríos que las hacen recordar el terruño que ésta diáspora congelante cubre de blanco algodón. En cambio conmigo sucede todo lo contrario.…

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Diciembre en el mercado de Ciudad Peronia.

La mayoría de los vendedores y vendedoras del mercado de Ciudad  Peronia son  nativos  de Sololá, Atitlán, Totonicapán y Quiché. Los conocí a principios de la década de los noventa. Llegaron como miles más, a invadir en el sector que posteriormente sería conocido como El Asentamiento. Armaron sus champas de nailon y lepa y se quedaron en la capital buscándose la vida en  un periferia y dejando sus pueblos natales para ir de visita cuando alcanzara para el pasaje. La mayoría era recién casados con hijos en brazos, las mujeres vestidas con corte y güipil, ellos con pantalones de tela…

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Itinerantes en un arrabal.

El catorce de noviembre del 87 la vida le daría al clan Oliva Corado una oportunidad de tener casa propia. Así lo sentenció la  nía Lila que para aquel tiempo aún no  se había convertido en Nanoj. Era su sueño: que sus hijas fueran a la escuela y que no  se sangraran  las yemas de los dedos cortando algodón en los surcos donde ella pasó muchos años de su infancia y adolescencia. No anhelaba nada más que una casa propia con patio grande y que sus hijas aprendieran a leer y a escribir. La capital era entonces su meca. En…

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