El racismo como ADN de la humanidad

Cada vez que sale a la luz un video de violencia policial estadounidense contra los afro descendientes, la noticia se propaga como pólvora y le da la vuelta al mundo. Entonces comienzan las etiquetas en las redes sociales con repudio y doble moral. Pero vivo en Estados Unidos y he visto cómo asiáticos discriminan a negros y latinos por igual, o cómo latinos discriminan a asiáticos y negros. O cómo negros discriminan a asiáticos y latinos. Es tan racista un negro, un latino, un asiático, un europeo que un anglosajón, ¿por qué? Porque el racismo es patriarcal como la violencia de género, como la homofobia, como la discriminación.

Nadie nace racista ni homofóbico ni misógino; son patrones con los que somos criados y están en el hogar, la escuela, la sociedad, en nuestro entorno y si salimos a otros países del mundo lo vamos a encontrar porque no es territorial; nos consume, nos succiona y nos escupe inhumanos sin fronteras.

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La lotería como enajenación de las masas indocumentadas

No existe en Estados Unidos el sueño americano ni el sueño dorado, ni ningún otro tipo de sueño que no sea el del cansancio físico y emocional antes, durante y después de las extenuantes jornadas laborales que vive el indocumentado.

Partiendo de ahí, de una mentira, de la decepción que queda al descubrir el montaje mediático y estructural que nos dice que en Estados Unidos los sueños se hacen realidad y que es el mejor país del mundo para vivir, el indocumentado queda en un estado de desahucio perenne. Masas de moribundos que pensaron que en Estados Unidos encontrarían techo, comida y oportunidades de desarrollo quedan en el limbo de los olvidados; como los afros y sí, también, anglos que luchan su sobrevivencia en las alcantarillas de las grandes urbes. Parvadas que fueron engañadas y traicionadas por todos los que de una u otra manera alaban y hacen eco de una falsa realización y comodidad que brinda el país.

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El invierno como sosiego y fortalecimiento

En invierno, el cielo se emponcha en su color grisáceo y bajan las nubes densas a deambular por las calles de la gran ciudad; una neblina gélida que hace que los transeúntes desahuciados lamenten esa temporada a la que le llaman mal tiempo.

Bajan los ánimos, aumentan los resfriados y la depresión se convierte en el padecimiento de la estación. A menudo se ve gente maldiciendo el viento frío, la nieve acumulada, los días grises y   los copos espesos cuando comienza a nevar. En su enfado son incapaces de disfrutar la magia que les regala la naturaleza: un espectáculo impresionante que debería enloquecer de encanto a toda persona que lo presencia.

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El ocio como amor propio y resistencia política

Vivimos diariamente en el trajín de un sistema que nos exprime cada vez más, que nos roba el oxigeno, extorsiona, manipula, violenta y nos controla; es el sistema del capital que tiene como objetivo hacer del ser humano un objeto incapaz de crear, pensar y sentir.

Porque quien siente, ama; quien crea, florece; quien ama tiene esperanza, y una humanidad con esperanza es una humanidad que puede cambiar el mundo. Por eso nos quitan lo más preciado que es el tiempo, por eso nos agotan física y emocionalmente para destruirnos, para que con culpa nos autodestruyamos y para que nos marchitemos lentamente hasta extinguir de nuestro ser toda ilusión. Una sociedad en blanco y negro que es incapaz de disfrutar los colores del arcoíris. Y que se ha mecanizado en la explotación económica.

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¿Cuándo se unirá la izquierda latinoamericana?

Este momento, este preciso momento que vive Latinoamérica, es la cúspide del neoliberalismo que triunfa sobre la Memoria Histórica. Se ve desde leguas de distancia, es apoteósico. Era previsible, solo era cuestión de tiempo llegar a este punto de incoherencia, porque estamos plagados de generaciones sin memoria y sin identidad.

Y sin afán de acusar o de buscar un culpable así por así, pero sí de llamar a la cosas por su nombre, la izquierda latinoamericana en su divisionismo, -más por ego que por otra cosa- en su machismo, misoginia y patriarcado dejó a la juventud del continente a la deriva. La derecha no perdió el tiempo y tomó el lugar que dejaron vacío y los resultados saltan a la vista aunque no los queramos ver. Y no hay pretexto alguno que tenga cabida en esta realidad.

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Generaciones sin memoria

Lo que está sucediendo en Latinoamérica en estos momentos, debería ser de vital importancia para las generaciones de la desmemoria. Todo aquel que tenga de 40 años para abajo, considérese parte de la generación de la desmemoria.

Todo aquel que nació en época de las dictaduras o post dictaduras ha sido inyectado con el gen de la ignorancia y la desmemoria colectiva. Pertenecemos a la generación de la negación. Somos producto de un plan cimentado con esa finalidad: crear generaciones vencidas, chambonas, ineptas, ególatras, consumistas e insensibles. Unos peleles en toda la extensión de la palabra.

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Latinoamérica, rebelde y en resistencia

Latinoamérica aún no se rinde, 500 años de saqueos, genocidios, ecocidios, de devastación y sigue resistiendo. No será ahora que nos van a vencer.

Memorícenlo: ¡no nos han vencido!, ¡no nos van a vencer!

Que lo sepan los cobardes, genocidas, saqueadores, los vende patrias, los arrastrados y los traidores: no nos van a vencer.

Que lo tengan claro los corruptos, las oligarquías, los injerencistas, los lacayos: no nos van a vencer.

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El triunfo sobre la derrota

Todo los días recibo mensajes de lectores que me escriben desde distintas partes del mundo, preguntándome cómo le hago para ser tan exitosa. Que cómo le hago para ser tan leída en tantas partes. Decidí escribir aquí lo que pienso sobre el tema.


El éxito no existe y todo en la vida es relativo.

Soy todo lo contrario a ser exitosa, soy una fracasada total, mi vida ha sido un fracaso desde mi infancia, no he logrado realizar ni uno solo de mis sueños, ni uno. Y tal vez nunca lo logre en la vida. Todo lo que me he propuesto, todo lo he fracasado, ilusiones que se escurren como agua entre mis dedos. Y no porque no las haya luchado, porque llevo luchando esta vida con todas las fuerzas de mi ser, desde mi infancia.

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Honduras poniendo el pecho por el triángulo norte de Centroamérica

En Guatemala el chiste se contó solo: en el 2015, agarraron los sábados para ir a broncearse a las plazas del país y tomarse la foto del recuerdo, mientras se colgaban de los nombres de los mártires de la dictadura; con carteles, revolcaderas en el pavimento y somatando nicas, todo con tal de salir en la tele para después ponerse a gatas votando por la continuidad de las mafias en el gobierno. Cuando tenían la oportunidad de decir no a las elecciones e ir por la Asamblea Nacional Constituyente. Ejemplo claro de cómo no se deben  hacer las cosas cuando lo que se busca es un cambio. Pero pues, estamos hablando de Guatemala.

El pueblo raso, los campesinos, los Pueblos Originarios salieron a manifestar entre semana, lo que hicieron estos mismos que salían a broncearse los sábados a las plazas y que se creían iluminados porque habían cursado en la universidad, fue insultarlos y señalarlos de haraganes, ignorantes y mantenidos. ¡A los únicos con agallas en el país! Las agallas no las dan los títulos universitarios, las agallas nacen de la dignidad y del amor a la tierra.

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Golpe a Nasralla en Honduras

El 28 de junio del año 2009, cuando Honduras iniciaba un camino propio, alejada del neoliberalismo y se hermanaba con el progresismo latinoamericano que emergía en Suramérica, el presidente Manuel Zelaya sufre un golpe de Estado. Un golpe de Estado ordenado desde Estados Unidos y ejecutado por la oligarquía, tal como sucedió en Paraguay y en Brasil; llevados a cabo por el Congreso y la Corte Suprema de Justicia.

Buitres afines al poder del capital, dictaduras que se imponen con nuevos modelos operacionales, que tienen el centro de la logística en el Congreso, en la Corte Suprema de Justicia y en el Tribunal Supremo Electoral y; que son manipuladas por los medios de comunicación corporativos que son base para mantener vigente el sistema actual, engañando a la población.

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Cuba sin Fidel

Cuando Obama se fue con sus once ovejas a Cuba, y se tomó la foto, vencido, y a sus espaldas el rostro imponente del Che, en la Plaza de la Revolución; a 90 millas marítimas de Estados Unidos, muchos celebraban.

Había de todo, quienes celebraban que podían viajar y ver a sus familiares, esa parte humana de la migración, otros, a los que el comunismo, el socialismo y el capitalismo les valía un pepino, pero que se mecían a la sombra del tercero, celebraban que en un santiamén podrían poner negocios en Cuba; los vi saborearse los labios, contando imaginariamente los miles de dólares que iban a ganar fácil, así decían.

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La sirvienta como esclava

La servidumbre, la sirvienta, la criada, la muchacha, la ayuda, la nana, la cholera, la chacha, la gata, la mucama; a la empleada doméstica se le conoce con infinidad de nombres, despectivamente. Sin embargo es la empleada más importante, paradójicamente también es la mal pagada, la explotada y la esclavizada en un modelo de sociedad que utiliza a los parias como trampolín; como escalera, como el soporte más importante para sostener la explotación de unos para beneficio de otros.

Infinidad de teorías, estudios, conceptos y definiciones se pueden escribir en tomos de tomos, para justificar la existencia de la sirvienta, sin embargo este trabajo no tiene justificación alguna; es la explotación de una mujer para que otra logre el beneficio de la realización profesional y personal. Un sistema que milenariamente ha mantenido el modelo funcional a las minorías.

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Núcleo patriarcal

Vivimos en sociedades patriarcales, misóginas y machistas; como resultado de este patrón, la violencia contra las mujeres es sistemática y estructural. Y también, por más indigno que sea es una violencia normalizada porque la mujer sigue siendo vista como un objeto que le pertenece a quien lo compra.

Por esa razón vemos a padres, hermanos, abuelos, amigos, amantes, compañeros, creyéndose dueños de sus hijas, hermanas, nietas, amigas, amantes, compañeras. Y lo mismo con los desconocidos, se creen tan dueños de cualquier mujer que se sienten con la libertad de poder excluirlas, insultarlas, golpearlas, violarlas, asesinarlas y desaparecerlas.

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No es Venezuela, es el resto de Latinoamérica

Mientras a nosotros, los informativos corporativos nos bombardean con noticias sobre Venezuela: que la hambruna, que la dictadura de Maduro…, en el resto del continente se vive la embestida del neoliberalismo.

Mientras nosotros, “no queremos ser como Venezuela” en nuestros países se llevan a cabo desfalcos millonarios, mueren cientos de niños por desnutrición, se llevan a cabo limpiezas sociales, nos mantienen atemorizados con la violencia común que en realidad es violencia institucionaliza, se realizan robos de tierras por parte de los gobiernos y las oligarquías; con esto oprimiendo a las comunidades que las habitan y si es necesario haciéndolas desaparecer.

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Lenín Moreno, el gran traidor del progresismo latinoamericano

Apenas hace unos meses celebrábamos la victoria de Lenín Moreno, quien prometía dar continuidad a la Revolución Ciudadana que inició Rafael Correa; resultó ser un farsante, dando con esto el peor golpe al progresismo latinoamericano en la última década: Lenín Moreno mordió la mano de quien le daba de comer.

Moreno sobrepasó a Temer, su odio a su país fue más allá, tal como Temer no soportaron la luz de sus presidentes, Temer no pudo con Dilma y Moreno no podrá jamás con Rafael Correa, porque Correa como Dilma simplemente ya son inmortales en la memoria de los pueblos.

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¿Por qué avanza el neoliberalismo en América Latina?

Por el gen natural de autodestrucción que tenemos como humanidad. Ese ego propio, el “yoísmo,’” como le llaman en psicología; abarcar todo lo posible sin importar que el otro se quede sin nada.

Partiendo de ese gen podemos desglosar las distintas vertientes que nos llevan a tratar de analizar el comportamiento colectivo de nuestras sociedades ante la política neoliberal que nos arrastra.

Neoliberalismo que siempre ha estado presente porque es patriarcal y somos sociedades patriarcales por ende los resultados son de dominio, odio, despojo y manipulación. El patriarcado no solamente es misógino, también es racista y clasista, terriblemente homofóbico. El patriarcado ha sido la imposición de la mente colonizada generacionalmente; desde hace más de 500 años, un mal que se ha convertido en genética de nuestra América mancillada y que gracias a esa idiotización en masa, los resultados son desgarradores para los pueblos y avaros para los pícaros.

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Cristinazo en el Racing

A pesar de que el gobierno macrista cortó el funcionamiento de los trenes y también del servicio de internet en la localidad, Cristina se presentó el 16 de octubre en el estadio de Racing, en su cierre de campaña ante nada más y nada menos que cien mil almas. Ni los juegos de fútbol en final de Mundial logran llenar un estadio con esa magnitud.

Es bien sabido por todos el revés que tuvo Argentina en los últimos dos años: de la era progresista, en un santiamén pasó de nuevo a la era neoliberal y; las consecuencias de la equivocación del voto la están pagando caro los argentinos que pensaron que le iría mal solo al paria, por paria. El neoliberalismo agarra parejo, es máquina de destrucción masiva. En el neoliberalismo solo se salvan las oligarquías, porque están cimentadas sobre las mentes colonizadas, ignorancia, deslealtad, patriarcado, misoginia, homofobia, la falta de gratitud, de identidad y la inexistencia del sentido común.

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En el fútbol, como en la vida misma

El balompié es la pasión de pasiones y es algo que no está a discusión. Lo sabemos todos. Como pasión tiene la irreverencia de hacernos vibrar al unísono, estemos donde estemos, hablemos el idioma que hablemos; por su carácter universal. El gol es lo más cercano a tocar el firmamento con la yema de los dedos; quien anota un gol ha logrado la inmortalidad, así el juego sea en una calle de arrabal y con pelota de trapo.

La pasión, (como yo llamo al fútbol) es de lo más bello que tenemos en la tierra, y por la felicidad que no da, deberíamos respetarla. Reverenciarla siempre. Pero hacemos todo lo contrario. Los humanos lo destruimos todo con nuestro egocentrismo y nuestro irrespeto. Con nuestro hábito de querer acapararlo todo y meterle zancadilla a quien se ponga en nuestro camino: literal.

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Escribir

Escribir, escribir, escribir, escribir.

Escribir si llueve, si hace sol, si está nublado, con luz de candil, en el bullicio, en el silencio, en la madrugada, a medio día, en el baño, en el autobús, en la calle, en el encierro del desarraigo.

Escribir en la ebriedad, en la sobriedad, en la agonía, en el llanto, en la pérdida, en el abandono. En la enajenación. En la abundancia. En la adicción. A pesar de las circunstancias, escribir.

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Los parias en la soledad del olvido

No llegan a ser ni los últimos de la fila, son los del subsuelo, los de la alcantarilla, los de las zanjas a piocha y a chuzo, los que cargan en sus hombros el agravio y la insolencia de una sociedad indolente y de doble moral que los deshonra.

Los explotados a todas horas, todos los días, en cualquier lugar.

Los del lomo curtido y las manos agrietadas, los del alma herida, milenariamente. Los de la mirada transparente y pecho acribillado. Sigue leyendo