El brazo largo, largo, largo

Me agacho a recoger el plátano que cayó al suelo desde la estantería,   y cuando me levanto me encuentro con un brazo robusto, largo, largo, largo, negro, negro, negro que alcanza un plátano de lo más alto de la estantería. Pasmada lo sigo lentamente desde la punta del dedo meñique, pasando por el hombro y el cuello rollizo hasta llegar a sus ojos negros, negros, negros y; bajo despacio, como en bajada de cuestona, por su nariz negra, negra, negra pasando por sus labios gruesos y carnosos, rojos, rojos, rojos. Un parpadear me despierta del embebecimiento y mis ojos buscan los suyos desesperadamente, como alguien busca un vaso de agua en medio del desierto.

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Post-frontera. Transizione: l’inglese

Ilka Oliva Corado, trad. di Maria Rossi. La macchina sognante

Post-Frontera

XXXV. Transizione: l’inglese (IV)

Passarono cinque anni dal mio arrivo negli Stati Uniti prima che mi decidessi a imparare l’inglese, ricordo perfettamente la sera in cui, uscendo dal lavoro, presi il cellulare e cancellai il mio messaggio in segreteria in spagnolo registrandolo nuovamente in inglese. Quello fu il primo passo. In quel periodo ero costretta a fare vari colloqui a causa dei lavori precari fatti di ore qui e lì per poter completare la settimana. Mia sorella mi accompagnava sempre per farmi da traduttrice, ma un giorno mi stancai: di prendermi il suo tempo, la sua energia e la sua pazienza.

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El joven hindú

A este muchacho lindo, lo conocí en el 2012, para finales. Fui a comprar una ensalada a un restaurante de comida rápida y él atendía, estaba hablando por teléfono con su familia en India, allá era una celebración parecida a Navidad.

Entonces estaba toda la familia reunida y le contaban de la celebración y se escuchaba el bullicio de la fiesta en el vecindario. Y yo lo dejé que siguiera en la llamada y solo le hacía señas para decirle qué quería en la ensalada. Después de su llamada, como el restaurante estaba vacío comenzamos a conversar, como muchos de nosotros, indocumentados, llegó a Estados Unidos buscando trabajo para poder dar estudio a sus hermanos en India.

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El triunfo sobre la derrota

Todo los días recibo mensajes de lectores que me escriben desde distintas partes del mundo, preguntándome cómo le hago para ser tan exitosa. Que cómo le hago para ser tan leída en tantas partes. Decidí escribir aquí lo que pienso sobre el tema.


El éxito no existe y todo en la vida es relativo.

Soy todo lo contrario a ser exitosa, soy una fracasada total, mi vida ha sido un fracaso desde mi infancia, no he logrado realizar ni uno solo de mis sueños, ni uno. Y tal vez nunca lo logre en la vida. Todo lo que me he propuesto, todo lo he fracasado, ilusiones que se escurren como agua entre mis dedos. Y no porque no las haya luchado, porque llevo luchando esta vida con todas las fuerzas de mi ser, desde mi infancia.

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Exposición fotográfica, Forced Migration Fhotovoice Project

Dedico la siguiente presentación a Carolina Vásquez Araya, como una forma de abrazarla en la distancia, por su cumpleaños. Larga vida para ella y que siga así  de bella e iluminada.


Anoche, 12 de octubre, fue la inauguración de la exposición fotográfica, Forced Migration, Fhotovoice Project, que se llevó a cabo en la biblioteca pública  Sulzer Regional,  en Chicago. Exposición en la que tuve la oportunidad de participar con una fotografía y un texto, que leí en español e inglés.

Es la primera vez que leo algo en inglés, en público. Como ustedes saben, el parco inglés que sé, lo aprendí en la calle y leyendo libros en inglés, así que tiene una pronunciación muy a mi estilo. Como todo en mi vida.

La exposición estará hasta  marzo de 2018.

Les comparto fotografías y el video de mi lectura. Fue una emoción muy grande poder participar en ese proyecto y agradezco a quienes me dieron la oportunidad de hacerlo. Están firmados con uno de mis alter egos: Martina.

Agradezco también al público que asistió para apoyarnos.

 

Texto en español e inglés

 

Senderos

La vida como los ecosistemas, está llena de veredas. Senderos que en ocasiones se tornan cuesta arriba, tan empinados que parece imposible llegar a la cima, y tan profundos, cuando son barrancos, que nos hacen creer que si caemos, jamás podremos levantarnos. Esas veredas que de día nos muestran la magia de la naturaleza, en la oscuridad de la noche, nos muestran nuestros miedos.

Laderas que nos permiten caminar al filo de una decisión transcendental, como la migración. Migrar es una hazaña que nos transforma de por vida. En la que perdemos y ganamos, y en la que nunca dejamos de aprender. Somos nómadas que transitamos entre la diáspora y la nostalgia de los desarraigos. A veces creemos tomar senderos sin retorno que en la distancia se convierten en un eterno vaivén.

Paths 

Life, like ecosystems, is full of paths. Paths that occasionally become an uphill climb- so steep that reaching the top seems impossible, so deep that they are canyons- make us believe that if we fall we may never get up. Those paths that by day reveal the magic of nature, in the dark of night reveal our fears.

Migration walks us to the edge of a transcendent decision. Migration is an experience that transforms us forever, one in which we win and lose, but we never stop learning.  We are nomads that walk between the diaspora and nostalgia, always uprooted. Sometimes we believe we are on a path of no return but, over time, we realize it is a path eternally shifting us back and forth.

– Martina from Guatemala. 

 Fotografía que está en la exposición (Es en mi reserva forestal rentada)

Fotografías del evento de anoche

Video de la lectura es español e inglés

Dedicado con amor a los parias, a los vendedores de mercado, a los inmigrantes indocumentados del mundo entero. A mi natal Comapa y a mi gran amor: Ciudad Peronia. 

Para: la niña heladera, siempre.

Si usted va a compartir este texto en otro portal o red social, por favor colocar la fuente de información URL: https://cronicasdeunainquilina.com/2017/10/13/exposicion-fotografica-forced-migration-fhotovoice-project/

Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

12 de octubre de 2017, Estados Unidos

 

Los parias en la soledad del olvido

No llegan a ser ni los últimos de la fila, son los del subsuelo, los de la alcantarilla, los de las zanjas a piocha y a chuzo, los que cargan en sus hombros el agravio y la insolencia de una sociedad indolente y de doble moral que los deshonra.

Los explotados a todas horas, todos los días, en cualquier lugar.

Los del lomo curtido y las manos agrietadas, los del alma herida, milenariamente. Los de la mirada transparente y pecho acribillado. Sigue leyendo

Norte

Estoy en el supermercado y me dirijo  hacia las estanterías de frutas buscando las piñas, en la estantería de enfrente, donde están las naranjas y las toronjas, está un hombre mexicano colocando fruta fresca; tiene la mirada vacía y las manos cansadas, como la  mayoría de indocumentados. 

Tomo dos piñas y una docena de bananos, nuevamente volteo hacia donde está el hombre, su mirada vacía hace que me acerque e intente sacarlo de sus pensamientos momentáneamente, conozco esa agonía, conozco la profundidad de la  desolación.   Sigue leyendo

Inquebrantable

Siempre, si decidimos seguir nuestros sueños, lo que nos hace felices, vamos a encontrar oposición, en la familia, los amigos, en la sociedad y el sistema. Por patrones de crianza, por estereotipos, por ignorancia o por simple imposición. Nuestra única herramienta para defendernos es la resistencia: resistir, resistir, resistir hasta el último día.

Resistir con pasión, con entrega, con locura, con amor. La resistencia muchas veces nos lleva a la soledad, a la soledad absoluta y es en esa soledad, en la turbulencia de la batalla que, se desnudan nuestros miedos y emerge de lo más profundo de nuestro ser, lo más sublime de nuestro espíritu inquebrantable. Si sabemos escucharlo y seguirlo, estaremos a salvo de la crueldad de la realidad. Sigue leyendo

Vergüenza del arrabal

Quienes crecemos en los arrabales, somos marcados por el estigma, el rechazo y la exclusión del sistema y la sociedad. Nos ven como al nido de las clicas criminales, donde prolifera la drogadicción, las enfermedades venéreas y las familias disfuncionales. Nos ven como a la descomposición social que debe ser eliminada de tajo, con las limpiezas sociales y la pena de muerte. El nombre mara, los aterroriza, los asquea, los llena de estereotipos, cuando mara tiene su significado claro: familia. Ser de la mara es formar parte de una familia, como las tantas otras que conforman la humanidad.

Así crecí, yo vengo de un arrabal. Un arrabal que desde niña quisieron que escupiera y lo negara. Un arrabal del que quisieron que yo sintiera vergüenza. Un arrabal que quisieron que yo olvidara. Sigue leyendo

Paria

De niña recuerdo que después de vender helados en el mercado los fines de semana, regresaba a la casa al filo de las dos de la tarde, (entre semana a las 12:30 porque a la 1 entraba a estudiar) y agarrábamos camino con mis amigos, costal en la mano cada uno, a recoger basura de casa en casa para irla a tirar al barranco, nos pagaban 25 centavos por costal.

Con mi hielera al hombro corría atrás de los autobuses suplicándoles a los pilotos que me dejaran subir, para vender mis helados, al pedalazo me subía y me bajaba porque nunca detenían la camioneta completamente.

Corríamos a escondernos del cobrador del mercado porque todos los días quería tirarnos los helados a la basura, estorbábamos en el corredor.

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Con creces

Ese día, a la hora de salida llegó la mamá del niño y me dio la invitación para asistir al cumpleaños de su hijo, mi alumno en las clases de Educación Física, que celebrarían en el colegio. Yo era una de las maestras favoritas de su hijo y me pidió el favor que no faltara a tan importante celebración.

Una familia clase media con aires de burguesía, como la mayoría de ese nivel social, pero a mí me trataban distinto, por ser una de las maestras favoritas de su hijo. Yo trabajaba en un colegio de los más prestigiosos del país, creo que ni con mi salario de maestra me hubiera alcanzado para pagar la colegiatura de un hijo mío ahí.

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Foto. Comapa, mi pueblo natal

Mis amores, tengo que compartirles esta foto.

A los 15 años por fin mi Nanoj me dejó ir a conocer mi pueblo natal, no lo había hecho antes porque decía que a los únicos dos buses que salían de Comapa para la cabecera departamental y para la capital, los asaltaban los cuatreros en la madrugada, y abusaban de todas las mujeres. Cuando llegaron más buses y cambiaron los horarios y empezaron a salir durante el día, entonces me dejó ir a ver dónde dejé el ombligo.

Para mí fue un descubrimiento que me cambió la vida y que  profundizó aún más mi amor por la tierra de mis abuelos maternos, de mis tías y mi Nanoj. Mi pueblo natal. La conocía por historias que contaban mi mamá, mis tías y mis abuelos, la conocía por la forma en que nos estaban criando, porque podremos haber sido criadas en el capital, pero con raíz de Jutiapa en todo sentido, desde el hablado hasta la forma de comer.

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¡Logré mi cinturón negro en Taekwondo!

 

Con el Grand Master Kim el día de la ceremonia de entrega del cinturón negro.

Mis amores,  hace unos meses les compartía  que estaba estudiando Taekwondo gracias a una beca que me  otorgó el Grand Master Kim, en su academia. Yo llevaba a clases al  niño que cuido en mi trabajo de niñera, y el Grand Master una tarde cuando lo saludé en coreano  cuando entró a la sala de espera, se asombró de la reverencia que le hice siendo yo de otro  país y no  de Corea y tampoco siendo alumna de su academia.

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Ilka Oliva Corado: The office of maid

Mis amores, hoy les quiero compartir que mi relato “El oficio de sirvienta” fue publicado en el Reino Unido. Dejo aquí la traducción al inglés y el enlace al portal donde lo publicaron. Fue una grata sorpresa.

Traducido por Freedom Anarchist Media 

The author, who grew up selling ice-cream on the streets of Peronia city, Guatemala, before crossing to the US as an undocumented migrant, writes on the life of the maid.

Lately human rights defenders have called us “domestic workers,” to lessen the blow, but things should be called by their name: We are servants, our job is to serve.

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¿Qué es la poesía?

La vez pasada fui a un conversatorio   sobre poesía, como si no tuviera oficio me fui con mis once ovejas, me atravesé la ciudad en la hora pico y con aquel tráfico de semana de verano en la ciudad, ¡válgame!, nadie me invitó, (shute que es uno) supe del evento y fui como espectadora, estaba abierto al público.

Cuando llegué empezaban a presentar a los participantes, poetas latinos de Estados Unidos y de Latinoamérica, aquello era un desfile de títulos; cada nombre iba acompañado de un alfombra de reconocimientos nacionales e internacionales, eran luminarias de la poesía latinoamericana, tanto halago me provocó dormir la mona en la esquina de la banca donde estaba sentada al final del grupo, quise haber pasado el trago amargo con una cerveza en la mano.

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Melaza

Mi otra vida, ¿dónde está? Me pregunto desahuciada, sé que no existe más, es pasado, no es posible rescatarla. Ahora estoy viviendo otra, la vida de los desterrados. Ha pasado lloviendo chipi chipi los últimos días y también han estado nublados, los cielos cenizos profundizan más mi añoranza.

Todo el día he pasado divagando entre recuerdos, charcos de agua en el extravío camino a la aldea, barcos de papel a media calle, agujeros en la lámina en el techo de la casa, pedazos de nilón volando con el viento desde el techo del gallinero, truenos y candelas encendidas cuando se iba la luz. El piso de talpetate mojado y la ropa entrada a las carreras a medio orear.

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Con hormigas en el candelero

La primaria y los básicos me los pasé en las mismas: trompada tras trompada en las peleas callejeras. Siempre llegué con el ruedo del uniforme deshecho, todos los días, por las noches me tocaba zurcirlo de nuevo. De por sí andaba despeinada, siempre me ha gustado cargar el pelo suelto, pero para la escuela, en lo que iba corriendo por las faldas del Caminón, me lo agarraba con una cola. Después de la escuela regresaba sin la cola y desgreñada y con unos cuántos moretones, porque en las peleas se iban zancadillas y de todo. Rodábamos en la polvareda de las calles sin asfaltar de Ciudad Peronia. Lo habitual en aquellos años era andar con las canillas despeltradas.

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Boca de carretera

Me sucede todo el tiempo que la gente piensa que vivo enojada por la forma en la que digo las cosas o por el tono. Pero mi forma de hablar es así, como vendedora de mercado. Y como de aquellos cipotes que se crían arreando vacas y marranos en los zacatales más inhóspitos. Porque crecí en una periferia de la capital pero con todo el estilo de Comapa, un pueblo árido del oriente del país. Y cuesta que la gente que no conoce el hábitat del mercado lo comprenda, piensan que estamos gritando todo el tiempo porque estamos enojados. O peor aún piensan que somos violentos por naturaleza y que le prendemos fuego a todo por nuestro enojo con la vida. Piensan muchas veces que no tenemos valores y que desconocemos de humanidad y que tampoco tenemos sueños y que no conocemos el amor ni la solidaridad porque la mayoría de nosotros no tuvo la oportunidad de ir a la escuela.

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La vida en el arrabal

El otro día en el entreno de taekwondo nos pusieron a lanzar puñetazos y el Master sostenía los guantes, teníamos que lanzárselos a él. Hice mi fila y cuando llegó mi turno y lo hice el Master paró y me dijo que volviera a lanzar, lo hice, volvió a parar y me hizo repetirlo de nuevo; tenía cara de sorpresa: “a ver, hazlo de nuevo y pega con todo lo que tengas, sé que eres recia, así que pega con todo,” lancé los puñetazos y se tambaleó. ¿Dónde aprendiste a pegar así? En la calle, en la peleas callejeras. El Master soltó los guantes y comenzó a saltar de felicidad, gritaba emocionado, ¡lo sabía, lo sabía, lo sabía! ¡Eres una de las mías! Me dijo que mi estilo era único, que solo lo tenían los peleadores callejeros de la vieja escuela.

Las últimas peleas callejeras las tuve en mi adolescencia, hacía años que no lanzaba puñetazos, esa noche terminé rendida por el entreno y me pasaron doliendo los brazos tres días. En la noche cuando me acosté recordé al Master saltando de felicidad y eso provocó que muchos recuerdos de mi infancia y adolescencia también llenaran mi noche de nostalgia. La vida en el arrabal no es nada fácil y encima nos discriminan y acusan de criminales, por el solo hecho de pertenecer a la capa más baja de la sociedad.

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Vine a visitarte José

Agustina, madruga, como todos los días, con el primer canto del gallo se levanta, busca las chanclas debajo de la cama, enciende el candil, destranca la puerta y busca en la laja la tinaja de agua que acarreó desde La Pilona la noche anterior, se baña en el patio, atrás del cancel de costal que separa la cocina del gallinero, agarra un pedazo de carbón, se echa un tanto de sal en la boca y se lava los dientes, el agua sobrante la lanza a las matas de chile chiltepe que tiene sembradas al pie los izotes.

Se agarra el pelo en una cola y aviva las cenizas del polletón, junta unos chiriviscos de los que están amontonados a la par de la parva de leña y se los echa con una astilla de ocote, en lo que enciende el fuego lava el batidor, le echa agua del cántaro de barro que tiene en el corredor y lo pone a un costado del comal, junto a la hornilla. Desde la noche anterior dejó cocido el nixtamal, lo lava en la pana de plástico grande que le regaló José para los días de la feria patronal y lo muele en la piedra de mano, alista la masa y limpia el comal con una tuza mojada con agua de cal. Agustina comienza a tortear, las palmas se escuchan hasta La Pilona en el parque del pueblo. Son las cuatro de la mañana y Comapa está despertando.

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