Foto. Comapa, mi pueblo natal

Mis amores, tengo que compartirles esta foto.

A los 15 años por fin mi Nanoj me dejó ir a conocer mi pueblo natal, no lo había hecho antes porque decía que a los únicos dos buses que salían de Comapa para la cabecera departamental y para la capital, los asaltaban los cuatreros en la madrugada, y abusaban de todas las mujeres. Cuando llegaron más buses y cambiaron los horarios y empezaron a salir durante el día, entonces me dejó ir a ver dónde dejé el ombligo.

Para mí fue un descubrimiento que me cambió la vida y que  profundizó aún más mi amor por la tierra de mis abuelos maternos, de mis tías y mi Nanoj. Mi pueblo natal. La conocía por historias que contaban mi mamá, mis tías y mis abuelos, la conocía por la forma en que nos estaban criando, porque podremos haber sido criadas en el capital, pero con raíz de Jutiapa en todo sentido, desde el hablado hasta la forma de comer.

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¡Logré mi cinturón negro en Taekwondo!

 

Con el Grand Master Kim el día de la ceremonia de entrega del cinturón negro.

Mis amores,  hace unos meses les compartía  que estaba estudiando Taekwondo gracias a una beca que me  otorgó el Grand Master Kim, en su academia. Yo llevaba a clases al  niño que cuido en mi trabajo de niñera, y el Grand Master una tarde cuando lo saludé en coreano  cuando entró a la sala de espera, se asombró de la reverencia que le hice siendo yo de otro  país y no  de Corea y tampoco siendo alumna de su academia.

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Ilka Oliva Corado: The office of maid

Mis amores, hoy les quiero compartir que mi relato “El oficio de sirvienta” fue publicado en el Reino Unido. Dejo aquí la traducción al inglés y el enlace al portal donde lo publicaron. Fue una grata sorpresa.

Traducido por Freedom Anarchist Media 

The author, who grew up selling ice-cream on the streets of Peronia city, Guatemala, before crossing to the US as an undocumented migrant, writes on the life of the maid.

Lately human rights defenders have called us “domestic workers,” to lessen the blow, but things should be called by their name: We are servants, our job is to serve.

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¿Qué es la poesía?

La vez pasada fui a un conversatorio   sobre poesía, como si no tuviera oficio me fui con mis once ovejas, me atravesé la ciudad en la hora pico y con aquel tráfico de semana de verano en la ciudad, ¡válgame!, nadie me invitó, (shute que es uno) supe del evento y fui como espectadora, estaba abierto al público.

Cuando llegué empezaban a presentar a los participantes, poetas latinos de Estados Unidos y de Latinoamérica, aquello era un desfile de títulos; cada nombre iba acompañado de un alfombra de reconocimientos nacionales e internacionales, eran luminarias de la poesía latinoamericana, tanto halago me provocó dormir la mona en la esquina de la banca donde estaba sentada al final del grupo, quise haber pasado el trago amargo con una cerveza en la mano.

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Melaza

Mi otra vida, ¿dónde está? Me pregunto desahuciada, sé que no existe más, es pasado, no es posible rescatarla. Ahora estoy viviendo otra, la vida de los desterrados. Ha pasado lloviendo chipi chipi los últimos días y también han estado nublados, los cielos cenizos profundizan más mi añoranza.

Todo el día he pasado divagando entre recuerdos, charcos de agua en el extravío camino a la aldea, barcos de papel a media calle, agujeros en la lámina en el techo de la casa, pedazos de nilón volando con el viento desde el techo del gallinero, truenos y candelas encendidas cuando se iba la luz. El piso de talpetate mojado y la ropa entrada a las carreras a medio orear.

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Con hormigas en el candelero

La primaria y los básicos me los pasé en las mismas: trompada tras trompada en las peleas callejeras. Siempre llegué con el ruedo del uniforme deshecho, todos los días, por las noches me tocaba zurcirlo de nuevo. De por sí andaba despeinada, siempre me ha gustado cargar el pelo suelto, pero para la escuela, en lo que iba corriendo por las faldas del Caminón, me lo agarraba con una cola. Después de la escuela regresaba sin la cola y desgreñada y con unos cuántos moretones, porque en las peleas se iban zancadillas y de todo. Rodábamos en la polvareda de las calles sin asfaltar de Ciudad Peronia. Lo habitual en aquellos años era andar con las canillas despeltradas.

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Boca de carretera

Me sucede todo el tiempo que la gente piensa que vivo enojada por la forma en la que digo las cosas o por el tono. Pero mi forma de hablar es así, como vendedora de mercado. Y como de aquellos cipotes que se crían arreando vacas y marranos en los zacatales más inhóspitos. Porque crecí en una periferia de la capital pero con todo el estilo de Comapa, un pueblo árido del oriente del país. Y cuesta que la gente que no conoce el hábitat del mercado lo comprenda, piensan que estamos gritando todo el tiempo porque estamos enojados. O peor aún piensan que somos violentos por naturaleza y que le prendemos fuego a todo por nuestro enojo con la vida. Piensan muchas veces que no tenemos valores y que desconocemos de humanidad y que tampoco tenemos sueños y que no conocemos el amor ni la solidaridad porque la mayoría de nosotros no tuvo la oportunidad de ir a la escuela.

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La vida en el arrabal

El otro día en el entreno de taekwondo nos pusieron a lanzar puñetazos y el Master sostenía los guantes, teníamos que lanzárselos a él. Hice mi fila y cuando llegó mi turno y lo hice el Master paró y me dijo que volviera a lanzar, lo hice, volvió a parar y me hizo repetirlo de nuevo; tenía cara de sorpresa: “a ver, hazlo de nuevo y pega con todo lo que tengas, sé que eres recia, así que pega con todo,” lancé los puñetazos y se tambaleó. ¿Dónde aprendiste a pegar así? En la calle, en la peleas callejeras. El Master soltó los guantes y comenzó a saltar de felicidad, gritaba emocionado, ¡lo sabía, lo sabía, lo sabía! ¡Eres una de las mías! Me dijo que mi estilo era único, que solo lo tenían los peleadores callejeros de la vieja escuela.

Las últimas peleas callejeras las tuve en mi adolescencia, hacía años que no lanzaba puñetazos, esa noche terminé rendida por el entreno y me pasaron doliendo los brazos tres días. En la noche cuando me acosté recordé al Master saltando de felicidad y eso provocó que muchos recuerdos de mi infancia y adolescencia también llenaran mi noche de nostalgia. La vida en el arrabal no es nada fácil y encima nos discriminan y acusan de criminales, por el solo hecho de pertenecer a la capa más baja de la sociedad.

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Vine a visitarte José

Agustina, madruga, como todos los días, con el primer canto del gallo se levanta, busca las chanclas debajo de la cama, enciende el candil, destranca la puerta y busca en la laja la tinaja de agua que acarreó desde La Pilona la noche anterior, se baña en el patio, atrás del cancel de costal que separa la cocina del gallinero, agarra un pedazo de carbón, se echa un tanto de sal en la boca y se lava los dientes, el agua sobrante la lanza a las matas de chile chiltepe que tiene sembradas al pie los izotes.

Se agarra el pelo en una cola y aviva las cenizas del polletón, junta unos chiriviscos de los que están amontonados a la par de la parva de leña y se los echa con una astilla de ocote, en lo que enciende el fuego lava el batidor, le echa agua del cántaro de barro que tiene en el corredor y lo pone a un costado del comal, junto a la hornilla. Desde la noche anterior dejó cocido el nixtamal, lo lava en la pana de plástico grande que le regaló José para los días de la feria patronal y lo muele en la piedra de mano, alista la masa y limpia el comal con una tuza mojada con agua de cal. Agustina comienza a tortear, las palmas se escuchan hasta La Pilona en el parque del pueblo. Son las cuatro de la mañana y Comapa está despertando.

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Saúde ao meu pai: De filhas e pais

Tradução do Revista Diálogos do Sul

A última vez que eu o vi, me disse meu paizinho: “Preta, eu vou morrer”. Fria e direta como é natural em mim, eu respondi sem sentir pena: “paizinho, não fique chateado, todos nós vamos morrer”. Quase um mês depois ele faleceu, a notícia nos chegou de longe, na diáspora, a milhares de quilômetros da Guatemala, há apenas cinco dias.

Eu sou a filha que desde a adolescência menos o abraçou e menos o acariciou, sou a filha mais ferida, a única ardentemente. No entanto, de suas 4 crias sou a que mais o desfrutou e isso aconteceu em meus primeiros anos de infância; essa relação deu raízes profundas e fortes para minha vida.

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Tatoj 

Tradução do Diário Liberdade

A última vez que o vi, me disse meu Tatoj*: “Negro, vou morrer”; fria e direta, como é minha natureza, o respondi sem piedade: “Tatoj, não se preocupe, todos vamos morrer.” Cerca de um mês depois dessa conversa, faleceu meu Tatoj. Recebemos a notícia de bem longe, na diáspora, a milhares de quilômetros da Guatemala, há apenas cinco dias.

Sou a filha que desde a adolescência o abraçou e menos o acariciou, sou a filha mais ferida, a única veemente. No entanto, de suas quatro crias, soua que mais o disfrutou e sucedeu em meus primeiros anos de infância; essa relação gerou raízes profundas e fortes em minha vida.

 

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Buen viaje, don Horacio Guarany

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Siento un amor profundo por Suramérica y, eso es gracias a Violeta Parra que me embrujó con su poesía y su canto. Junto a ella Mercedes Sosa, otro de mis grandes amores.

Me acabo de enterar de la muerte de Horacio Guarany, y vienen de golpe los recuerdos de los primeros años de mi destierro, la fría soledad y la desolación del auto exilio, las noches de pesadillas e insomnio, las madrugadas gélidas en la lejanía. La añoranza por mi terruño amado en un país desconocido, en medio de un mar de culturas e idiomas, sola en mi soledad.

La melancolía por los celajes de mi Guatemala, las montañas verde botella, las calles empolvadas de mi arrabal, los cerros de mi natal Comapa, aquello que fue mi raíz y mi sustento durante los primeros 23 años de mi vida, ya no estaba ahí. Yo estaba lejos, a miles de kilómetros sin un punto fijo, sin tierra firme, sin horizonte alguno y con mis alas rotas. Sintiéndome fracasada e inservible.

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Don Chuz

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El 14 de noviembre de 1987 llenamos un camión de fletes con nuestros cachivaches y agarramos camino hacia Ciudad Peronia, allá nos esperaba nuestra primera casa propia y la única que tuvimos. Nos despedimos de la vecindad donde alquilamos cuando nos convertimos en migrantes internos, -como muchos mis papás emigraron de un pueblo a la capital- y con un mundo de ilusiones a nuestros pies partimos hacia el sueño hecho realidad.

En ese entonces el clan Oliva Corado lo conformábamos cuatro, mis papás, mi hermana mayor y yo, mi hermano venía en camino y al año llegó mi la cume; eran los últimos meses de gestación de mi mamá, que la recuerdo patente llegando a Peronia, con aquella gran panza que le doblaba la espalda.

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La locura de Isabel de los Ángeles Ruano

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Para mediados del verano llegó a mis manos  el libro Torres y tatuajes, que es una especie de antología poética de Isabel de los Ángeles Ruano.

No voy a hacer una reseña de la antología, está de más. El distintivo de la letra de Isabel es la honestidad, la crudeza con la que relata lo impronunciable y a la vez la sutileza que hace del horror un lienzo en abstracto. Muchas personas podrán escribir y llamarse poetas y escritoras, pero la esencia la tienen pocos y a Isabel le sobra. Es en mi opinión la poeta  excelsa que  ha parido Guatemala.

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Without pedigree

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Translated by Marvin Najarro

I grew up among the mud, dusty places and rusty sheets. My childhood was a broken and incredibly beautiful poem. I grew up in the heart of a marginalized neighborhood which had a love affair with the village and the grassland. I roamed ravines and climbed fruit trees, ran between rows of cornfields and vegetables and also walked in the long boulevard of my great love, so many dawns.

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Sem Pedigree

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Tradução de Raphael Sanz

Cresci entre lamaçais, poeira e lâminas oxidadas. Minha infância foi um poema ferido e incrivelmente belo. Cresci no coração de um esgoto marginalizado que tinha um idílio com a aldeia e o zacatal. Rodei entre barrancos e trepei árvores frutíferas, corri entre plantações de milho e hortaliças e também caminhei no longo bulevar de meu grande amor, em tantíssimos amanheceres.

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Pedigree

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Hoy en la madrugada me levanté como siempre, a escribir; encendí mi teléfono celular en lo que preparaba el café, me encontré con un correo electrónico de Alessandra Riccio, desde Italia, donde enviaba la traducción al italiano de mi relato “Sin pedigrí,” que publicó en su bitácora Nostramerica.  No puedo con tanto afecto y con tanta delicadeza, esa manera de estar, no puedo con el abrazo de quienes traducen mis textos, desde distintos lugares del planeta, es demasiado para mí. Hace 14 años para estas fechas comencé a despedirme de Guatemala porque a finales de octubre emigraría, sin destino, como hoja seca, segura de morir en la frontera.

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Cosecha

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Después de una semana de lluvia perenne finalmente sale el sol, es domingo por la mañana y decido cortar las hortalizas que quedan antes de que las ardillas terminen con ellas. Quito la malla con la que la tengo cercada y la guardo, pronto nevará y se echará a perder, está soleado pero sopla la brisa fría de la época de la tapisca que anuncia que pronto llegará el invierno estadounidense.

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Sin pedigrí

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Crecí entre lodazales, polvaredas y láminas oxidadas. Mi infancia fue un poema herido e increíblemente hermoso. Crecí en el corazón de una alcantarilla marginada que tenía un idilio con la aldea y el zacatal. Rodé entre barrancos y trepé árboles frutales, corrí entre surcos de milpa y hortalizas y también caminé en el largo bulevar de mi gran amor, tantísimos amaneceres.

Mis tardes fueron pobladas por atardeceres color flor de fuego y cielos cenizos que dormían en los brazos de las montañas verde botella, de San Lucas Sacatepéquez. Crecí pastoreando cabras y coches. Me acompañaron en la frágil edad de la inocencia: grillos, ronrones, luciérnagas y chicharras. Gallinas habadas, patos y la parvada de loros verdes que alegraban las mañanas cuando surcaban los cielos, volando en libertad. Fue poesía el musgo blanco que guindaba de los cipreses y pinos en la aldea El Calvario, para la época del frío.

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Y así me enamoré de la Violeta Parra

Este texto lo escribí el año pasado, lo vuelvo a publicar.

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A la Violeta me la presentó otro de mis grandes amores, la Mercedes Sosa, a La Negra la conocí por casualidad. Quisiera decir con cierta presunción y por romanticismo que a la gran Mercedes la conocí en mis tiempos de universitaria, o que fueron los Guaraguao los que en alguna declaratoria de Huelga de Dolores en la Universidad de mis amores me presentaron a la Violeta Parra con “Me gustan los estudiantes.”

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