La mujer silvestre y su bicicleta

Vamos bebé, le dice la mujer silvestre a su bicicleta mientras la sube  a su carro y va camino hacia el bosque.  Tiene la suerte de vivir en un lugar en donde abundan los arboledas con senderos para pasear en bicicleta, a caballo, salir a correr o a caminar. Esas florestas como pequeños pulmones que dan respiro a las ciudades que forman la gran urbe en donde vive.  Su bicicleta es uno de sus grandes amores, la cuida tanto, como a un bebé. Quiere a su bicicleta no como algo material, no como un objeto, la quiere porque esa bicicleta tiene alma,  dice…

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La realización de los sueños

Recuerdo patente ese instante, las palabras atragantándose en mi garganta si poder salir se arremolinaban, el corazón me latía a mil y el encantamiento  apenas me dejaba dar el paso. Salí de aquel lugar atolondrada a encontrarme con la luz pálida de la tarde abrazando la noche, miré a mi alrededor, tomé aire y caminé con dirección a la parada de autobuses, estaba en la zona 1 de la capital guatemalteca y tenía 17 años.   El magisterio de Educación Física se estudia todo el día de lunes a viernes, para que los alumnos descansáramos un poco nos daban una tarde libre…

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Los que se fueron yendo

Hace  un mes que no lo veo en su puesto de trabajo, es  el encargado de colocar en las estanterías las zanahorias, hongos, ocras, en esa larga estantería del supermercado donde siempre hay dos trabajadores colocando las verduras. ¿Se habrá enfermado? ¿Le habrá dado el virus? Me pregunto mientras observo detenidamente  las otras estanterías a ver si lo encuentro, pero no, no está, solo hay jóvenes haciendo el trabajo. La nueva camada, los del cambio de estafeta, los que tienen toda la leche para trabajar, los recién emigrados: sus caritas lo dicen todo. Los recién emigrados indocumentados es como si llevaran un gran…

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Pequeñas lecturas

A dos cosas me acostumbré a buena mañana, a leer y a ver plantas. No hay rocío de la alborada sin lectura y sin plantas. La lectura me quedó como un hábito de mis días de infancia vendiendo helados en el mercado en mi Gran Amor, Ciudad Peronia. Las plantas más que un hábito son una necesidad, es como una especie de oxígeno, como lo es la tierra. Necesito tocar la tierra.  Decía mi Tatoj al alba: levántense, caminen, estiren los músculos, respiren el aire fresco del día, no hay nada como eso, como ver las plantas. Mientras nos acariciaba para…

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Brazos de tortillera

En la calle siempre me decían “brazos de tortillera”. Pero, ¿qué tiene de malo que una mujer tenga el cuerpo rollizo? Me preguntaba yo en la edad del desarrollo. Me lo sigo preguntando ahora. Nunca fui delgada, al contrario, siempre fui rolliza. Pero cómo no serlo con el trabajo físico de todos los días en la casa y con la hielera de helados. Subir y bajar el bulevar principal de Ciudad Peronia, después su subidona de la calle donde vivíamos y todo esto siempre cargando algo, ya fuera la hielera, los costales de afrecho, los costales de comida que me…

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Mirasoles

Para mediados de julio, los campos, parques y arriates se llenan de flores silvestres. Flores que revientan cuando el verano está sazón, en su tiempo de canícula. Entre estas los mirasoles o los distintos tipos de girasoles silvestres que dan la bienvenida a agosto, el mes de los girasoles. En las afueras de la ciudad, hay fincas donde dedican manzanas y manzanas de terreno a la siembra de girasoles, entonces los campos se tornan amarillos con esas flores hermosas de pétalos deslumbrantes que miran hacia el sol.  Desde mi tiempo en Guatemala me gustan los girasoles, pero aquí me enamoré…

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Rábanos tiernos

Ayer por la mañana coseché los primeros rábanos tiernos. Parecían jocotes tronadores al morderlos. Me tocó sacarlos antes de tiempo porque los animalitos ya se los estaban empezando a comer. El primer año que coseché, no hombre yo bien feliz de la vida viendo crecer aquellas grandes hojotas, para cuando según yo era tiempo de cosecharlos no había nada abajo, no sé cómo se pudieron sostener las hojas y los tallos durante tanto tiempo si los animalitos se habían comido los rábanos, apenas pude cosechar uno, eso sí, galanón. Ese día lloré de la risa con mis hojas y mi…

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La calle y el mural

En un día a día donde el odio se reproduce como polvareda, cuando las armas son lo común, encontrarse a personas que eligen crear en lugar de cortar, estancar, arrancar y estorbar es algo maravilloso. Porque crear es sembrar una semilla que germinará es como reforestar.  Quien crea a veces pasa desapercibido como todas las cosas simples de la vida que por hermosas ya se han asimilado como algo habitual. Como el oxigeno que respiramos, ya es algo habitual que no se percibe,  pero si un día nos falta entonces ahí se va a valorar su importancia. Es deslumbrante un atardecer…

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Las vendedoras de la aldea

Siempre vienen a mi mente cuando las flores de las diez comienzan a abrir sus pétalos en las mañanas tibias del verano. Y con la brisa tenue de los días de sol y canícula, aparecen las panadas de agua regando el patio empolvado de aquella casita fue el nido que abrigó la inocencia  de mi niñez. Y  el olor a tierra  mojada llega hasta la ventana de mi habitación, aquí en esta tierra lejana donde hoy planto ajos, semillas de tomates y acomodo las ramas de las parras de hierbabuena que se expanden galantes como enredaderas entre las flores de chiliguas, los tiestos…

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Entre el bullicio y la serenidad

Hay días en los que quiero escribir y no puedo y por más que lo intento no fluye, las palabras se esconden. Las ideas se hacen nudos ciegos en mi cabeza y no las puedo desenredar. Enciendo incienso, humo mi habitación, me preparo un té, realizo algunos ejercicios para estirar los músculos, respiro profunda y lentamente. Lo vuelvo a intentar.  Y pasan los minutos y las tres líneas en la hoja en blanco no avanzan, entonces sé que no es día para escribir. El vaso está vacío, no debo escribir cuando el bullicio no me permite expresarme. Necesito el silencio.  Por…

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