El músico de Ciudad Peronia.

En mil novecientos noventa y dos nació el tercer colegio en Ciudad Peronia, se llama Ave María de la Asunción. Fue una quimera convertida en realidad de una familia chiquimulteca de San Juan Ermita. El esfuerzo de varios hermanos y primos dieron rostro a la imaginación. Nuestra familia los conoció mucho antes de ver realizado su sueño entonces eran jovencitos recién graduados de maestros y maestras, la mayoría solteros, los veíamos en misa de domingo a las cuatro de la tarde. Mi Tatoj tenía crianza de gallos giros y ellos llegaban a ver cómo los entrenaba entonces yo los escuchaba hablar de su sueño de poner un colegio católico de pre-primaria, primaria y básicos. A los años lo vimos hecho realidad. Yo entré a estudiar primero básico en el segundo año de creado y formé parte de la segunda promoción egresada del colegio.

Alquilaron una casa y ahí funcionó dos años después alquilarían otra y comprarían un terrenón con el tiempo en la aldea La Selva el sueño no sólo se hizo realidad sigo que extendió las alas por sí solo y voló.

Yo estudié en la primera casa que alquilaron, nuestro salón estaba en el segundo nivel ahí hicimos los tres años de los básicos.

Entonces llegó una tarde El Músico de Ciudad Peronia, lo acompañaba el director del colegio quien lo presentó como nuestro maestro de Formación Musical. Un hombre de aproximadamente cincuenta años de edad, moreno, estatura promedio y de cabello cano. Saludó nos dijo su nombre y algunas instrucciones y reglas que seguiríamos hasta terminar los básicos. Es el compositor de la letra y música del himno del colegio.

Nuestra clase era los días viernes siempre en los dos últimos períodos, el hombre exigió como parte del contrato impartir dos períodos a la semana a cada grado, algo inusual en aquel tiempo para una clase como Formación Musical en un asentamiento, era un hombre con un carácter del demonio y un temple de fierro.

Llegaba siempre puntual con su pantalón de lona azul bien tilinte con su cincho ancho y combinados sus zapatos con su camisa de mangas largas que se las arrollaba hasta la altura del codo. Era un músico egresado del Conservatorio Nacional, tocaba todos los instrumentos habidos y por haber, entraba en trance cuando se sumergía en su mundo de música y te arrastraba por galaxias flotantes donde tu alma se permitía levitar.

Un hombre sumamente hiperactivo, de rostro expresivo y voz ronca. Nos decía siempre que teníamos cuatro pentagramas musicales en el cuerpo: dos en las manos y dos en los pies. Nuestra sección siempre fue la de las canelitas finas que mientras unos nos trompeábamos a puño cerrado otros se trincaban a boca de jarro. Nunca faltaron quienes nadaban en sus propios lagos de enajenación. Habíamos mareros, putas, mustias, santas, huele pegas, aldeanos, borrachos y arrabaleros, Ciudad Peronia ya había ascendido a la categoría de asentamiento y de zona roja clandestina. Todos teníamos apodos principalmente los maestros. Cuando iba llegando el profe de música gritábamos: ¡aguas ahí viene el pentagrama musical!

Compró una casa en la zona exclusiva de la calle Madeira ahí vivía junto a sus dos crías y su esposa, una deidad andante.

El trabajo del profesor de Formación Musical en Ciudad Peronia era comunitario porque con lo que le pagaban por las clases no le alcanzaba ni para una su agua en bolsa sin embargo su labor decente siempre fue profesional, leal, honrada, él se aprendió el nombre de cada uno de nosotros y estudió palmo a palmo cada dificultad y cada carencia, cada destreza y habilidad. Nunca desistió, nunca faltó a trabajar, nunca nos regaló un minuto de tiempo libre. Nos inculcó su amor por la música y por las bellas artes, en aquel arrabal en el cual era normal fornicar en las esquinas a media tarde y oler pegamento en cualquier banqueta. En aquel arrabal donde acostarse con hambre y levantare con frío era lo normal. Donde los sueños eran historietas de libro de Colección Claudia y de Oscar de León Palacios.

Nos enseño el DO RE MI FA SO LA SI y los sostenidos en las flautas Yamaha, de ahí pal real nos hicimos un queso tocando La Sanjuanerita, El Carnavalito y La Granadera.

Nos hablaba de: pentagramas, líneas, tablaturas, claves, de las figuras y silencios. De las pausas y alteraciones, armadura de clave, tiempo y compas.

Nos hacía dormir la mona cuando llevaba su grabadora y colocaba sus casetes de música clásica ahí no había pegamentero, puta, ni trastornado que no se hincara a la deidad de los grandes músicos: Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Fredreric Chopin, Franz Liszt…., y además las biografías de cada uno, sus composiciones y sus nombres.

Como si nada aquella partida de enajenados y de torolecas resultamos hablando a la hora del recreo de composiones como: Canon in D de Pachelbel –es mi favorita-

Sinfonía N. 40 de Mozart, Sinfonía N. 1 de Beethoven, La Obertura N. 20 de Tchaikovsky y de El Lago de los Cisnes. Entonces nuestros apodos cambiaron de nombre y en la clase de Formación Musical pasamos a llamarnos Sonata Claro de Luna, Opera Orfeo, Sinfornía N. 5 en Do sostenido menor, y algunos que fueron parte la prole de Las Bodas de Fígaro.

El profesor perdía de ganar mucho dinero en las tardes del día viernes que bien podía doblar impartiendo clases a niños riquillos en otras colinas engramilladas, pero él prefirió expandir la escuela en aquel polvoroso arrabal. Fue culto para servir.

De pronto entonces nos convertimos en zombis y momias petrificadas que a la hora de salida los días viernes caminábamos por las calles contando los dos pentagramas musicales que teníamos en las manos. De aquella sección la alumna más tímida y que sentía pavor por la flauta se enamoró perdidamente de la música y el cupido fue nuestro profesor, con los años la enajenada se graduó de Maestra de Formación Musical en el Conservatorio Nacional de Música venciendo con esto sus miedos y demostrando que en el arrabal también florea el jardín en sitio baldío, Aura es el orgullo de nuestra sección.

El profesor siempre nos decía: háganlo como información general que a nadie le sobra.

En Ciudad Peronia yo crecí escuchando música popular como es la costumbre en la periferia.

Cuando emigré entonces muchas cosas cambiaron, sobre todo las horas de sueño, yo no serían tres al día y mi promesa personal fue dormir por lo menos siete,-así es que a las diez de la noche vos no me encontrás ni con radar- leer los libros que no pude en Guatemala y escuchar música clásica.

Aquí las Chicas de la Tercera edad me llaman The Reading Girl. Dicen que me devoro los libros, nunca me han visto con menos de dos en las manos. Temo que el hábito se me convierta en obsesión compulsiva y entonces sí me los coma literalmente y escupiré las letras en inglés que hasta el sol de hoy se me quedan a medio camino en la garganta.

Me gusta leer escuchando música clásica y escribir con esta compañía también. En Chicago hay múltiples actividades culturales en verano hasta otoño, entonces me pongo mi pantoneta me trepo en mi bicicleta y recorro esas galaxias que tienen que ver con conciertos de sinfónicas al aire libre, Blues y Jazz.

Nunca escuché a la Sinfónica de Guatemala, la única música clásica que escuché allá fue la de las tardes de los viernes en los básicos.

En el Centro Sinfónico de Chicago la temporada de conciertos es en invierno y de cuando en cuando compro una entrada y voy, me siento en una butacona, cierro los ojos y digo para mis adentros mientras mi alma se deleita con las melodías: profe aquí hay una alumna suya. Esa es mi forma de agradecer a mi profesor de Formación Musical su esfuerzo y empeño por hacer de aquella tropelía unos seres humanos con noción de formación integral.

Por la belleza de quien sabiéndose grande es humilde y culto para servir.

A: Marco Antonio Zepeda, el Músico de Ciudad Peronia. Gorrión de Pecho Amarillo. Donde quiera que esté.

Ilka.

Junio 8 de 2013.

Tabucolandia.

21 comentarios

  1. Ahi Ilka de mi corazón, 🙂 me transportaste en el tiempo:) fueron buenos tiempos , agradecida por pertenecer a un grupo superespecial, refrescaste mi memoria con grandes anécdotas, y reflejar en mi mente los rostros de todos aquellos que formamos ese grupo legendario, cuidate mucho, gracias por este refrigerio 😀 saluditos!!

  2. hola ilka se le olvido cuando el desia quien se quiere ganar 5 puntos y nadie desia yo entonces el agarraba la lista y desia entonces yo voy a decir quien y el que no me responda le quito 5 puntos de zona… lindos recuerdos a mi me hacia temblar cuando me tocaba ir al frente a tocar el himno nacional se acuerda saludos popeye ahora no me puede pegar jajajajja…. el sapo

  3. Querida Ilka: soy educadora musical. No sabes el gran impacto de este texto. Lo he copiado (por supuesto, dando el crédito de tu autoría totalmente), para compartirlo con otros compañeros que al igual que yo, se sentirán felices, identificados o inspirados con tus palabras.
    Gracias por escribirlas, porque nos haces mucho bien con ellas.
    Definitivamente, pensar en que muchos de los niños y jóvenes con quienes nos ha tocado compartir puedan quedar prendados de la música por el resto de su vida, es un gran reto, en el que notamos que formamos parte de ese engranaje que tendría que ayudar a formar mejores personas. Lograr que la bondad se multiplique, como dijo un niño, sería una opción más profunda a la que podríamos aspirar con el arte. Una opción que no nos es privativa, sino que corresponde un poco a cada maestro, desde el espacio propio que nos toca compartir.
    Pero corresponde también a toda persona que, de alguna manera, influye en los demás: los tíos, los primos, la señora regañona de la tienda, o la más amable de la otra esquina… el vendedor, el profesor, el técnico… en fin… todos tenemos a alguien que nos puede ver con ojos de admiración, de susto o de deslumbramiento. Todos tenemos un deber de amor que cumplir. Una opción de felicidad para compartir. En fin, una pequeña melodía que hacer sonar, para un oído que aprende a despertar y a empujar su propia voz.
    Con todo aprecio.

  4. Glendy chinchilla

    Todos los maestros los recuerdo como sí fui ayer. Gracias por las enseñanzas y valores que nos dieron.

  5. Me encantó Ilka, hay maestros así. Cuando nos tomemos un café en Guate, te contaré de mis profesores que en mi caso si son “de antes”

  6. Gracias Ilka, por recordarnos que existen maestros tan buenos que cambian las vidas que tocan.

  7. julio Cèsar Saavedra

    Humana, demasiado humana; la sencillez en esta prosa deja un mensaje de reconocimiento y para mi perspectiva personal es maravilloso para leerlo el 25 de junio .

  8. Interesante, !interesantísimo!!!!!!

  9. Sergio Iván DeLeón Mena

    Que interesante y hermoso relato. Tristemente, tanto talento y sensibilidad en nuestra Guatemala, queda perdido y olvidado; sin el reconocimiento propio y merecido. Felicitaciones por no olvidar y comentar.

  10. De cual fumaste? No te la echaste buena (sino buenisima), voinas verdes! Me quitaste al menos, mas de cinco decenas de edad. Se me vino a la mente: Esfumino, el de Artes Plasticas; Celula, el de Ciencias Naturales; Mr. Bernard, un negron de Belice, Ingles; Do mayor (por el vozarron) de Canto y Musica; El tenorio de los raiban, el de Educacion Fisica… Me “cais” bien (a veces, porque no sos monedita di’oro).
    Amorosamente, el tal Parroquia
    PD: Y la de mayor importancia: Profesora Carlota Cortez, “La comunista”. Como ella, fueron los maestros que inspiraron a Marti: “Porque cuando Dios me hizo maestro, me hizo creador”.

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