Foto. Portada de mi libro de Travesía, en sueco

Mis amores, les quiero compartir la portada de mi libro de Travesía, en sueco. En unos días saldrá a la venta en Amazon. Siempre les comparto nostalgias, hoy les comparto esta alegría.

Dedicado con amor, a los parias, a los vendedores de mercado y  a los inmigrantes indocumentados del mundo entero. A mi gran amor, Ciudad Peronia y a mi natal Comapa.

Besos a todos.

Ilka.

13 años

El 11 de noviembre de 2003 a la 1 de la madrugada llegué a Estados Unidos, al lugar que hoy es mi pueblo rentado. Fotografía tomada cuando cumplí una década viviendo aquí, con la mudada con la que crucé el desierto de Sonora-Arizona. Para no olvidar… (También escribo). Por los que cruzaron, están cruzando y cruzarán las fronteras de la muerte. Mi patria es la humanidad.

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Ilka Oliva Corado.

Nicolás Maduro, publica nuevamente artículo de mi autoría

Desde el instante mismo en el que publiqué ayer mi artículo “La deuda del feminismo latinoamericano con Cristina y Dilma,” me han estado lloviendo mensajes con insultos, de feministas que me exigen que me retracte y que pida una disculpa pública. Lo fundamentan  en que yo soy machista y que por ser empleada doméstica  y no tener grado de escolaridad universitario desconozco de lo que es el feminismo, así me lo dicen.

Bueno, pues no me voy a retractar porque es lo que pienso y para eso existe la libertad de expresión y no soy feminista y nunca lo seré porque no creo en las etiquetas. Pues para ellas el texto no tiene validez porque limpio casas, pero para mi presidente Nicolás Maduro  sí la tuvo y resulta que publicó mi artículo. Lo que me hace sentir muy honrada, pues es paria y obrero como yo, nadie mejor que él para respaldar mi letra de proletaria.

Y lo sigo creyendo firmemente, el feminismo burgués y la intelectualidad latinoamericana deberían  bajar de las alturas de la academia y de los libros de texto y volverse acción en las calles polvorientas de los arrabales. Es ahí donde se hace patria, donde se realizan las transformaciones sociales, los cambios irreversibles de los pueblos que buscan libertad. Lo demás son babosadas, comodidad de clase.

En Guatemala no me publican porque limpio casas, en Venezuela me lee el mismísimo presidente de la república y comparte mis textos, en su página oficial http://www.nicolasmaduro.org.ve, en sus cuentas de twitter en español, portugués e inglés.  Me disculparán la falta de humildad en este caso, pero me siento sumamente honrada que él, precisamente él, lea mis textos.

Mi amor y mi lealtad a  Venezuela, patria de mi corazón, gracias mi presidente Nicolás Maduro, por apoyar mi expresión de paria. Y repito, mi amor, mi respaldo y mi agradecimiento a mis amores Dilma y Cristina, mis presidentas. Te amo, Sur.

Dedicado con amor a todas las empleadas domésticas que a esta hora del día ya comenzaron su jornada laboral.  A los parias, a los vendedores de mercado y  a los inmigrantes indocumentados del mundo entero.  Dedicado con amor a mi natal Comapa y a mi gran amor, Ciudad Peronia. A mi alma mater, el mercado de Ciudad Peronia.

Yo merita, la niña heladera.

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Si usted va a compartir este texto en otro portal o red social, por favor colocar la fuente de información URL: https://cronicasdeunainquilina.com/2016/09/16/nicolas-maduro-publica-nuevamente-articulo-de-mi-autoria/

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

16 de septiembre de 2016, Estados Unidos.

Tom

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Hace un mes hice la cita para tramitar la renovación de mi pasaporte y mi tarjeta consular, ahora ya existe la opción de hacer cita vía telefónica o vía internet, hace apenas unos años eso era impensable para la comunidad guatemalteca en Chicago. Imagino que funciona de la misma forma en todo Estados Unidos con los consulados de Guatemala.

La hice a primera hora, como vivo fuera la ciudad preferí madrugar y llegar temprano, a verme en el tráfico de la autopista a la hora pico. La cita era a las 8 y yo llegué al consulado a las 7, estacioné el automóvil del otro lado de la calle. Recientemente lo movieron de lugar, cosa que beneficia tanto a la comunidad, antes estaba en la  exuberancia de la avenida Michigan. Al cónsul anterior, típico guatemalteco clase media, se le había ocurrido firmar un contrato de diez años de arrendamiento.

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Entrevista en Televisión Pública de Ecuador

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Mis amores, les comparto el vídeo de la entrevista que me realizaron el día jueves 24 de agosto,  en  Televisión Pública de Ecuador. 

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Atol de elote

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Después de 18 años  he vuelto a hacer atol de elote. En la casita de mi infancia, hacíamos seguido, nos íbamos a la aldea a comprar los elotes. Parecíamos cabras sueltas en pasto verde, en aquel milpal cortando el elotal; luego a meterlos en un costal y a echarlos a tuto, con yagual en la cabeza, a mecapal o como fuera.

También hacíamos tamales, era todo un ritual familiar, como los tamales de navidad (que no he vuelto a hacer desde que perdimos aquella casita hermosa) era trabajo en equipo, desde el que lavaba las hojas, hasta el que encendía el fuego y cocía la masa y el recado.

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La humildad de Illapu

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Hoy, en la madrugada mientras sonada la alarma del reloj despertador, encendí mi teléfono celular, como es habitual, me encontré con una fotografía en las redes sociales de Roberto Márquez, voz principal y uno de los fundadores del grupo chileno, Illapu. Aparecía junto a un grupo de gente manifestando con un cartel donde se leía No+AFP (Administradora Privada de Fondos de Pensiones).

Dejé el celular en mi cama y corrí las cortinas de mi ventana; los brochazos color flor de fuego en el horizonte anunciaban el amanecer de uno de los últimos días del agónico verano estadounidense. Agosto marca el fin de la época del estío.

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Gladiolos en mi parcela 

Durante más de 17 años yo me negué a sembrar, a tocar las flores y mucho menos a acercarme a ellas. Me negué a acercarme a las hortalizas. No fue auto castigo, no fue adrede, lo que sucedió fue que me sequé por dentro. 

Y poco a poco me fui volviendo un yermo, no quedaba de mí ni el más mínimo rastro de la alegría de infancia cuando sembraba en mi jardín y en mi parcela, en la casita de Ciudad Peronia. 

Lo feliz que era en armonía con la tierra y el campo. Con el olor a monte y a flores y a hierbas. 

Hace tres años con la llegada de la Nube Pasajera, recobré cierta ilusión por la vida; comencé a sembrar hortalizas en pequeños tiestos, pero sembraba gladiolos y no florecían, yo quería sembrar gladiolos como evocación al jardín que tanto amé en mi infancia y que me hizo inmensamente feliz. No florecieron. 

Mi abuelo materno (tío Lilo) siempre decía que cuando quien siembra no está bien, si tiene tiricia (mal del alma) hasta las flores se secan sin reventar. Que las hortalizas no florecen y no crían. 

Eso sucedía conmigo, por eso los gladiolos no floreaban. Y llegaba el verano y se despedía con los fríos de otoño y los gladiolos no reventaban.  Yo tenía el mal del alma del que me hablaba tío Lilo en mi adolescencia cuando lo acompañaba a su parcela en mi natal Comapa. 

Aún lo tengo, el mal del alma, la tiricia, me habita. Pero poco a poco he comenzado a florecer. Esta primavera sembré nuevamente gladiolos y sentí en lo más profundo de mi ser que iban a florecer. Esperé pacientemente a que llegara agosto, era en agosto o no sería nunca. ¿Cuándo iban a florecer los gladiolos que hicieron tan mágica mi infancia? ¿Por qué estaba tan seca por dentro que no podía hacer florear la parcela? 

Una corazonada muy de sentir campesino y arrabalero me dijo que este agosto los vería florecer. 

Y mágicamente así sucedió. Tío Lilo tenía razón, era la tiricia, el mal del alma, la que me consumió todos estos años. Yo quiero volver a sentir la alegría de mi infancia, la misma emoción, el mismo anhelo. Nunca volverá a ser igual. 

Pero después de 18 años, he vuelto a ver los gladiolos florecer en mi parcela. Aunque hoy es restada, en mi ahora de inquilina, aunque ahora tengo el cabello cano, y estoy tan lejos de aquel arrabal hermoso que me hizo tan feliz. 

La tiricia sigue en mi vida, no sé si un día me abandone por completo, o me consuma hasta que no quede nada de mi. Pero hoy, ahora, en el agosto que tanto amo, de nuevo florecieron los gladiolos. 

Esa felicidad solo es comparable con los días de infancia en los que corría libre en la arada con mis cabritas, mientras mi jardín y mi parcela llenaban de amor nuestra casita en Ciudad Peronia.

Para tío Lilo, mi abuelo campesino. 

Sigo aquí. 

Ilka. 

Jardín botánico, Chicago, agosto 2016

Mis amores, me fui a dar una vuelta al jardín botánico de Chicago, tomé algunas fotografías, se las comparto.

Pueden verlas en mi blog de fotografías, aquí.

Besos,

Ilka.

Mi parcela rentada 3

Pues de nuevo, con el afán de compartirles la belleza de mi parcela rentada, en su etapa de preñada.

Las fotografías pueden verlas en mi blog de fotografías, aquí.

Besos, mis amores.

Ilka.

En busca del cinturón negro en Taekwondo

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A los 18 años tuve una lesión en los ligamentos cruzados, para ese tiempo me dijo el médico que me tenía que operar pero que era posible que no volviera a correr con normalidad, yo empezaba en el arbitraje en ese entonces y la cúspide de mis sueños estaba ahí, no me iba a dar por vencida por una lesión. La segunda opción era practicar deporte con dolor toda mi vida y a consecuencia de esa lesión tener otras a lo largo de los años. La tercera opción y por la que él se inclinó fue que dejara de practicar deporte, me explicó todos los pro y los contras. Opté por la segunda, no iba a alejar al deporte de mi vida, hacerlo era como pegarme un tiro en la sien, es el deporte el que me mantiene viva.

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Gladiolos rojos

Ayer, mi hermana-mamá  llegó con un ramo de gladiolos rojos y con la sonrisa de oreja a oreja. “Mirá, Negra, lo que compré,” me dijo mientras los acomodaba en el jarrón. De golpe  llegaron mis recuerdos de infancia entre suspiros contenidos y una nostalgia irremediable por los años más hermosos de mi vida, en mi arrabal.

Volví a sentir el olor de las madrugadas de camino a la aldea, el de las mañanas de  los domingos cuando las patojas de la aldea bajaban a Ciudad Peronia a vender hortalizas y flores. Volví  a ver el sitio galán de la María del Tomatal, y los surcos de los sitios de los aldeanos, preñados de vida, de colores y amor.

Volví a sentir el aroma inconfundible del jardín de la que fue nuestra casa. Me repesé en la pared mientras veía a mi hermana-mamá arreglar el ramo en el jarrón, con esa delicadeza suya y con esos detalles tan propios.

Vinieron los recuerdos de la boda de mis papás y el ramo de gladiolos rojos y blancos que llevó mi mamá ese día.Vi a las dos hijas mayores de ese par  ir en la madrugada a comprarlos a la aldea, junto con unas ramitas de velo de novia.  Imágenes difusas pasaban frente a mis ojos nublados por la nostalgia de la diáspora y el tiempo pasado, irrecuperable, en el que fuimos tan felices como familia.

Mi mente viajaba en el tiempo, mi hermana arreglaba los gladiolos en el jarrón y mi cuerpo estaba ahí, inerme, repasado en la pared; en otro suelo, a miles de kilómetros de distancia, en otro tiempo también irreal.

Todos los veranos  mi hermana compra gladiolos rojos y blancos, como reverencia a aquellos años hermosos y en recuerdo de la boda de mis papás. Yo, yo cuando los veo quisiera ser poeta y convertirlos en versos, para que lleguen en gotas de lluvia a la tierra que tanto amo y hagan florecer en el tiempo aquel jardín que guardo celosamente en mi memoria.

No pude más que tomarle una fotografía.

Ilka.

Gladiolos rojos

Mi Alma Mater

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Hoy una compañera de los básicos, (a quien recité hace algunos años el poema La Niña de Guatemala, que adjunto en este texto, quien quiera verlo, ahí cuento el por qué recito ese poema, en ese tiempo y por qué se lo dedico a ella ) me alegró la tarde, me envió una fotografía que tomó en el mercado de Ciudad Peronia, justo del corredor donde pasé mi infancia vendiendo helados.

En el puesto de en  medio  (la pollería de doña Gloria), procurando que el cobrador no nos sacara y nos tirara la hielera de helados por vender en el corredor y estorbar a los compradores.  Infinidad de recuerdos se desmoronaron urgentes, desde la nostalgia infinita de aquellos años en mi gran amor.

Queridos lectores, mis amores,  no hay  fotografía más íntima que yo les pueda mostrar. Este corredor y este mercado son mi Alma Mater, de lo que estoy hecha, mi fuerza  y mi espíritu se nutren ahí, de los avatares y carencias de la niña heladera. De su necedad inquebrantable que hoy en mi edad adulta es mi norte y mi sur.

 

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Imagen Sidia Pérez

Gracias, Sidia,  por esta remembranza de ocres que venidos del tiempo nutren mi raíz de arrabal y de mercado. De donde vengo y a donde un día regresaré.

Ilka.

Preservativo

Hace unos meses fui a un festival de cine feminista (nunca había ido a uno en mi vida) y a la salida estaban regalando preservativos, anonadada le pregunté a una de las muchachas que  estaba ofreciendo información, que qué era eso envuelto en el paquete blanco, me dijo que era un preservativo femenino. No hombre, yo con la boca abierta porque nunca los había visto, me llevé uno de recuerdo.

Hoy  me lo encontré en la gaveta de mi escritorio   y le tomé una foto (yo que no tengo nada qué hacer) y la publiqué en mis redes sociales, porque para mí era todo un descubrimiento el preservativo femenino. (Cuándo lo use no sé, yo digo que primero se va a vencer). Y para mi sorpresa me han llovido cantidad de mensajes (privados por supuesto la gente no se atreve a debatir en público) donde me llaman depravada,  por publicar esa foto.

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Vídeo. Entrevista en RT en Español 2

Mis amores, les comparto algunas fotografías y el vídeo de mi entrevista del viernes por la noche en RT en Español (Rusia), acerca de la represión y la brutalidad de la policía estadounidense contra la comunidad afro descendiente.

RT realizó un análisis y en el mismo se encuentra mi entrevista, la pueden ver a partir del minuto 5:35.

Coloqué la computadora sobre dos libros, encima de mi cama, esa pared es de mi habitación y los cuadros de atrás son mis pinturas de la colección “Raíces, los colores de la Mamá África”.

Nunca, nunca, nunca imaginé, en mis años de infancia mientras corría atrás de los buses con mi hielera al hombro, ofreciendo mis helados, mientras veía pasar la vida desde un corredor de mercado, que un día estaría dando mi opinión en un portal como RT en Español. Nunca imaginé que la opinión de una niña heladera importara.

Dedicado con amor a los parias, a los vendedores de mercado, a los inmigrantes indocumentados del mundo entero, a mi natal Comapa y a mi gran amor, Ciudad Peronia.

En enlace del portal: https://actualidad.rt.com/video/212687-afroamericanos-morir-policia

Chicharra

Después de 13 años añorándolas, evocándolas insistentemente en mi poesía, como una moribunda sin aliento, en mi desconsuelo; en esta diáspora que quema y que mata. En la soledad del destierro. En el frío de la lejanía. Después de imaginarlas en los veranos guatemaltecos, en la inmensidad de los recuerdos de infancia;  en el camino hacia la quebrada, en la arada, en mi eterno deambular.

Después de llorarlas tantos años, después del baldío, en mi infertilidad, han vuelto a mí las chicharras que tanto amo, las que llenaron de magia mi infancia y adolescencia. Llegaron sin avisar, para colmarme de felicidad. Es tanta mi alegría, demasiada, tan inmensa que no puedo con este instante de fantasía.

Lo tuve que capturar en una fotografía para postergarlo. Comapa y mi gran amor, Ciudad Peronia, me acarician en este verano estadounidense. Soy niña nuevamente, buscando el arrullo de la vid.

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Ilka.

Mi parcela rentada 2

Pues nada, aquí estoy con el puro afán de compartirles fotografías de mi parcela rentada. Las tomé ayer. Disfrútenlas.

Pueden encontrarlas aquí.

Besos, mis amores.

Ilka.

Bordados

De los primeros cuadros que bordé, recién emigrada, cuando buscaba mitigar mi nostalgia por mi tierra. Con la escritura supe que la nostalgia nunca se va, se transforma y habita silente en la penumbra de la diáspora: en su eterno vaivén. 

El vuelo de la libertad

Mis abuelos maternos dejaron todo en Comapa y se mudaron a vivir a Ciudad Peronia, la cume de sus hijas se acababa de divorciar y ellos fueron a ayudarle con la crianza de los niños para que ella pudiera trabajar, llevaron Comapa a Ciudad Peronia.

Construyeron una covacha, plantaron un jardín y construyeron un gallinero y mi abuela con las palmas de sus manos embarró el polletón, tal como lo hacía en Comapa. La casa en el pueblo la dejaron encargada y durante más de una década su vida giró alrededor de los nietos.

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