Arte | Respiro
Una de las tantas hermosuras que tienen las cabras locas es que ellas pueden ser del color que quieran. Sin lugar a dudas aquí están los colores de la Mamá África, pero también el rojo de la finca de fresas donde trabajé de niña, los colores de las frutas y verduras del mercado donde pasé 10 años de vida vendiendo helados. El verde de las montañas que abrigaron mi infancia. El color anaranjado de las chiliguas. El morado del frijol camagua. Los colores de las flores de las diez, que tanto quiero. Los atardeceres de noviembre en mi Gran Amor…





