La culateada.
¡Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran imbécil culpa! Así dígase usted ahora frente al espejo si es que algo de decencia le queda para verse la loza frente al volado, usted y sólo usted es culpable de haber elegido con su voto a un genocida que aparte de asesino y violador de mujeres y niñas, le sacó filo al colmillo con la misma piedra con la que le quebró la cabeza a crías en los tiempos en que era conocido como Tito, y entre trance y trance ahora que está en la poltrona ha transgredido la tierra…


