El arte como memoria histórica.

Yo pertenezco a la generación de la desmemoria, siempre lo he dicho porque es verdad. Tengo 34 años edad, nací en agosto de 1979. Y hasta que cursé la universidad escuché hablar del conflicto armado con todas sus letras. Lo escuché en la clase de antropología y en la de psicología general. Allá a los lejos.
Cuando cursaba primer año de la carrera de psicología en la Tricentenaria Universidad de Mis Amores, una catedrática nos dejó de tarea ir a la hemeroteca y buscar en los archivos de los periódicos el día y el año en que nacimos. Ella quería que regresáramos a la historia esa que no conocimos y que nos contaron en falso y verdadero, subrayando la opción de falso. ¿Qué sucedió en Guatemala el día y año en que nacimos?
Fuimos a la hemeroteca y justo buscamos los periódicos que se publicaban en esos años y la información de la fecha en que nacimos. Me quedé sorprendida, Guatemala estaba bañada en sangre cuando yo nací. Cuando le pregunto a mi mamá del conflicto armado me dice que no sabe mucho porque ellos se pasaron tantos años encerrados en una finca trabajando cortando algodón que, no salían salvo cuando pagaban y solo durante dos días porque tenían que regresar al surco.
Cuando le pregunto a mi abuela materna me dice que en Jutiapa no se escuchó mucho y que hasta Comapa no llegaba mayor bulla, salvo una vez que pasaron unos guerrilleros pidiendo comida y la gente del pueblo les dio gallinas vivas, costales de frijol, máiz y tinajas de agua. Nunca volvieron, iban de pasada. A causa de eso la policía montada y el alcalde organizaron a los hombres del pueblo para que con machete en mano cuidaran los alrededores del pueblo. Cuando le pregunto de los tiempos de Ubico hace un esfuerzo extraordinario para contarme lo que recuerda desde su memoria de niña.
Y no, como mi generación tampoco me contaron nada en la escuela, más que del desfile del día del ejército. Y cuando pasé por la universidad solo dos catedráticos tomaban minutos de sus clases para hablarlos de la memoria histórica.
Esa es toda la educación formal que yo tengo acerca del conflicto armado interno.
En el extranjero en mi caminar de inquilina y con la melancolía de extrañar mi pedacito de tierra que lo lloraba todos los días y todas las noches, pedí a una familia guatemalteca que tenía documentos legales del país que si podía hacerme el favor de enganchar una computadora porque a mí no me alcanzaba el salario para comprarla al contado y sí la engancharon pero me cobraron el triple de la cantidad que ellos pagaron en la tienda. Con mi nostalgia ellos sacaron para pagar dos meses de luz, agua y renta de su casa. Haciendo cuentas con lo que me cobraron yo pude comprar cinco computadoras al contado. Eso hace la mayoría de personas que tienen documentos legales del país con la personas recién llegadas: aprovecharse de sus circunstancias.
Con mi ordenadora puesta en una esquina del cuarto yo comencé a estudiar en mi propia universidad, entonces: investigué, leí, releí, rasguñé. El deseo por aprender se profundizó en mi alma, en mis sentidos, en mi cerebro. Lo olfateaba, lo mordía, lo sorbía, lo acariciaba, lo visualizaba. Lo ataqué directo a la yugular. –De la misma forma en que lo hice con el idioma inglés que lo he aprendido solamente leyendo libros en inglés y escuchando música en el mismo idioma-.
Fueron los años en que el insomnio no me dejaba dormir, pasaba entonces noches y madrugadas enteras leyendo, así fue como conocí del conflicto armado interno, como mis poros se han ido empapando de memoria histórica. No me quedo con ninguna duda, no me quedo con la primera versión y deshecho la oficial.
Así es como he ido conociendo de la historia del continente americano, de sus múltiples heridas. Solita frente a mi ordenadora, ella es mi ventana al mundo.
No, yo no decidí dormir la larga condena de la desmemoria, de la ignorancia, de la vida plácida que se disfruta desde la comodidad de solapar las versiones oficiales, desde fuera de las fronteras de mi país de origen yo me he acercado más a él, a sus venas, a sus entrañas adoloridas, a sus ojos que lloran, a su pulso que exige, a su voz que denuncia, a su corazón que ama.
Desde la diáspora yo he sabido de las fosas clandestinas que ni caminando sobre ellas estando en Guatemala hubiera podido percibir. Yo desperté en el exilio que escogí vivir, pertenezco a la generación de la desmemoria, a la que intentaron suprimirle todo análisis crítico, a la que intentaron arrancarle la voz, la decencia, la honra, la memoria..
El destierro ha sido mi canal de comunicación con mi país, los salones de universidad, el trabajo de campo, las noches leyendo libros preparándome para los exámenes parciales, finales. De investigaciones para exposiciones de salón en jornada vespertina. Y no, no pertenezco a ningún grupo, asociación, organización y no tengo compañeras ni compañeros de salón, mi estudio lo hago sola, mis análisis se forman individualmente, no tengo catedrática que ponga sobre mi escritorio la hoja del examen y cuente 35 minutos para contestarlo. –Tengo sed de aprender-.
Mi formación ha sido exclusivamente autodidacta y fuera de las fronteras de mi terruño amado. Y no estoy dispuesta a que absolutamente nadie venga a contarme cuentos de hadas y desapruebo y denuncio que la comodidad de lo cotidiano y temporal nos entrampe y nos convierta en títeres, nos mangonee, nos chupe los sesos y nos convierta en chilate la sangre roja, hirviente y espesa.
Y no permito bajo ninguna circunstancia que cualquier letradita o letradito de universidad privada que se crea con altos vuelos en erudición intente siquiera verme hacia abajo, que me vea de frente directo a los ojos o que se cambie de banqueta.
Lo poco que sé lo que he aprendido a mi manera, en mis circunstancias de vida, a mi paso y no me causa vergüenza alguna, más bien es mi orgullo no haberme quedado con la fantasía de estar viviendo en el país más rico del mundo. De traicionar la patria con el olvido mismo afanada en los vidrios de los rascacielos.
Cada vez que pregunto a alguien acerca de las y los poetas revolucionarios me dicen: nos los mataron a todos. ¿Qué pasa con el arte revolucionario? Se acabó, me han dicho. Poca ha sobrevivido, ya no es lo mismo.
He escrito esta reflexión porque ayer asistí a la presentación de una obra de teatro chilena llamada El Año en que Nací. –Sí, deliro por el Sur y no es ningún secreto-. Una pregunta vino a mi cabeza ¿Qué pasa con el arte como memoria histórica?
Desde esa premisa se han formado en mi cabeza varios cuestionamientos, a los que estoy tratando de darles forma, ¿en dónde está el arte como memoria histórica?
El arte como rebeldía de una revolución añeja ya, quedada en el polvo del olvido…
¿Nos vamos a quedar con la historia oficial? ¿Se atreverá a despertar la generación de la desmemoria? ¿Lo harán las generaciones que vienen retoñando, tiernas e ignorantes? ¿Qué haremos para que ellos y ellas vean más allá del muro de mentira?
¿Pasamos de largo y nos cambiamos de banqueta? ¿Hacemos como si no escuchamos? ¿Cómo que no vimos? ¿Mejor no leer y ver las estrellas del firmamento siempre hermosas? ¿Mejor acariciar la luna y evadir las calles bañadas en sangre?
¿Mejor deforestar que forestar? ¿Mejor transgredir con la apatía que honrar con la dignidad?
Debería de hacer una reseña de la obra de teatro, pero abrió tantas ventanas que no quiero que se cierre ninguna sin antes haberme asomado. De la obra diré que sacudió mis sentimientos y emociones, que la reí y la lloré, que erizó mi piel, que puso frente a mis narices múltiples realidades y perspectivas de lo que es un conflicto armado, un golpe de estado, una traición a la patria. De lo que se vive cuando se emigra al infortunio del exilio político, de sentirse perseguida, de respirar a pesar del miedo, de lo que vive quien se va y quien se queda. Del desfase que vive una criatura que nace en un país y crece en otro con otro idioma, otra cultura y regresa al propio que desconoce.
Una vista a Chile en 40 años desde el golpe de Estado, en ojos de criaturas que nacieron durante la dictadura. Y por eso es mi interrogante, ¿qué es, en dónde está el arte como memoria histórica? Pero hablo de la juventud no de los de la vieja guardia de siempre, que son bases, horcones, vigas, techos, paredes, que son la fuerza ya cansada pero que se niega a morir en la comodidad de la traición.
La vemos como expresión de amor, de pasión, de revoluciones personales, pero: ¿el arte como memoria histórica? ¿El arte como reconstrucción de la verdad? ¿Cómo honra de la verdad verdadera? Quisiera que esta obra teatral le diera la vuelta al mundo porque no dudo ni un instante en que cada uno de nosotros y nosotras se reflejaría en cada personaje que la interpreta.
Ahí hay ojetes, orejas, izquierdistas de pacotilla, revolucionarias de ley, comodidad, exilio, suelo de tierra y piso, campo y urbe, clases sociales, racismo, religión, derecha e izquierda en todos las tonalidades de colores. Es un Chile desnudo, expuesto por las miradas de jóvenes que cuentan desde las entrañas de sus familias cómo vivieron la dictadura y el día en que la democracia nació nuevamente. ¿Qué ha cambiado en Chile desde entonces? ¿Cambiará algo con la reelección de Bachelet?
Yo salgo un poquito del país de mis amores y veo todo el continente, ¿qué está cambiando en América? ¿Qué pasa con la juventud del continente? ¿Qué pasa con la juventud en Guatemala? ¿Llegaremos un día a ser capaces de ver el conflicto armado interno desde sus entrañas y no desde el dibujo en calco que nos han regalado en la feria? ¿Nos quedaremos con la versión oficial? ¿Seremos capaces de cuestionarnos? ¿De escudriñar? ¿De analizar?
¿Seremos capaces de estrenar el cerebro o lo dejaremos intacto? ¿Podremos un día honrar la memoria histórica de nuestras ancestras y ancestros?
¿Podremos un día nombrar con dignidad a las y los desaparecidos? ¿Seremos capaces de respirar la sangre impregnada en los muros de la urbe?
¿O cobardemente seguiremos echándoles más y más capas de pinturas de colores pastel?
Me preocupa la irreverencia hacia lo importante y la lealtad hacia lo mediocre. Me preocupa que la frescura del cerebro de la juventud sea utilizado para exprimir y no para crear. Para hurtar, plagiar, solapar y no para denunciar, exigir y honrar.
¿En dónde está el arte como memoria histórica?
Los pretextos de siempre ya hicieron mella, hay que desecharlos y atrevernos a ver aquello que es esencial y que solo lo ven los ojos del corazón, de la conciencia, de la dignidad y de la honra. Pero, ¿qué esa vaina de la dignidad, conciencia, corazón y honra? ¿Qué pitos sopla eso de la memoria histórica? ¿Quién putas es una tal Ilka emigrada que anda fumándose no sé qué hierbas para nadar hablando bocanadas?
Cuento de cómo es que yo he ido conociendo mi país desde el destierro, para dejar en claro que los pretextos nos destruyen y que quien quiere aprender lo hace. ¿Qué haremos quienes hemos despertado, para que otros y otras también salgan del letargo?
Dejo aquí un enlace con la pequeña reseña de la obra por si desean leer: http://www.santiagoamil.cl/?p=7835
Posdata: como información general un día como hoy, 26 de enero de 1944 nace la enigmática,marxista, feminista, activista, Belleza que Enamora, Angela Yvonne Davis. Ancestra inmortal.
Ilka Oliva Corado.
Enero 26 de 2014.
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. Carlos René García Escobar

    Las suyas son reflexiones interesantes y atinadas. Como protagonista en esos tiempos de lucha le solicito atentamente su dirección postal para enviarle uno de mis libros que describen esos mismos tiempos, hablando de arte revolucionario, en voz de sus protagonistas en las artes plásticas, la música y la literatura. Mi dirección de correo electrónico es cargadorazo@gmail.com y el libro se titula: Vertebralidades.
    Carlos René García Escobar

  2. carlos rodriguez jaramillo

    Excelente, me he quedado sin palabras porque es la cruda realidad tu relato historico. Yo tambièn he considerado que he vivido en el Ostracismo Voluntario por la inseguridad y represiòn de gobiernos sanguinarios criminales que durante las ùltimas seis decàdas hemos soportado. Te felicito por tus emotivas palabras que sirven de inspiraciòn a las ùltimas generaciones patriòticas con deseos de cambiar los sistemas obsoletos por una Democràcia y Soberanìa Digna que merece y enaltece el nombre de nuestra querida y añorada Guatemala. Siguen vivas nuestras esperanzas por La Eterna Primavera !

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