Zdravo

Tradotto da Monica Manicardi Prendo il mio barattolo di monete, sto aspettando in fila affinché uno dei cassieri mi serva e me li possa cambiare in dollari. Queste monete che uno conserva e che si accumulano nel portafogli. Ci sono solo sue cassieri che servono e inoltre si alternano per occuparsi di coloro che sono agli sportelli: uno indiano che è nuovo e ancora sta imparando,  per tutto il tempo si sbaglia e non chiede nemmeno scusa per combinare guai, oltre alla lentezza; l’altro è latinoamericano molto gentile ma è come una trottola perché i clienti latini che non parlano spagnolo  cercano solo…

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Mulțumesc

Lo vi pasar entre las estanterías de la piñas y los escaparates de la panadería, conversaba con una chica que lo acompañaba, él cargaba la canasta,  llevaba pantalón de lona azul y camisa del mismo color, su cabello siempre rubio, su forma de caminar y su espalda ancha las podría reconocer entre miles, era él, era Román. Las ajaduras de los años comenzaban a surcar su rostro y algunas canas asomaban, no tenía el cuerpo de atleta de años pasados  pero su alma seguía iluminando todo a su alrededor,  como el sol a las flores de las diez.  Yo, justo caminaba por el…

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E soprattutto amore

Tradotto da Monica Manicardi All’improvviso appare un nuvolone e quello che è di una mattina soleggiata di primavera si trasforma in un tipico giorno di pioggia di inverno, le persone corrono terrorizzate, dal parcheggio verso il supermercato; la precipitazione è di tormenta, e in un attimo il cielo si oscura e i goccioloni cadono con forza come grandine. Afferro il mio carrello ed entro scuotendo l’acqua dalla maglia, mi dirigo verso lo scaffale dove si trovano gli integratori vitaminici cercando quello che devo comprare; due carrelli mi impediscono di avvicinarmi abbastanza per leggere i nomi, un uomo ed una donna…

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Zdravo

Llevo mi bote lleno de monedas,  estoy esperando en la cola para que uno de los cajeros me atienda y me los pueda cambiar por dólares. Esas monedas que uno va guardando del sencillo que se acumula en el monedero.  Solo hay dos cajeros atendiendo y que también  se turnan para ir a atender la ventanilla de  los que van en automóvil: uno hindú que es nuevo y aun está aprendiendo y que por lo regular todo el tiempo se equivoca y nunca pide disculpas por las metidas de pata, aparte que es la lentitud andando;  y  otro latinoamericano    muy amable pero que se mantiene como trompo porque…

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Em dias de chuva, como hoje…

Tradução do Eduardo Vasco, Diário Liberdade Sim, sim, sim, fumo regularmente o meu quarto, como nesta manhã chuvosa de chipi chipi. O cheiro da folha de Sage me lembra o cheiro de poyetones em chamas na pequena cidade de Guatemala. Aqui não há poyetones, nesta enorme cidade industrial existem apenas fábricas que andam no bairro das Empacadoras, embora na outra vez eu tenha visto uma fornalha numa fazenda nos arredores da cidade e senti que perdi o ar e que não conseguia respirar Um forno! Eu gritei e corri do pequeno estábulo onde estavam as cabras e atravessei o pomar…

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Y sobre todo amor

De pronto aparece un nubarrón y lo que es una mañana soleada de primavera se convierte en un típico día de lluvia de invierno, las personas corren despavoridas desde el estacionamiento hacia el supermercado; la precipitación es de tormenta, en segundos el cielo se oscurece y los goterones caen con fuerza como granizo.  Agarro mi carretilla y entro sacudiéndome el agua del suéter,  me dirijo hacia  la estantería donde están los suplementos vitamínicos  buscando el que tengo que comprar; dos carretillas me impiden acercarme lo suficiente para leer los nombres,  un hombre y una mujer hablan sobre vitaminas, parecen ser una pareja, son latinos.  Espero paciente dándoles…

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Nei giorni di pioggia, come oggi…

Tradotto da Monica Manicardi Sì, sì, sì, con regolarità brucio incenso nella mia casa, come in questo giorno di pioggia molto fine. L’aroma della foglia di Sage mi fa ricordare l’odore delle stufe  accese in provincia del  Guatemala. Qui non ci sono stufe, in questa enorme città industriale ci sono solo fabbriche che si allineano nel Barrio de las Empacadoras, anche se l’altra volta ho visto un forno in una fattoria fuori dalla città e ho sentito che perdeva aria e non potevo respirare.  Una forno! ho urlato e sono corsa dal piccolo recinto dove c’erano le capre e ho incrociato un orto…

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En días de lluvia, como hoy…

Sí, sí, sí, con regularidad humo mi habitación, como en esta mañana de lluvia de chipi chipi. El aroma de la hoja de Sage me hace recordar el olor de los poyetones encendidos en la Guatemala pueblerina. Aquí no hay poyetones, en esta enorme urbe industrial solo hay  fábricas que se enfilan  en el Barrio de las Empacadoras, aunque la otra vez vi un horno en una finca a las afueras de la ciudad y sentí que perdía el aire y que no podía respirar, ¡un horno!, grité y corrí desde el pequeño establo donde estaban las cabras y crucé el huerto…

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La fuerza de voluntad

Corría mediados de la década del noventa en Ciudad Peronia cuando llegó a vivir a la cuadra un matrimonio procedente de la Bethania, otro arrabal guatemalteco. Para ese entonces Ciudad Peronia ya estaba poblada, atrás habían quedado los tierreros de terrenos sin medición y los sitios baldíos que circundaban el mercado, la parada de buses,  El Gran Mirador, La Surtidora y  La Cuchilla.  Don Luis y su esposa, llegaron a comprar una casa que antes pertenecía a una familia que se dedicaba a tapizar muebles, era habitual ver esqueletos de amueblados de sala y comedor por doquier. Su casa quedaba al principio…

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El sopor de los jueves sin Margarita Carrera

No  es lo mismo preparar el café, encender la computadora al alba y  no encontrar sus textos puntuales como cada jueves de la última década de mi vida. Doña Margarita Carrera fue una de mis pocas conexiones con Guatemala en los primeros años de mi auto exilio, la descubrí por casualidad cuando obtuve mi primera computadora y buscada desesperadamente un hálito.   A miles de kilómetros de distancia de mi terruño amado y viviendo una nostalgia abrumadora por el destierro, apareció con sus textos con alma que hacían de las mañanas de los jueves un bálsamo quita penas.  Se volvió una necesidad  comenzar los días  jueves leyendo…

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A perderse entre la urbe

Es medio día de un  día de julio de verano infernal, los observo por la ventana que da a la calle mientras subo las escaleras de la casa donde trabajo; sus cuerpos bañados en sudor, con piocha en mano abren una zanja por todo el lateral de la casa para arreglar una tubería. En la mañana había llegado el dueño de la empresa, un polaco de unos 60 años, a hacer acto de presencia solamente. Se subió en su pick up de doble tracción de modelo reciente y se fue.  Sirvo dos vasos de agua con hielo y salgo a dárselos mientras les…

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