Nayara.

Nos cogieron ahí en el carro, a la fuerza. Yo iba saliendo de la iglesia ,el culto termina a las nueve de la noche y me acababa de despedir de mis amigas, iba sola para  la casa ya quedaba poco como medio kilómetro, esa noche no pudo ir mi mamá porque uno de mis hermanos tenía paperas y no lo quería dejar solo. Mi papá nos abandonó cuando se enamoró de otra mujer y formó otra familia.
Apareció un carro  con vidrios poralizados y medio se detuvo y bajaron cuatro hombres, me taparon la boca y me subieron al carro, no me dio tiempo ni de correr ni de gritar cuando sentí ya los tenía ahí y me manearon. En el carro había dos niñas más que las tenían acostadas en el suelo y ellos  con los pies puestos en sus espaldas, sobre ellas me tiraron a mí. Nos dijeron que no gritáramos o que nos iban a golpear y no querían  hacerlo.
Fue un trayecto largo  no sé qué camino tomaron porque no podía ver, las tres llorábamos y  teníamos miedo. Se detuvo de pronto y escuchamos que conversaban con otros hombres que se subieron al carro, era una camioneta Suburban de esas grandes.  En sillón a cada una nos tiraron  y nos cogieron por atrás y por adelante, todas gritábamos de dolor  entonces nos abofetearon para que no lo siguiéramos haciendo y nos dijeron que nos iban a golpear más si seguíamos gritando como niñas caprichosas. Yo tenía recién doce años cumplidos era virgen como las otras dos niñas que estaban en el carro aquella noche. Nos desgarraron todas, yo duré dos semanas llorando del dolor porque ni orinar podía.  Quienes nos violaron se fueron y volvieron a subir los hombres que iban de principio con nosotras.
Nos llevaron a una casa grande con muchas habitaciones, tenía piscina  y también varias empleadas del servicio doméstico, era como esas mansiones que salen en las telenovelas. Nos metieron en un cuarto muy bonito pero sin ventanas, tenía alfombra y cuatro camas, nos dijeron que nos bañáramos porque pronto el jefe quería vernos y teníamos que estar presentables, nos dieron toallas, champó y jabón. No podíamos ni sostenernos en pie por el dolor, en el carro nos violaron dos hombres a cada una, dijeron que querían probar si la mercancía estaba  en buenas condiciones, mientras nos cogían decían que estábamos apretaditas y que así era como le gustaban al jefe.
Nos bañamos porque teníamos miedo que nos siguieran pegando, después entró una mujer que para mi sorpresa conocía, era una muchacha que tenía apenas dos meses de estar asistiendo a la iglesia, no era de la colonia decía que iba a visitar a un familiar y que le gustaba ir al culto porque el sermón del pastor era muy interesante. Resultó que también las otras dos niñas la conocían por las mismas circunstancias ahí me enteré que también las secuestraron saliendo de sus iglesias. La mujer se presentó como la encargada de pintarnos y vestirnos para presentarnos con el jefe, nos dijo que no llorábamos porque nos íbamos a ser ricas si hacíamos  bien las cosas, ella fue la que nos vigiló durante el tiempo que asistió al a iglesia y dio nuestros datos a quienes nos secuestraron. Llegó el jefe, un hombre  como de cincuenta años muy elegante y hablaba muy bonito, era alto, tenía ojos azules y cabello rubio, fumaba un puro.
Nos habló muy suave y con cariño. Nos dijo que era nuestra oportunidad de salir de pobres pero que si nos atrevíamos a denunciar ellos matarían a nuestra familia, nos sentaron en las camas y nos mostraron fotografías de nuestras familias, de nuestras casas y hasta de nuestras amigas. Nos explicaron que nuestro trabajo era simple, nos darían un teléfono celular al cual nos llamarían cada vez que un cliente quisiera cogernos y  que un taxi estaría esperándonos afuera de nuestras casas para llevarnos y traernos. Que no nos harían daño pero que si hablábamos de esto con alguien más  matarían a nuestras familias.
Nos dieron todas las indicaciones detenidamente, nos llevaron de cenar. Antes de salir de la habitación el  hombre al que le llamaban jefe y que nos había hablado bonito, se transformó y  nos jaló el pelo y nos tiró al suelo y nos dijo que había hombres en motocicletas vigilando nuestras casas las 24 horas del día,   por si a alguien se le ocurría salir a denunciar lo que pasaba nos matarían a todos. Nos dijo que podíamos contar a nuestras familias porque de todas formas ya  sabían.
Nos pagarían doscientos dólares  por cada vez que saliéramos con un cliente y que teníamos que complacerlo en todo.
Durante toda la noche se escuchaban gritos de otras niñas a las que estaban goleando y violando en otras habitaciones. A la mañana siguiente en otro carro  nos fueron a dejar a la puerta de nuestras casas, el carro no tenía placas pero de nada me servía memorizarlas porque tenían vigilada a mi familia.
Cuando llegué mi mamá estaba muy angustiada  me dijo que un grupo de  hombres armados había entrado a la casa para decirle que su hija estaba bien pero que estaba por iniciar un trabajo que les daría mucho dinero y que cualquier denuncia a las autoridades los matarían a todos. Le conté lo que sucedió y no paraba de llorar, cierto como dijeron ahí estaban los hombres. Por órdenes del jefe no dejé de realizar mis actividades, nos dijo que teníamos que actuar normal como si nada pasara.
A los tres días llegó la primera llamada y a los 20 minutos ahí estaba el taxi esperándome, me dieron ropa, zapatos, lociones y preservativos . Ahí en el taxi me cambié y me dijo el conductor que en baúl había más cosas para que me las llevara a mi casa porque  tenía que estar elegante para cada cliente.
Esa primera noche me llevó el taxista a una casa muy elegante, estaba un hombre esperándome con una copa de vino que me tuve que tomar, nunca había ingerido alcohol pero me tocó porque cualquier negación de mi parte era poner en peligro a mi familia.  Me dijo que   no estaba su esposa ni sus hijos en su casa porque andaban de vacaciones por Europa y que la noche era toda nuestra, me  violó  varias  veces y no pude hacer nada  más que dejarme y no poner  las cosas más difíciles de lo que estaban.
Me dio mil quinientos dólares en un sobre. El taxista me fue a recoger en la madrugada. Tomé los doscientos de mi pago, le di los cincuenta  correspondientes al conductor y envié con él, el resto al jefe.
Durante tres años  estuve así, saliendo    cuatro o cinco noches por semana. Algunas veces eran clientes solos, en otras eran fiestas: cumpleaños, despedidas de soltero, graduaciones,  partidos de fútbol que veían en casas privadas y nos llevaban para   que nos desnudáramos y les sirviéramos las bebidas, les chupábamos  mientras miraban el juego y después nos cogían. Cuando era así siempre nos tocaba que nos  violaron tres, uno por adelante, otro por atrás y al tercero le teníamos que chupar mientras llegaba su turno.
Cada tres meses nos llevaban a chequeo médico a una clínica en el centro de la ciudad, íbamos en la noche cuando ya  estaba cerrado el edificio de oficinas para que no nos vieran entrar a todas juntas, solo estaba el doctor y un enfermera. Querían que estuviéramos limpias de cualquier enfermedad porque había clientes que exigían y pagaban más cuando no se usaba preservativo. A ellos les encantaba que nos tragáramos el semen.
Claro que pensé en salir de ahí y denunciar pero era imposible, es una red que está aliada con la policía y todas las autoridades, de nada sirve denunciar. Una vez intenté decirle a uno de los clientes que estaba ahí obligada y que por favor me ayudara, me dijo que me ayudaría pero lo que hizo fue decirle a mi jefe y éste me golpeó tan fuerte que me dejó en cama dos semanas y a  uno de mis hermanos, el hombre que nos vigilaba en la motocicleta, le quebró   un hueso de  una  pierna con un bate, eso solo como aviso.
Un día una de las chicas del grupo  ya no aguantó y se fue a poner la denuncia al Ministerio Público pero de nada le sirvió porque de ahí mismo le avisaron al jefe de la organización que una de sus putas se había quejado, fue terrible le mataron a toda la familia descuartizada y ella nunca apareció ni viva ni muerta.
Yo tampoco ya no aguanté y con lo que habíamos ahorrado con mi mamá de los pagos que  me daban en dólares pagamos a unos de la mara  13, para que con capuchas puestas golpearan a los dos tipos de las motos que rondaban la casa. Porque desde que me quejé con el cliente, mi jefe puso dos vigilantes en mi casa.
Les pagamos muy bien y los golpearon tanto que los dejaron inconscientes  esa noche salimos de la casa y del país. Mi familia cruzó hacia otro país  que prefiero no mencionar el nombre por su seguridad. Y estoy trabajando duro para mandarlos a traer, tiene que ser de forma indocumentada porque sus nombres están fichados por la organización y si van a sacar pasaporte o visa no pueden porque ahí darán con ellos y seguro que los matan.
Pagué  a un coyote para que me pasara hacia Estados Unidos, mi mamá desde El Salvador  llamó  por teléfono a  una amiga suya que vivía en Estados Unidos   y ella le dijo que con gusto me recibía.
Todo iba bien hasta que el coyote me entregó a otro  mexicano que era el que me iba a cruzar por el lado de Ciudad Juárez. Ahí  en la casa donde me tuvieron durante tres días  violaron cinco, todos coyotes y por más que les pedí que usaran condón no quisieron,  no me  opuse, qué me iba andar oponiendo si me iba a doler más y encima iba a terminar desfigurada de la cara de tanto golpe. Sí me   cruzaron y logré llegar a Estados Unidos, pero me tocó pagar el doble porque pidieron rescate de lo contrario dijeron que me iban a matar. La amiga de mi mamá pagó dos mil dólares más, en total me salió en doce mil dólares la cruzada de México a Estados Unidos.
A las semanas cuando ya no me bajó mi regla me di cuenta que estaba embarazada,  lo perdí cuando tenía dos meses, se me vino cuando  me caí de unas escaleras en un edificio cuando lo andábamos limpiando.
Tengo 16 años de edad y vivo en casa de la amiga de mi mamá, trabajo en una compañía de limpieza, entramos a las cinco de la mañana y salimos a las ocho de la noche. Me pagan a seis dólares la hora. Trabajamos los siete días de la semana. Limpiamos apartamentos, casas y oficinas.
Tengo un año viviendo en Estados Unidos. En principio pensé mandarlos a traer, reunir dinero y que  pagaran un coyote que los cruzara, pero después de lo que viví en la frontera no quiero arriesgarlos, que se queden en donde están, algún día nos vamos a volver a reencontrar, sino pues no importa, yo prefiero que nunca nos volvamos a ver  y saber que están bien, a que los hayan secuestrado en la frontera o matado ahí mismo.
No, a El Salvador no pensamos volver ni mi familia ni yo, lo que queremos es olvidar lo que vivimos ahí. Aquí  no es  como la gente cree, aquí también estamos encarcelados, sin documentos no podemos hacer nada. Nos explotan mire que gano menos del salario mínimo y trabajamos tantas horas y sin derecho a quejarnos porque nos despiden y hasta la migra nos echan. Pero me conformo porque desde aquí puedo ayudar a mi familia a que salga adelante.
Ilka Oliva Corado.
Noviembre 24 de 2013.
Estados Unidos.
 

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