Fulanito

Corría el año de 1995 y ya eran los finales del ciclo escolar, cursaba tercero básico y le acababa de dar el   sí a un compañero de salón que me propuso que fuéramos novios. Me lo propuso después de una trompada que le propiné una tarde que a media clase se puso un espejo en el zapato y cada vez que pasábamos las mujeres de esa fila nos miraba la ropa interior. Nadie se había dado cuenta hasta que pasé yo y el sol que le jugó una mala pasada se reflejó en el espejo haciendo que este brillo me diera en los ojos; me pegué la media vuelta y le lancé la trompada que por poco lo voltea del escritorio y me subí el uniforme hasta la cintura y le enseñé la lycra, ¿esto quería ver? ¡Pues ya lo vio!
El profesor que en ese momento revisaba la ortografía en los cuadernos se paró alarmado y preguntó qué sucedía, yo muy tranquila le dije que nada, que solo le había pegado una trompada a fulano porque me había visto la lycra con un espejo, el profesor se sentó de vuelta y siguió calificando la ortografía, me dijo que había estado bueno lo que hice y que a la otra le quebrara los dientes.

A todos nos sorprendió que Fulanito hiciera lo que hizo, porque no pertenecía a la marita de las canelitas finas que jodían todo el tiempo: pegaban chicles en los pupitres, escondían la refacción, las flautas el día de la clase de Formación Musical y por si fuera poco todos los días llevaban guaro revuelto con gaseosa que sorbían lentamente en bolsas con pajilla.
Me decepcionó, Fulanito, nunca imaginé algo así de usted. Perdóneme Ilka, ¿le puedo decir Negra? No, Negra solo me llaman mis amigos. Bueno, Ilka, perdóneme soy bien mula, les hice caso a los patojos, pero yo no lo quería hacer. Bueno, pero ya lo hizo y ahora aténgase a la consecuencias. Quíteseme de enfrente porque estoy como la gran. ¿Pero hablamos a la hora de salida? Lo reto a las trompadas y de ahí vemos.
A la hora de salida, en el sitio baldío contiguo al del colegio nos hicieron rueda porque iban a volar las trompadas, para variar yo casi todos los días me agarraba a trompadas con los patojos. Para mi sorpresa, cuando ya tenía arremangada la blusa y lista para iniciar la pelea, el fulanito se me declaró, que no quería pelear conmigo que lo quería era ser mi novio. Seño Sonia, nuestra maestra guía que siempre trataba de mediar en las peleas callejeras, Traviesa, dígale que sí y todos empezaron a corear que le dijera que sí. Y yo que no había tenido novio en mi vida, y no entendía nada del asunto, le dije que sí, en lugar de beso nos dimos la mano en son de paz y cada quien se fue a su casa.
Terminó el ciclo escolar y él se fue a Chiquimula a estudiar el diversificado, a su pueblo de origen. Quedamos de novios a distancia. En la casa no teníamos teléfono, el único teléfono en la cuadra estaba en la casa de un vecino que trabajaba en Guatel, allá me llamaba de vez en cuando. Y era así: llamaba y avisaba que iba a volver a llamar en media hora o que le dejara el mensaje de a qué hora podía volverme a llamar y qué día.
Un día llegó a la casa a las meras 6 de la mañana, de sorpresa y yo a esa hora ya estaba limpiando el chiquero de los coches, tocó la puerta y mi mamá lo mandó a que entrara por el portón lateral que daba al patio, allá llegó con sus once ovejas, a quitarme el tiempo que lo tenía justo para dejar todo limpio antes de irme a vender helados; le pasé la escoba y le dije que me ayudara a barrer el patio en lo que hablaba porque si me detenía un minuto se me atrasaba todo el día. Ilka, yo la quiero. Sí, ya sé que me quiere pero apúrese a barrer porque después me toca ordeñar las cabras, le contesté desde el chiquero donde estaba descalza lavándolo. Pero usted no me pone atención. ¿Y quién le dijo a usted que para ponerle atención me tengo que parar como zonza a verle la losa?, claro que lo puedo escuchar sin parar de hacer oficio, usted hable y yo lo escucho. Usted tiene otro, es lo que pasa. ¿Otro? ¿Yo tengo otro?, con todo el oficio que tengo que hacer en la casa apenas tengo tiempo para usted, no joda. Apúrese y pásame una palangana con agua que me toca limpiar el gallinero. ¿Entonces por qué no me deja que la toque? ¿Qué me toque qué? Apúrese, deje de estar hablando tonteras y pásame el guacal con agua. Sí, que la toque como se tocan todas las parejas. ¿Las chiches dice usted?, ¿quiere tocarme las chiches y meterme mano? Bueno, yo no lo diría así, pero uno se acaricia. ¿Se acaricia viéndose dos veces al año? Negrita… Qué Negrita ni qué ocho cuartos, sabe qué, váyase por donde vino y déjeme trabajar.
Pero si nos vamos a casar. A ver, venga, agárreme esa malla del gallinero que voy a limpiar los palos del tapesco. Pero si nos vamos a casar, lo que le estoy pidiendo lo hacen todos los novios. ¿Usted cree que yo tengo tiempo para andarle metiendo mano o que me meta usted?, ¿de verdad eso cree? ¿Y a qué horas podría ser?, ¿por teléfono quiere meterme mano? ¿Según usted de eso se trata, de meterse mano?
Entonces es cierto, usted anda con menganito. ¿Qué? Menganito es novio de la zutanita, no joda. Hágame el favor y déjeme trabajar porque ya me atrasó y mi mamá me va a malmatar sino termino de hacer el oficio antes de irme a vender helados. Deme un beso, ¿qué?, ¿beso?, me mira metida en el gallinero atascada de ñusca de gallina y me pide un beso. Mejor jáleme la pala para recoger esto y se lo echa por favor al pie del rosal rosado del jardín de afuera.
Bueno, yo solo vine a ver a mi hermana el fin de semana y me regreso hoy para Chiquimula, la llamaré por teléfono como siempre. Que le vaya bien.
Esa mañana fue la última que vi a Fulanito y la última vez que hablé con él. Varios años después nos volvimos a ver, yo iba con mi novio de ese tiempo y él visitaba a su prima, una amiga mía. Estaba tan guapote, con su barba espesa y cerrada, con ese pelo en pecho que cuando fuimos novios apenas le comenzaba a salir. Con esos sus ojos verde esperanza que me encantaban. Nos abrazamos emocionados por el reencuentro y le presenté a mi novio, él me dijo que me había visto por televisión dirigiendo juegos de fútbol y que tenía el mismo carácter con el que me conoció. Reímos hasta que nos dolió el estómago.
Mis tías que supieron del encuentro (porque lo supo todo Peronia que nos quiso ver casados) se autonombraron celestinas y movieron cielo, mar y tierra para que volviera con Fulanito que les había dejado recado de hacerme llegar su número de teléfono.
Y así fue como dos semanas nos comunicamos con Fulanito por teléfono poniéndonos al día de los años que no nos vimos. Para ese tiempo ya teníamos celular cada uno y no había necesidad de ir a la casa de la vecina a esperar su llamada. Su prima también celestina ya había dispuesto su casa para que nos viéramos, el objetivo de todas era que no me fuera a Estados Unidos, para ese tiempo solo me quedaban dos semanas en Guatemala.
Le quise decir que me enloquecía su barba cerrada y su pelo en pecho, y verlo tan desarrollado no todo enclenque como en la adolescencia. Pero me limité a saludarlo como un buen amigo de los básicos, no había razón para buscar algo que no necesitaba en un lugar que ya no era para mí.
Para Fulanito y las celestinas.
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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.wordpress.com
14 de febrero de 2018, Estados Unidos.

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