La creatividad y nuestros fantasmas

A los 6 años de estar viviendo en Estados Unidos, decidí que éste sería mi país de residencia, quería que dejara de ser mi país de llegada. Necesitaba ponerle suelo firme a mi realidad y salir de ese limbo post frontera. Pero para que fuera mi país de residencia tenía que derribar el enorme muro que había construido alrededor mío: negarme a aprender inglés. Para aprender inglés tenía que hacerlo a mí manera, como todo en mi vida: si me ponen una línea recta yo me voy por las curvas empinadas, no me gusta lo fácil y aunque todo el mundo me diga que por ahí no, yo me voy por donde mis instintos me lo indiquen aunque me reviente las narices en las caídas, porque las caídas también son parte del paisaje, a mí me gusta disfrutar el paisaje no me interesa llegar, lo que me disfruto es el viaje.

Entonces pensé, la única forma de que yo aprende inglés es haciéndolo con algo que me gusta, así no pierdo el interés y me entretengo, entonces decidí que sería leyendo libros en inglés aunque no les entendiera ni una sola palabra. Y para practicar la pronunciación y memorizar las palabras lo hacía diciéndolas al revés, al revés no se me olvidarían jamás, porque era difícil y lo difícil siempre me reta y yo necesitaba el desafío. En mi caso no funcionó el programa de inglés para extranjeros que tienen las escuelas de Chicago. No me funcionó la escuela. Yo misma creé mi propio sistema de aprendizaje adecuado a mis necesidades. Y como buena rebelde arrabalera, no me interesa en lo absoluto una pronunciación sin acento, al contrario, el inglés trasquilado que hablo tiene el acento latinoamericano que jamás me atrevería a arrancar para calzar en una sociedad distinta. Mi inteligencia busca otras veredas.

Y de eso se trata este texto, de nuestro sello propio. De nuestros emprendimientos personales, únicos.

Cuando ya tenía 2 años siendo árbitra de fútbol, fui a la federación a preguntar por una oportunidad para ser árbitra central, hasta ese momento yo solo había trabajado de asistente, los tres directivos de la comisión arbitral me sentenciaron: para ser árbitra central tiene que bajar de peso. Para ellos era como haberme cortado las piernas, como haberme sentenciado a muerte, no querían a una mujer como árbitra central y ya me lo había demostrado de muchas maneras, pero ellos aún no conocían mi necesidad que es mi sello y mi marca de nacimiento. Salí de esa oficina con la promesa de regresar muy pronto y que cuando tocara a esa puerta de nuevo no iban a poder negarme lo que era mi derecho.

Desde esa noche salí a correr una hora, y organicé mi horario, salía a correr una hora a las 4 de la mañana y hacía 300 abdominales, 100 despechadas, 100 sentadillas, 100 payasitos y 100 saltos en el diminuto espacio de un metro por un metro que tenía libre cerca de mi cama. Por la noche al regresar del trabajo corría otra hora de las 10 de la noche a las once y repetía nuevamente la rutina de ejercicios. Eliminé de raíz todas las comidas fritas y todo lo comía hervido, sin sal. Al pollo le quitaba el pellejo, lo mismo a la carne roja. Por las noches mis cenas eran una taza de té de manzanilla y dos pedazos de galletas saladas y tomaba 9 libros de agua entre las 6 de la mañana y las 12 del medio día, por la tarde no tomaba porque no tenía la facilidad de tener un baño cerca.

Bajé 30 libras en un mes  (peso y disciplina  que mantuve durante los siguientes años) y me presenté de nuevo a exigir mi derecho a ser árbitra central y con la disponibilidad a realizar las pruebas físicas que ellos creyeron que no podía pasar por ser mujer, ¡con sobrepeso! No pudieron negarlo. Realmente no tenía sobrepeso, mi cuerpo siempre ha sido rollizo y toda la vida he practicado deporte, mis músculos pesan. Pero ese sobrepeso que ellos utilizaron como estrategia para vencerme yo lo utilicé como incentivo para lograr mi objetivo. Hasta que un día me pidieron cama a cambio de mi gafete como árbitra internacional, tocaron mi dignidad y mi dignidad no está en venta, no lograron vencerme, fui yo la que cerró la puerta y se fue a buscar otros horizontes donde mis alas pudieran encontrar su propia libertad.

Con esto quiero decir que retos siempre existirán, los bombardeos emocionales externos están todos los días en cualquier lugar, buscan limitarnos, entorpecernos y truncarnos: el poder lo tenemos dentro de nosotros. Los caminos no están hechos, lo que la vida nos presenta es una inmensa estepa verde, y somos nosotros los que vamos abriendo nuestra propia brecha a nuestra medida, a nuestro paso, con nuestras propias manos.

Y hoy quiero hablar de eso, de nuestra creatividad y la forma en que debemos amarla, cuidarla y defenderla de quien sea. Es nuestra y eso es más que suficiente para no permitir que nadie la menosprecie. Pueden opinar, tienen el derecho a rechazarla, pero nosotros tenemos la obligación de protegerla porque esa creatividad es una llama que hace de nuestro espíritu nuestra fuerza, nuestra morada, nuestra resistencia para continuar soñando en una sociedad que se empecina en convertirnos en despojos de vertedero.

Los demonios propios, los fantasmas siempre nos acompañarán, tiene una función vital: la de sacudirnos, despertarnos cuando creemos que hemos llegamos a nuestro límite, nos dicen que no hay límite para la creatividad, nos enfrentan con el reflejo en el espejo y nos escupen a la cara lo que nosotros en nuestro sano juicio jamás nos atreveríamos a ver o a cuestionar. Son pues, las tormentas que nos arrastran en los mares despiertos para después sacarnos al sosiego del litoral, para que renovados continuemos nuestra búsqueda personal.

Lo propio, lo que es nuestro nadie nos lo puede quitar, es inimitable, y es nuestra fuerza y debe ser nuestro machete para abrir brecha. Cree su propia marca, con su sello original. Si quiere escribir y publicar cree su propio blog, si quiere publicar en impreso, saque fotocopias y cree su propio libro, hágalo con sus propias manos, no espere a que ninguna editorial confíe en usted, porque no lo necesita, eso lo he aprendido yo en mi camino. Nadie nace sabiendo, uno aprende de su propia experiencia. El sello de sus letras, de su producto es usted mismo, no necesita que nadie le de palmaditas en la espalda y apruebe su trabajo.

Si quiere vender tamales, véndalos y hágalos únicos con su sello personal. Si quiere pintar casas, vaya y píntelas y haga ese trabajo como la mejor obra de arte que jamás se ha expuesto en el mundo, porque es suyo solo por eso tiene que estar bien hecho no porque importe lo que digan los demás.

Mis pinturas en abstractos son mis emociones en colores, y no me interesa a quien gusten, las personas pueden opinar lo que deseen, pero con mi expresión no permito que nadie se meta   y es mi deber mantenerla intacta, cuidar su naturaleza porque es eso lo que las hace única. Y única porque es mía, no porque lo digan los demás. Y única porque sus colores son mi felicidad.

Todos los días son buenos para iniciar proyectos, para soñarlos, darles alas y hacerlos aterrizar para darles forma y tocarlos.

¿Qué proyecto tienen ustedes para hoy? ¿Qué proyecto han querido realizar y por miedo no se han atrevido? Lo importante es intentarlo, saltar el abismo, romperse la cara, rasparse las rodillas, pero intentarlo. El éxito no existe, en cambio la satisfacción de procurar es lo que nos fortalece constantemente. Y recordemos que no estamos solos, nuestros fantasmas son nuestra mejor compañía, nadie nos conoce mejor que ellos.

Uno de mis abstractos. 30 de diciembre de 2017.

Si usted va a compartir este texto en otro portal o red social, por favor colocar la fuente de información URL: https://cronicasdeunainquilina.com/2018/01/08/la-creatividad-y-nuestros-fantasmas/

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

08 de enero de 2018, Estados Unidos.

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