Antisocial

Comenzaba a despuntar la primavera estadounidense y ese sábado por la mañana yo preparaba el café, justo cuando mi hermana abrió la ventana de la cocina que da a la calle pasaba un grupo de ciclistas, emocionada anunció que me inscribiría en el club de ciclistas del pueblo (es ciudad, pero yo prefiero decirle pueblo) yo con la bolsa de café (de Guatemala) en la mano refunfuñé: no gracias, amo mi soledad.

Es que no me gusta verte sola en la bicicleta, parecés pepe. Pero es la soledad que yo escogí, no me gusta andar en manada. Uno necesita de amistades, de convivencia, no podés vivir dentro de una burbuja. Mis amigos ya fueron, ya conocí lo que es ese amor, están en mi corazón pero en mi edad adulta quiero estar sola, escogí estar sola.

Pero tanta soledad es mala, es deprimente. Pero más deprimente aún es salir con personas solo por matar el tiempo, personas que no te llenan, con la que salís porque le huís a la soledad, porque no sabés qué hacer con vos misma, uno tiene que aprender a conocerse, a conocer el silencio, a auto analizarse y, estando dentro del bullicio no podés.

Con el bullicio ponés excusas, huís y te perdés en conversaciones triviales y en aparentes amistades que vos muy internamente sabés que no son reales, que todos están ahí porque le temen al silencio de la soledad; a la convivencia con ellos mismos, que están tan vacíos que no se soportan en soledad.

Nos han educado mal, nos dicen que la soledad es tristeza, abandono, añoranza, encierro, depresión, y no es así. En la soledad aprendemos a conocernos por dentro, prestamos más atención a nuestros sentidos, emociones, a nuestro tacto, a nuestro instinto. Nadie más que tus propios instintos te van a decir qué está mal en tu vida, qué sentís, qué te duele, qué te llena, qué te hace sentir libre. Nuestros sentidos nos hablan todo el tiempo y no les prestamos atención por estar dentro del bullicio, buscando aceptación de afuera, palabras que vienen de afuera, y vamos ahondando con esto nuestro propio abandono.

Tenemos que aprender a confiar en nosotros mismos y en nuestros instintos. Yo amo ir en bicicleta sola porque voy a mi ritmo,   me detengo cuando quiero; tomo agua, observo el paisaje, me bajo de la bicicleta y estiro las piernas; cambio de dirección las veces que quiero. No sigo la rutina ni el camino marcado, me gustan los extravíos y hacer caminos nuevos, y eso me permite conocer otras ciclo vías en la reserva y en la ciudad.

Escucho el sonido propio de la naturaleza, mis pensamientos me hablan en voz alta, escucho las palpitaciones de mi corazón. Eso no lo puedo tener si voy al ritmo de otras personas, siguiendo a otras personas, escuchando la voz del guía que tiene una rutina marcada. No puedo ni quiero vivir la vida de otras personas, quiero vivir la mía a mi ritmo.

Mi hermana que ya tiene su taza de café en la mano se me queda mirando, con esa expresión suya de: a la gran, ya comenzó, ahora no hay quien la pare. Tuve una infancia privilegia, 16 niños con los que fui uña y mugre, con los que conocí la intimidad de un abrazo, de saltar los charcos con los pies descalzos, de trepar los árboles en manada, de saltar cercos, beber un litro de cerveza pasándolo de boca en boca. De ir a buscar al basurero pelotas plásticas pinchadas para jugar fútbol o hacerlas de trapos viejos. Con los que nos desnudábamos sin morbo alguno para bañarnos en el río. De trabajar juntos recogiendo basura en la colonia. ¿La amistad? La intimidad de la amistad ya la tuve, ahora he decidido estar sola, conocerme un poco más.

Esas mujeres locas que vos leés y escuchás te tienen mal (se refiere a Alejandra Pizarnik, a Clarice Lispector , a Violeta Parra y Edith Piaf) si ellas se mataron (Alejandra y Violeta) son ellas, yo siento que un día te voy a encontrar ahorcada cuando regrese del trabajo o me van a llamar para decirme que te mataste en algún lugar. Bueno, si eso sucede habrá sido también mi decisión. ¡No, Negra! ¿Viste? Necesitás amistades, casarte con un buen hombre y tener hijos. Todos los días le oro a Dios para que te quite de la cabeza esa cosa rara de que te gustan las mujeres y que te mande un buen hombre con el que podás hacer una familia.

¿Y a vos quién te dijo que una persona no se suicida también teniendo amistades, hijos, pareja sentimental, siendo exitosas y teniendo el mundo en sus manos? Teniendo todo aquello a lo que el sistema le llama: una vida envidiable y realización personal. El suicidio no es cuestión de soledad. Ya vas a comenzar con tu filosofía vos, me dice mi hermana mientras se lleva la taza de café a la boca para beber un sorbo.

Vos te sentís bien yendo a la iglesia, orando, teniendo amistades, conviviendo con las personas, yo me siento bien en la soledad; escribiendo, yendo a nadar, a haciendo bicicleta, somos distintas eso es todo.

Continúa, sos una antisocial. Sino salís no vas a conseguir marido, arregláte, vestíte femenina, pintánte no que andás con esa cara toda pálida y así ningún hombre te a buscar. ¿Y a vos quién te dijo que yo quiero conseguir marido? Si de amantes se trata… ¡No quiero saber intimidades y menos si es con mujeres! Vos lo hacés por pura rebeldía para darle en la cara a mi mamá y pelearte contra el mundo. Estamos hablando claro, lo que pasa es que para vos todo lo que no sea bajo las leyes de la Biblia está mal. La vida es otra cosa, está muy lejos de la Biblia y de las religiones. Vos porque no creés en Dios. Eso tampoco tiene nada que ver.

Mi pobre hermana cuando salimos juntas a algún lugar y me ve coquetear con hombres (porque sí lo hago y me fascina) se alegra, pero no sea que cruce miradas con una mujer porque se pone verde, se incomoda tanto que hasta se le va el apetito y ya no come a guste o le da por preguntar a qué horas nos vamos del lugar.

No me gustan las personas ordinarias, -le dijo- no es que no quiera amistades pero no estoy para perder el tiempo, es tan valioso como para que lo malgaste con personas que no se merecen siquiera mi grata compañía. ¡Encima sos una arrogante! Puchis, si es grata. Si vos no te valorás y respetás cómo pretendés que te respeten los demás. Ya vas otra vez con tus filosofías… Pero es que toda relación se basa en el respeto, y el respeto comienza por uno mismo. ¿Vas a hacer los panqueques vos o yo? Me pregunta para cambiar de tema. Hacélos vos porque no te gustan cómo me salen.

Recuerdo que un día que íbamos de salida le dije por el puro afán de verla palidecer: un día de estos te traigo a presentar a mi novia. Mi pobre hermana se congeló y se momificó, no la pude mover del lugar, después de tanta sacudida volvió a la vida y en las mismas me dijo: no Negra, vos tenés que comprender que no es fácil para mí, yo te imaginé casada con un hombre y con hijos, pero me salís ahora que será una mujer. ¿Pero qué tiene? No nada, pero dame tiempo para que lo procese, aunque es algo a lo que nunca me voy a acostumbrar.

Mi vida privada, mi vida íntima de amores y amantes la he llevado al margen de mi familia, he tenido un harén y ha estado al margen, lo prefiero así, que también mis amores y mis amantes sean parte de esa burbuja de soledad que he construido.

La convivencia que tengo con personas la mayor parte del tiempo es solo del saludo, y lo que de ley es parte de mi trabajo, algunas veces (muy raras la verdad) que asisto a eventos o actividades sociales y converso, pero de ahí que yo diga amigos, a los que frecuente o me frecuenten no tengo. Lo he decido así.

Mi vida de niña, adolescente y los primeros años de adulta fueron un trajín, ahora decidí que quiero silencio y convivencia conmigo misma, vivir a mi ritmo, en mi propia órbita, disfrutar de la fotografía congelando instantes, frecuentar bibliotecas, museos, hacer deporte, agarrar mi bicicleta y perderme durante horas. Caminar en mi reserva forestal a la orilla del río. Ahí también se encuentra el amor, la esencia, la vida. Ahí también hay armonía, tranquilidad, magia. El amor está en todo, todo el tiempo. No lo tenemos que buscar, está en el aire, en el ambiente, en la decisión de vivir sin imposiciones, está dentro de nosotros mismos y no lo tenemos que buscar afuera.

La viva está hecha de etapas: yo tuve las de bullicio, las de infinidad de amantes que hasta perdí la cuenta, las de depresiones profundas, de cóleras, de cansancio, de humillaciones, de emborracharme hasta perder el sentido. Ahora estoy viviendo la etapa de antisocial y me embelesa porque me permite escuchar la voz de mis instintos que se convierten en letras. En el silencio he encontrado la exquisitez de la poesía. ¿Qué más necesitaría para sentirme viva?

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

09 de junio de 2016, Estados Unidos.

Un pensamiento en “Antisocial

  1. Ilka, son los antisociales de todos los tiempos, los que han hecho los cambios.
    Jesús Cristo en su tiempo fue tratado como uno, al igual que Sócrates al igual que Giordano Bruno. Fueron ellos mismos, manifestaban lo que pensaban y sentían. Hazlo tú, que tienes una llama ( o un fueguito, como decía Eduardo Galeano) incandescente que quiere iluminar. Tu que eres un Elefante no permitas que una ratita te impidan el camino. La imbecilidad de la mayoría de los seres humanos, tanto idiota (Y TITULADO!!) aburrido que hay, impidiendo su propio progreso y el ajeno, esos son los creadores de esta nueva época del obscurantismo. Por favor ilumina estas cavernas.
    Adelante con la MEJOR DE LAS SUERTES, PUES POSEER ESA INTELIGENCIA Y AGUDEZA ES TENER SUERTE.

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