Cincos en el arrabal

La vida que siempre sorprende cuando uno menos lo espera, hoy en el trabajo el niño que cuido sacó de su cajita mágica una bolsa de cincos que le habían regalado para su cumpleaños, y me preguntó que si podía enseñarle a jugarlos ya que yo le había dicho que de niña en Guatemala los jugaba. Lo vi con su bolsita de cincos en las manos y se me aguadaron las piernas; una sensación extraña, una emoción inexplicable, un alud de recuerdos acompañados de sonrisas, siluetas borrosas, tierra mojada, y de los rostros de mis amigos de infancia me aguaron los ojos y comencé a temblar.

¿Cincos? Le pregunté, asombrada aún sin creerlo. Sí, son marble balls, me dijo, sacándolos de la bolsa. ¿Me enseñás?, volvió a preguntar sonriendo y con ansias de aprender a jugarlos. Claro, y me senté sobre el piso alfombrado, tocaba mis piernas y me temblaban, jugar cincos es tan fácil como pedalear bicicleta, le dije y coloqué los cincos dentro de un círculo imaginario sobre la alfombra. Vamos a imaginar que aquí hay un círculo y lo dibujé con el dedo, adentro pondré los cincos y el juego consiste en sacarlos de ahí, pero desde cierta distancia y con ciertas reglas, el cinco que vayás sacando es tuyo. Si tirás y sacás uno podés tirar otra vez y así hasta que fallés y entonces es mi turno y lo mismo pasa conmigo.

Si tu cinco al tirar se queda adentro del círculo entonces perdés todas las opciones para lanzar otra vez, será mi turno y si se queda adentro entonces empezamos el juego de nuevo, sino sigo tirando hasta sacar todos los cincos del círculo. Al juego se le pueden poner todas las reglas que los jugadores quieran y todos tienen que estar de acuerdo. Por ejemplo que si se queda adentro cuando tirés lo podés sacar y no cuenta ese lanzamiento y lo podés repetir, todo depende de las reglas del juego. También hay reglas para lanzar, si el lanzamiento es libre o todos tienen que realizarlo con el mismo estilo, porque también hay estilos para lanzar.

El niño me observada con los oídos alerta prestando atención a todo, emocionado con esa inocencia de estar a punto de descubrir algo nuevo. Bueno, ahora hay que calentar, le dije y el niño se levantó y comenzó a estirar, lo tuve que sentar de nuevo y le decirle que el calentamiento para jugar cincos es distinto al de los deportes y comencé a tronar los dedos, ¡así se calienta! Y le enseñé, el niño rodaba sobre la alfombra, muerto de la risa. ¿Eso es calentar? Sí, para jugar cincos sí. No, eso es cuando vos decís, ¡sacá fibra! No puedo contener la risa y entonces soy yo la que ruedo sobre la alfombra, muerta de la risa. Le hablo en español para que lo aprenda y entonces cuando vamos a entrenar juntos le digo que saque fibra cuando estamos trabajando velocidad y él lo tiene muy bien memorizado y sabe su significado.

Tomo los cincos y los coloco en mis manos, los acaricio con suavidad, como tratando de regresar el tiempo y detenerlo; veo mis manos de niña con las uñas llenas de tierra, estoy acostada boca abajo sobre el tierrero de la esquina de la cuadra que colinda con el caminito de la arada, poco a poco comienzo a escuchar las voces de mis amigos del alma, están ahí también tirados boca abajo, descalzos, con sus bolsas de cincos y escogiendo las tiras. Porque eso sí, siempre existe la tira de la suerte, la mía era una gotita de agua, para otros las chimbombas; hay más opción de sacar los cincos con las chimbombas porque son grandes, pero la agilidad del tirador y el pulso se miden con las gotitas de agua porque que tienen que llevar la fuerza y la velocidad precisa. Y mí desde niña nunca me gustaron las cosas fáciles, siempre les buscaba grado de dificultad.

También se puede jugar a los hoyitos, le explico al niño. De tres agujeros y ver quién va metiendo los cincos en los agujeros lanzándolos desde cierta distancia. También se puede jugar a la tortuguita y al triángulo. Hay muchos juegos y todos tienen variedad de reglas para que no sean aburridos. El niño está tronando los dedos, me dice que ya calentó y que cómo debe tirar el cinco. Le enseño mi estilo y los otros y comenzamos a lanzar. Estoy ahí, pero por instantes regreso en el tiempo y vuelvo a ser niña y una alegría me invade y me quema, hace que mi corazón palpite a un ritmo de batucada. Río sola a carcajadas, veo los cincos y no dejo de acariciarlos. ¿Así? Me pregunta el niño, sí así se tira. Al principio no logra darle a ninguno pero va tomando confianza y comienza a sacarlos del círculo.

¿Por qué llorás? Me pregunta, ¿se te metió una basura en el ojo? A ver, te limpio. No mi amor, no tengo nada en el ojo, estoy llorando de alegría, también se puede llorar de alegría. ¿Cómo cuando me compraron mi bicicleta? Ajá, así. Quiero aprender a jugar cincos como vos. Y vas a aprender rápido, ya verás.

Quedamos que a la próxima le enseñaré los otros juegos y la variedad de reglas y lo llevaré a la tienda a buscar a ver si encontramos chimbombas y gotitas, como las que yo tenía en Guatemala. Salgo del trabajo en una tarde lluviosa y de neblina espesa, reparo que entre mi nostalgia vienen a mí en esta lejanía los días del invierno guatemalteco que tanto añoro. Paso el resto de la tarde llorando, ha entrado la noche y sigo llorando, llorando estoy escribiendo esta crónica. Para que viaje en el tiempo y regrese a la calle Éufrates, en Ciudad Peronia, en esta noche de lluvia y neblina y abrace a la parvada de cipotes, mocosos, piojosos y arrabaleros que hicieron de mi infancia la aventura más hermosa de mi vida.

Esas son las cosas que ningún dinero puede comprar y traspasan fronteras de tiempo y distancia para quedarse en el alma, para siempre.

 Para Conejito, -que con su inocencia y curiosidad hizo que su niñera llorara de alegría recordando lo maravillosa que fue su infancia- aunque nunca lo lea.

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

09 de junio de 2016, Estados Unidos.

2 pensamientos en “Cincos en el arrabal

  1. Hermoso Ilka, maravilloso… Que fácil es par ti tocar el corazón pequeña, muchas gracias por compartir tus sentimientos, tus sentires, tus recuerdos, tu alma.

    Te abrazo.

    Magda

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  2. Recordaste mis años de infancia. ¡Que maravilla! Jugar cincos con los amigos de la cuadra. Recuerdo que para eso fui muy bueno. ¡Era callo! Asi le decìan a los que eran buenos para el juego de los cinco. Recuerdo mis tiritas. Esas que me hacìan ganar y “desbancar” a los demàs.

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