El desamparo

Abrí la puerta de par en par, encendí el radio a todo volumen y comencé a hacer limpieza en la casa, estaba sola. Cuando estaba trapeando llegó el hombre del cable, conocido por toda la colonia y a quien medio mundo le tenía confianza, lo dejaban entrar a sus casas a revisar la conexión y las antenas, y también era quien pasaba cada mes cobrando la mensualidad. Se había vuelto amigo del arrabal porque si la gente no tenía dinero para pagar les cobraba hasta pasados los meses y sin mora.

Lo dejé revisando el televisor y me fui a lavar el trapeador a la pila, para ese tiempo yo andaba por los quince años de edad, estaba tan entretenida cantando la canción y lavando el trapeador que me percaté de su presencia sólo cuando me abrazó por la espalda y me agarró las manos, se había bajado el pantalón y comenzaba a quitarme la pantaloneta. Comencé a forcejear con él, lo empujaba pero me costaba tanto, él tenía todo el peso de su cuerpo puesto sobre mi espalda, me tenía apiñada entre el lavadero.

Me retorcía, lo empujaba con tal de que no me bajara la pantaloneta, podía sentir perfectamente su miembro erecto empotrándose en mi cadera, buscaba separarme las piernas dándome patadas en los tobillos pero yo no lo permitía. Comencé a gritar con todas mis fuerzas llamando a las vecinas pero el radio estaba encendido a todo volumen. Grite y grité y grité y seguí forcejeando con él hasta que logré soltarme y salir corriendo. Cuando iba por la sala las vecinas ya iban entrando a la casa con escobas y lo sacaron a escobazos.

Cuando llegó mi mamá por la noche le conté inmediatamente lo que había pasado, detalle a detalle, con la furia y el susto. Ni parpadeó, me dijo que no me creía, que el hombre del cable no era así y si en todo caso sucedió algo fue porque yo lo provoqué por mi forma de vestir. “Es tu culpa, por ponerte esas pantalonetas tan cortas, si un día te violan será porque vos andás provocando a los pobres hombres y no tenés derecho a quejarte”. Las vecinas también le contaron lo sucedido y les dijo lo mismo, que si había pasado algo era porque yo lo había provocado y que además a mi edad seguramente por andar metida entre tanto patojo ya era una mujer hecha y derecha. (Nunca sucedió pero si mamá supiera con cuántos hombres he dormido en mi vida estoy segura de que se infartaría).

Al día siguiente regresando del colegio me lo encontré en la sala tomando café con ella, había ido a revisar el cable, cuando lo vi me le fui encima, mi mamá lo defendió y le pidió una disculpa, le dijo que ella le creía a él y que yo había mentido. Le dijo que comprendía muy bien porque yo lo había provocado por vestirme en pantalonetas cortas y que no había problema alguno.

En ese instante me sentí traicionada, sentí la desolación más feroz de mi vida, sentí el peso de la soledad, del desamparo, del abandono. Un dolor insondable, y la ira se apropió hasta de mi última célula, salía a borbotones por mis poros. Me fui al patio de atrás y comencé a patear todo, a lanzarle puños a las parvas de leña hasta que me sangré las manos, me salté el tapial y me fui a correr a la arada hasta que me empapé de sudor y mis piernas ya no dieron para más. Podía soportar sus golpes, sus insultos, su frialdad conmigo pero no eso. No quería ver a mi mamá, quería desaparecer, no quería volver a poner un pie en esa casa. Salté de nuevo el tapial me subí al techo de la casa, y en aquella oscurana lloré hasta el cansancio viendo las luces de la ciudad y cómo aterrizaban los aviones. Y pensé en mis adentros; un día me iré, me iré para nunca volver, me iré lo más lejos que pueda.

Ilka Oliva Corado.

22 de enero de 2016

Estados Unidos.

4 pensamientos en “El desamparo

  1. Corazón linda, no hay desamparo mi amor, estamos contigo, y te creemos. Ilka sigo de parranda… Pero no lejos de ti!!!

    Millones de besos y abrazos!!!!

    Magda

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  2. Venimos de una cultura donde si te roban es TU culpa por “exhibir tus posesiones”. Si sufrías un accidente, detención o “desaparición” la explicación era “es que andaba metido en algo”. Tu madre te traicionó, ya que duele que la persona a la que más quieres en el mundo te da la espalda, aunque sabes que ella se equivoca y no, no es “por amor”, ya que es simplemente por la cultura donde la víctima forzosamente debe tener culpa en algo. Sigue fuerte.

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