La bienvenida con puñetazo.

Historias de un silbato. III.

Después de meses entrenando me nombraron para trabajar como asistente 2, en un juego de liga femenina. El asistente 1 es quien está en el lado de las bancas y tiene mayor responsabilidad porque es quien asiste los cambios y todo lo que acontece en ese sector del terreno de juego, por lo general el asiste 2 es novato. Siempre se comienza en el mundo del arbitraje como asistente 2, de ahí se pasa a asistente 1 y si califica y gana los rigurosos exámenes puede ser central.

Fue por ahí del año dos mil, y entre las reglas internas de la comisión arbitral estaban que los árbitros varones tenían que llegar a la cancha vestidos de saco y corbata, y las mujeres con falda y zapatos de tacón. Norma que aborrecí desde el primer instante porque es incomodísimo andar subiendo y bajando buses vestida con falda, llevar puestos zapatos de tacón y además cargar un maletín deportivo.

Ese domingo el juego se realizaba en Siquinalá, Escuintla. Los árbitros deben estar dos horas antes en el recinto deportivo para percatarse de cualquier eventualidad antes del juego, por ejemplo: revisar que se encuentren en buen estado los banderines de esquina, las redes de los marcos, las líneas que demarcan el terreno de juego, revisar las nóminas de los jugadores minuciosamente y la indumentaria. Tener el tiempo suficiente para prepararse físicamente para el encuentro.

Ese domingo yo iba de asistente dos, cuando llegué al estadio ya se encontraba ahí el asistente 1 sentado en las gradas del estadio. Lo saludé y me senté a la par suya y abrí el periódico y me interné en la lectura de Revista Domingo. En esas estaba cuando sentí que una mano se deslizaba por debajo de mi falda con la ansiedad de la excitación. Bajé el periódico y ahí estaba el asistente 1 con la mano metida hasta el brazo dentro de mi falda, puse el periódico en la banca (porque por nada del mundo iba a arrugar mi revista favorita) con toda la calma del mundo, lo miré directo a los ojos y le sonreí y le lancé un puñetazo directo a la nariz que instantáneamente le sacó pitos de sangre. Mi lenguaje florido de vendedora de mercado no se hizo esperar. Me puse de pie me subí la falda y le enseñe la lycra que llevaba debajo.

Siempre uso lycra debajo de la falda, los percances nunca faltan. El tipo no tuvo tiempo de reaccionar y en cuanto comenzó a despabilar le lancé otro con mucho más fuerza, yo ya me había quitado los zapatos y esperando estaba a que me lanzara el de respuesta, pero en eso llegó el árbitro central y le expliqué lo acontecido y también le propinó dos puñetazos que le dejaron el rostro de colores. Pensé que ahí acabaría todo pero no, hay hombres que son el colmo de lo morboso.

Cuando terminó el juego, y nos fuimos a cambiar para irnos, ellos esperaban afuera a que yo me alistara, abrió la puerta intempestivamente para encontrarme desnuda seguramente, pero yo ya estaba vestida y me encontró poniéndome los zapatos. El árbitro central le quiso propinar otra buena tunda pero dijo que era por demás, que eso lo tenía que solucionar la comisión arbitral y que haría un reporte.

Yo no podía creer que eso me estaba pasando en mi primer juego de fútbol.

Agarré mi maletín y me fui descalza con mis zapatos en las manos, me los puse hasta cuando llegué a la estación de buses. El central se quedó con él para asegurarse que no me siguiera.

Yo estaba que la cólera se me volvía saliva espesa en la boca. El árbitro central hizo una carta con el reporte y la entregó a la comisión arbitral el día lunes. Para el día jueves de sesionar me llamaron al frente con dedo acusador, me preguntó el presidente de la comisión –de esos rastreros que se creen militares- de qué largo era mi falda y si hice algo para provocar “al compañero árbitro” yo no podía creer que él me estuviera preguntando eso. Siguieron otras preguntas en las que abiertamente me acusaba de haber provocado el ataque del árbitro por vestir demasiado provocativa.

Martillazos me retumbaban en la sienes, parada ahí frente a los más de 400 árbitros, por dentro me decía, “calmáte, calmáte, Ilka calmáte” di mi versión de los hechos misma que el asistente acusado negó, era un árbitro muy querido por el grupo, ya llevaba años en el panel central y yo apenas era una novata recién graduada. Era la primera mujer y la única de la nueva generación –porque en décadas pasadas ya habían existido otras- en medio de aquel mundo de árbitros. Me dijo el presidente de la comisión que nunca debieron aceptarme como árbitra porque provocaba a mis compañeros porque no era común tener a una mujer en el grupo, y que no sabían tratar este tipo de casos y que temían que se siguieran dando y que no podían culpar a los árbitros porque antes que todo eran hombres. Solteros, casados, divorciados y viudos, pero hombres.

No se me creyó una palabra hasta que el árbitro central que hizo el reporte se puso de pie muy indignado por lo que estaba escuchando   y dijo que lo que estaban haciendo conmigo no era justo, que no podían culparme del ataque del compañero irrespetuoso. Contó su versión de los hechos misma que el grupo arbitral avaló y la comisión tuvo que aceptar a fuerza. El árbitro asistente fue sancionado con seis meses sin salir a dirigir juegos y una multa económica. Me odió.

Así fue mi bienvenida en mi primer juego y en mi primera sesión arbitral como árbitra activa, no tenía idea de las faenas que seguirían con los años, verdaderas hazañas para una jovencita recién salida de la adolescencia que luchaba con todo su ser por un sueño en un mundo exclusivo de hombres. Fue un camino escabroso y en empinada, por el único distintivo de mi género.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Enero 22 de 2015.

Estados Unidos.

Un pensamiento en “La bienvenida con puñetazo.

  1. Siempre hay alguien que rompe los modelos y se arma de valor para luchar en medio de las adversidades, gracias por tu valentía al no amedrentarte ante un esquema machista y patriarcal, por eso te admiro negrita linda QUE DIOS TE BENDIGA,

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