Un telegrama urgente.

El profesor auxiliar toca la puerta del salón y pregunta por mí, dice que necesita hablar urgentemente en su oficina con la alumna Ilka, la catedrática me da permiso de salir y voy, me espera con un telegrama urgente para que mi mamá se presente a la escuela el día siguiente.

Le pregunto cuál es la razón, que si cometí alguna falta, que por qué quiere hablar con mi mamá con tanta urgencia, pero no me contesta y se limita a decirme que si mi mamá no va a escuela no me dejará entrar.

Regreso al salón con el telegrama en la mano, con mis compañeros tratamos de descifrar, bajar libros y atar cabos para ver si tiene que ver con alguna de las perversidades del grupo pero tampoco logramos entender la razón de esa nota.

Estoy en sexto magisterio de Educación Física y la única vez que mi mamá se asomó a la escuela fue el día de mi inscripción cuando entré a cuarto magisterio y eso que me tuve que hincar para que me hiciera el favor de ir a firmar, lo primero que hará es pegarme la jaboneada de mi vida, segundo que me meta mis cuerazos y por último y lo que más me aterra es que se emberrinche y decida no ir a la escuela y hacer caso omiso del telegrama para que no me dejen entrar y perjudicarme en las notas. Es su forma de castigarme por ser diferente.

Voy en el autobús pensando en lo que le diré y en cómo le pediré que me haga el favor de ir, las palabras se me revuelven en la mandíbula y ahí se quedan, me cuesta hablar con mi mamá y mucho más pedirle favores, ella es la última persona a quien recurro y prefiero que esté al margen de todo lo que me pasa. Sola me las arreglo. ¿Y si me dice que no irá, que ahí que mire yo cómo salgo del problema? Lo peor es que no sé el motivo para esa nota, por qué necesitan hablar con ella con tal urgencia.

Llego a la casa y lo primero que hago es ir a buscarla al patio, trago saliva y hablo: mama, aquí te mandaron un telegrama urgente, dijo el profesor auxiliar que te presentés mañana a primera hora o no me dejarán entrar. ¿Así, y ahora qué hiciste vos? ¿Qué fue lo que hiciste para que me manden un telegrama? Ahorita mismo me decís. ¿Otra vez le andan bajando los calzoncillos a los patojos? Mi pobre madre ya cansada de tantas notas que recibió con quejas de los docentes y directores de los centros educativos donde estudié la primaria y los básicos, se ha resignado a que yo sea su hija descerebrada. Un día de estos me van llamar para decirme que te mataron en una riña callejera y yo no te voy a llorar ni una sola lágrima, no puedo con vos, te me saliste de las manos, en qué momento parí a una hija tan demente. De tus hermanos jamás me han llamado del colegio para darme quejas, ¿por qué vos no podés ser como ellos? Seguí el ejemplo de tu hermana mayor, aprendé a ser gente.

Yo prefiero que me descascare a chicotazos pero no escuchar sus plegarias, me desesperan, y no puedo decirle nada, solo la veo a los ojos y le sostengo la mirada hasta que piensa que la estoy retando y comienza con la tunda, es la única forma que tengo para lograr que deje la plegaria y se quite las ganas y se saque la cólera chicoteándome e insultándome a todo lo que da, hasta que se queda sin voz, hasta que alguien más la hace reaccionar y me la quita de encima, después de eso un silencio sepulcral, hasta el siguiente día que empieza de nuevo el vaivén. ¿Por qué no me decís nada y te quedás callada, hablá? Porque lo único que saldrá de mi boca es rencor y no quiero herirte, no te voy a decir cosas que te lastimen, nunca. Lo único que te reprocho es no haberme abortado cuando tuviste la oportunidad. Necesito que me hagás el favor de ir a la escuela, es que si no vas no me van a dejar entrar y voy a perder clases y puntos. ¿Así? Dejáme pensarlo. Me trago la bilis y la frustración e intento continuar, no puedo concentrarme en las tareas, no puedo dormir, el enojo me hierve en la sangre y las ganas de salir corriendo y no voltear atrás. Algún día me iré, lejos, muy lejos.

Mientras preparo el café de la mañana le pregunto si irá conmigo a la escuela, me dice que sí. En el autobús otra jaboneada, pero le aclaro que no he robado nada y que no golpeé a nadie. Llegamos, el profesor se nos queda mirando asustado, mi mamá es blanca ojos claros y yo negra, pregunta, ¿usted es su mamá? No la conocía. Sí, yo soy la mamá de esta mula sin rienda, mucho gusto. Pase por favor a la oficina de la psicóloga, que la está esperando. Me voy de este mundo, ¿a la oficina de la psicóloga? Pero para qué citó la psicóloga a mi mamá, señora sin oficio, que se dedica a andar enjuiciando a todos los alumnos solo para cobrar su cheque a fin de mes, de psicóloga no tiene nada. Entonces sí me preocupo, nada bueno puede venir de parte de la psicóloga.

Entramos ambas y la misma reacción de la señora, ¿usted es la mamá de Ilka? Mucho gusto, la mandé llamar porque necesito hablar con usted con urgencia, no sé si usted sabe pero me imagino que no, pero su hija tiene novio. Yo contengo la risa, digo para mis adentros, ¿mandó a llamar a mi mamá porque tengo novio? …Uta ma, ésta señora sí que no tiene oficio. ¿Novio? Pregunta mi mamá. Sí, desde hace tres meses anda con un muchacho de cuarto magisterio, y me preocupa porque su hija está en sexto y ha dejado clases y si no se esfuerza un poco más no logrará graduarse con el resto de sus compañeros.

Aquí han salido alumnas embarazadas y han dejado de estudiar, no queremos que suceda eso con ella. Mi mamá: dígame la verdad, no tenga pena, ¿usted la ha visto detallándose o haciendo algo indebido? Es que si me dice que sí ahorita mismo la despellejo enfrente de usted, que yo no le pago la escuela para que venga a perder el tiempo ni para andar con novio. Yo quise decirle: mama, disculpá pero la escuela es de gobierno y no pagás nada, más bien yo miro cómo hago para conseguir mis pasajes. A la psicóloga le cambia el semblante. No, señora, bueno sí, la he visto con el novio pero no haciendo cosas indebidas. Veo la mirada de arrepentimiento de la psicóloga, lamenta haber mandado a llamar a mi mamá. Solo le mandé a citar porque Ilka es una alumna a la que apreciamos mucho y no nos gustaría que no se graduara en limpio, y porque necesitamos que la apoye en su casa. Yo pensando para mis adentros: pobre ilusa. ¿Apoyo?

Mire señora psicóloga, yo hago lo que puedo pero ésta es una burra y no entiende, ahí que mire ella si se gradúa o no, pero yo le agradezco que me mandara a llamar y me informara.

Salimos de la oficina de la psicóloga y mis compañeros apostados en la entrada del salón para conocer a mi mamá, que va con la cara roja como tomate, de la pura cólera. A bueno vos, me hacés venir a la escuela para que me den queja de tus calenturas, qué vergüenza. Me dan ganas de agarrarte ahorita mismo del pelo y arrastrarte hasta la puerta, para que todos tus compañeros te miren, pero no lo haré, ahí cuando llegués a la casa me las pagás. ¿Por andar con novio estás dejando las clases? No, mama, vos sabés muy bien que dejo retrancas porque no puedo con todo, no soporto estar en la casa porque siempre me estás insultando, porque siempre me reprochás haberme parido, se supone que el hogar es el lugar más seguro del mundo, para mí es mi suplicio.

Tener novio es lo de menos y no interfiera en nada.

Y quién es el novio ése, y yo volteo a ver alrededor y en la cafetería está mi novio siguiendo todo el espectáculo, me hace una mirada para preguntar si puede acercarse pero yo lo fulmino con un no. Si se lo presentara le caería bien, primero porque es blanco, alto, ojos verdes y muy cortés. Me la imagino soñando con nietos blancos y de cabello rubio.

Quiero que me lo presentés ahorita mismo porque no quiero que te falte al respeto, en cambio si mira que tenés mamá será distinto, verá que no sos cabra loca, que por lo menos tenés casa. Mama, no es necesario que te lo presente, el respeto me lo gano yo, de eso vos no te preocupés. Que me lo presentés te digo, ¿acaso es un drogadicto o marero? No, bueno y si fuera así qué, dejáme en paz. Es que si es un drogadicto o marero y vos no te graduás y encima me salís embarazada te juro que te mato a leñazos. No, mamá no voy a salir embarazada y sí me voy a graduar. Pero, ¿me lo vas a presentar? No, nunca te he presentado novios, por qué querés que lo haga ahora. Cuando me nazca hacerlo yo te lo llevo a la casa no te preocupés, pero solo es un novio mama, no pensés que es el fin del mundo.

El novio que siempre quiso ir a pedir permiso a mi casa, desde el primer día me reprochó no haberlo presentado con mi mamá, cosa que sucedió igual con todos los novios que tuve, pero mi razón fundamental y que estaba muy enraizada nunca fue la rebeldía en sí, o querer llevar la contraria, es que siempre fui excluida de la familia y eso me desbarató la vida, opté por vivir dentro de mi propia burbuja, con mis cosas y mi mundo totalmente aparate del de ellos, si no merecí el mismo trato, si siempre mi color de piel fue mi lastre, si mi carácter fue mi sentencia, si ser yo misma les enfada y avergonzaba, para qué los iba a hacer parte de mi mundo, si nunca fui parte del de ellos. Por eso no les presenté novios, ni amantes ni nada. Mi harén me lo he disfrutado sola.

El novio me mandó al diablo porque un día quedamos que iría a mi casa, pero se me olvidó la fecha y no lo tomé en serio, pensé que había sido una conversación cualquiera, de esas de “algún día será” pero él sí y hasta llevó a su mamá, y se quedaron ambos esperándome en la estación de buses a donde yo tenía que ir a recogerlos, nunca llegué. No fue adrede. El día lunes me mandó al diablo y ni pío dije, él quería algo más serio y pensaba en hijos y matrimonio y yo apenas, apenas en la vorágine de mis tormentos emocionales, quería irme lejos, muy lejos, al infierno.

Lo vi pasados los años, estaba más guapo que nunca, iba de la mano de su novia actual, me encantó él, pero más me gustó ella.

Me fui, lejos muy lejos, al infierno. Y no me arrepiento, es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Ilka Oliva Corado.

Octubre 23 de 2014.

Estados Unidos.

Un pensamiento en “Un telegrama urgente.

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