Atletas humildemente grandes.

Hay una canción de Fito Páez que reza así: “Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón, tanta sangre que se llevó el río, yo vengo a ofrecer mi corazón”.
¿Y qué más puede ofrecer una persona digna sino el corazón? La esencia, su mirada lozana y transparente, el estruendo de su voz atravesando montañas,  alcantarillas y fronteras.  Su sangre hirviente danzando al ritmo de un sueño,  exigiendo justicia y defendiendo su derecho a existir, al libre albedrío, a la oportunidad.  Su sudor derramado con sangre misma  en la invisibilidad de las clases sociales, el racismo y el abuso y la corrupción.
Más allá de la apatía, de la desidia, de la traición. Más allá de la burguesía y de opulencia arrogante existen las clases: campesina, obrera y proletaria. Qué son las de la honra, la docencia, la honestidad y las del ímpetu de superación.
Son las que respiran lucha, las que miran de frente al sol, las que llevan agua bajo el temporal y no  buscan cornisa alguna para guarnecerse del nutriente que alimentará sus raíces. ¡Florecen!
Allá en la alcantarilla, en las sombras, en los linderos hay otra Guatemala y es la que madruga todos los días  y busca el sustento con dignidad. Es la que no roba, la que no miente, la que no vende la patria, la que no se pavonea, la que no inventa leyes infructuosas, la que anda a pie.  La Guatemala que no es fanfarrona ni arrogante.  La humilde y leal.
Y de esa otra Guatemala que no es noticia de primera plana, la que no sueña con ser de otro país,  la que se parte el lomo en busca de una oportunidad más allá de las murallas impuestas por el clasismo, racismo y doble moral. De esa otra Guatemala  germinan las semillas de raíces profundas, fuertes, saludables, las que ninguna traición es capaz de arrasar. Por más que las corten, las quemen y la silencien.
Renacen dentro de la aridez de la invisibilidad.
Mientras la otra Guatemala expone ante el mundo las cortinas de humo, los trajes finos, los centros comerciales copia barata de un sistema capitalista y consumista,  y  manifiesta el rostro del genocidio en un presidente culebrón, la Guatemala  del lindero no descansa y es la que lleva agua a la noria, es la que  invita las libélulas a la quebrada y las luciérnagas a la hora de la oración. Es la de los cantos de los grillos y los caminos enlodados. La Guatemala de los techos de lámina y paredes de lepa y nailon.
Es la Guatemala de las escuelas públicas donde no hay pupitres, la de los y las estudiantes entusiastas y dignos.
La que recibe día a día la puñalada de la clase dominante, la que se cree pulcra, santa  y distinguida. La de la felonía, la avaricia y la perversidad.
A pesar de la mezquindad de quienes dirigen el Ministerio de Cultura y Deportes, el Comité Olímpico, la Confederación Autónoma de Guatemala, es decir: a pesar de generaletes genocidas que solo favorecen a cierto grupo de atletas soquetes y de mustias que  pertenecen a la clase de los ojos claros y cabello rubio, de apellido raro y de cuentas bancarias producto de asaltos a la madre tierra que los parió,  a pesar de las estrategias por comprar marcas, pases y medallas,  no han podido con la sangre roja que nunca cambia de color, porque es la savia de un pueblo milenario y originario. Contra la cáscara de encino y del conacaste ninguna tala despiadada puede.
Entrenos exhaustos, madrugar para soñar con la quimera extinta para tantos y tantas pero visible para quien se atreve a ver más allá de los muros y de todo obstáculo impuesto por un sistema, por un gobierno, por una sociedad que entre todos sus males, le supura el racismo, la corrupción y la doble moral.
Ahí están pues quienes a pesar de Guatemala dan medallas al país,  a quienes  les duele Guatemala en la médula espinal y  entregan la savia de la misma para honrarla, para llevarla a lo más alto del podio deportivo, para gritar al mundo que allá abajo en la alcantarilla también se respira, se sueña y se lucha día a día por alcanzar las metas, para que el corazón  no muera derrotado en la desdicha del zarzal que no tiene donde aguar la raíz.
Nuevamente y para comprobar que las disciplinas individuales son las que suben al podio de la inmortalidad.
Ahí están las y los deportistas humildemente grades que  han dado un nuevo rostro, que le  han   inyectado energía y frescura  a   la ilusión de miles de crías que sueñan con la oportunidad de practicar deporte a nivel olímpico,  ése al que le temen y  los burgueses  y osan comprar a costa de todo porque lo que más les falta es lo que nos sobra a la gente  obrera, campesina y proletaria: ¡ímpetu! Resistencia, contundencia, valor, carácter y tenacidad. Firmeza.
Más allá de las fronteras de Guatemala por muy compradas que lleven las marcas y los puestos algunas firmitas de la clase dominante, robando con esto oportunidades a quienes realmente lo merecen,  solo sobresalen quienes de verdad  han  logrado su pase a una competencia de élite,  por el camino correcto  y  único.  Son capaces de vencer el cansancio físico mientras que quienes están ahí porque sus familias tienen contactos en el Comité Olímpico, con generaletes genocidas y con licenciados corruptos, desfallecen en las primeras de cambio.
Alma y corazón  es lo que se necesita. Una mentalidad perseverante que ya poseen quienes pertenecen a las clases: obrera, campesina y proletaria pues milenariamente nadan contra la corriente. Es ya habitual que no desmayen cuando la calamidad castiga, cuando la adversidad esclaviza.
Son pué, estas letras dedicadas con amor profundo a las y los atletas  humildemente grandes que siendo de pies descalzos han logrado con la hermosura de la flor de chipilín, el aroma del pino hembra  y el polvo del arrabal, llevar una vez más el nombre de Guatemala al podio más alto de la élite deportiva.
A pesar de haber nacido en un país que niega oportunidades de desarrollo, donde las crías carecen de una educación  integral, donde pocas escuelas cuentan con los recursos  materiales y humanos para llevar de la mano la Educación Física con las matemáticas y Formación Musical.
A pesar de no contar con parques ni con polideportivos. A pesar de  que  se invierte más en armas que en libros. A pesar que se están cerrando los espacios donde se archiva la memoria histórica y  colectiva. A pesar de inyectar constantemente a esta sociedad la idea fija de la desigualdad, de la inequidad de clases, de género. A pesar de la deshumanización y de un gobierno de corruptos que sobre pasa el colmo del descaro.
A pesar de los pesares, mis crías hermosas: ustedes, mis niños y niñas de arrabal, de pueblo y de los linderos, gracias por permitirnos saborear este triunfo en los Juegos Bolivarianos de Trujillo 2013, con la misma emoción ya conocida y con la cual despertamos y nos vamos a dormir: la de vencer a pesar de la vicisitudes.
Loor a Erick Barrondo, El Mito. A mis niñas hermosas: Ana Sofía Gómez y Mirna Ortiz y a todo aquel y aquella atleta de pies descalzos que en esta cosecha deportiva aportó a que Guatemala brillara entre tanta inmundicia que aqueja al país. Ustedes están haciendo su propia revolución que no necesita armas ni que corran ríos de sangre,  y es la de demostrar a quienes les quieren cortar las alas que: no hay ningún horizonte que por muy lejano que parezca ustedes no puedan surcar.  Nosotras las almas de la alcantarilla celebramos su triunfo. ¡Larga vida a quienes se atreven a soñar y abrazan quimeras!
¿Qué sería de la infancia guatemalteca si tan solo contara con las oportunidades de desarrollo?
Ilka Oliva Corado.
Noviembre 28 de 2013.
En mi tabuco.

Un comentario

  1. ESTO ES UNA REALIDAD, EN QUE SE INVIERTE MAS DINERO POR HOY EN CANASTAS NAVIDEÑAS PARA LOS DIPUTADOS QUE CUESTAN LA MINIMA CANTIDAD DE $. 1,375.00 O SU EQUIVALENTE EN QUETZALES MAS O MENOS Q. 11,000.00, NO TRABAJAN, ROBAN Y APRUEBAN PRESTAMOS EN LOS CUALES LOS QUE NO HAN NACIDO YA DEBEN, QUE VIVAN NUESTROS DEPORTISTAS QUE VIENEN DE LA PROVINCIA, QUE ELLOS MISMOS COMPRAN SUS IMPLEMENTOS, URGE QUE YA NO LE DEN DINERO AL FUTBOL, A LA EQUITACION, ESGRIMA, QUE SON DEPORTES DE CLASE A, SALUDOS DESDE GUATE.

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