Efecto niñera.

¿Has escuchado vos del efecto chanfle, comba? ¿De la chilena?, ¿guanaca?, ¿bicicleta? O la expresión de ¡matála! Bueno hablando en jerga de fútbol callejero. Bueno pues el efecto chanfle se logra cuando tocás el balón con el empeine exterior del pie y le das justo en uno de sus costados no en el centro, entonces toma forma de comba como de orilla de sombrero, de falda, de ruedo de pantalón campana, de panza de colima, medio arqueado y así se va por el aire y cuando logra bajar ha recuperado la línea recta. ¡Eso es darle con clase al balón! De las otras vainas te explico después en la chamusca.
Pues hablando de efectos también existe el efecto niñera. ¿Cuál es ése?, dirés vos. Imagináte nomás.
Cuando yo recién apeada de la yegua en tierra gringa recuerdo que hubo algo en particular que me causó estupor y fue ver la cantidad de asilos de ancianos prácticamente uno en cada pueblito. Aquí a dos cuadras de donde vivo hay uno y salen las cabecitas de algodón a tomar el sol y caminar al parque, llevan sus enfermeras o quienes los cuidan, siempre diría yo que es una persona extraña ajena a su familia consanguínea.
Es una desolación la que se siente verlos encorvados en la soledad de la edad, ensimismados en los recuerdos de una vida que se les escapa lánguida.
Yo vengo de un país donde las crías se van de la casa hasta que se casan, donde –por la pobreza entre todo- duermen cuatro retoños en una misma cama, donde se comparte la ropa, los sostenes y los calzones con las hermanas: no digamos los zapatos y el mismo tubo de pasta dental para toda la familia. Hablo expresamente de las laderas, de otras latitudes no me hablen porque ahí no conozco más que la avaricia en “las casitas del barrio alto”.
Yo vengo de un país donde con una libra de frijol se come toda la semana, hirviéndola todos los días y tomándose el caldo nada más sopeándolo con tortilla.
Con el tiempo he ido comprendiendo por qué existen tantos asilos.
Y es que todo comienza desde la raíz, va.
El desapego de las Nanas y Tatas a las crías lo mirás por donde quiera. El invaluable trabajo de las niñeras es el que cuenta aunque el salario no valga la pena, aun no se han dado cuenta que somos sus trabajadoras más importantes, porque cuidamos lo más valioso de sus vidas.
Esos tatas que se pasan el día entero trabajando amasando fortunas con el único afán de comprar ropa de marca, carros de último modelo y tener mansiones con piscina y gimnasio que nunca usan. Esos Tatas que prefieren enjaranarse con un carro deportivo de último modelo en lugar de invertir en la educación de sus crías.
Las Nanas que prefieren irse una tarde entera al salón de belleza en lugar de ir a ver a su niña a la clase de arte o al niño al juego de béisbol. Las que no asisten a las sesiones de la escuela y somos nosotras quienes las representamos.
Para eso estamos es una especie de trato subliminal del que no se habla cuando te contratan pero que sabés que es parte de tu trabajo actuar como madre, al final del día lo sos aunque esa cría no haya salido de tu vientre.
Entonces somos nosotras las que sabemos cuando tienen fiebre, qué quieren comer, a qué hora toman la siesta, qué zapatos ya no les quedan.
La madre llega al final de la tarde solo para decirte: muchas gracias ya te puedes ir te veo mañana.
Somos nosotras la que nos disfrutamos sus primeros pasos, su primer día de escuela, su primera caída en bicicleta y los paseos en el parque. A las que nos orinan, nos vomitan, se nos duermen en los brazos y a las que nos extrañan el fin de semana. Las que les damos desde el desayuno hasta la cena y les ponemos las pijamas para dormir. Las que les leemos libros. Y son estas crías también las que hacen vibras las fibras más íntimas de tu ser. Un amor inexplicable probablemente que solo entienda una madre en toda la extensión de la palabra.
Nosotras las mujeres extrañas que hemos venido de tierras lejanas. Sin embargo no se trabaja por la cantidad de dinero que ganás si así se acordara imagináte qué no haríamos con las crías las trataríamos miserablemente como objetos de segunda mano tal y como nos tratan las patronas y patrones, sería una especie de venganza.
Al contrario aunque no hablemos a cabalidad el mismo idioma hay uno universal que no necesita más que de la confabulación de las almas y ahí no tiene cabida ninguna cantidad de dinero ni de alcurnia.
Los padres se desaparecen por semanas en vacaciones en islas paradisiacas y dejan sin ningún apego a tu cargo a sus crías, porque antes de haber cumplido los diez años de edad –dicen- les echan a perder las vacaciones.
Compensan las ausencias con regalos caros y es la manera en que enseñan a las crías a valorar el tener y no el ser. Con patadas de ahogada las Nanas dicen que dan tiempo de calidad, calidad le llaman a dos días de la semana y no siempre porque en el fin de semana vienen las fiestas, las reuniones, y somos nosotras las que los llevamos a las piñatas, las que nos quedamos con las crías cuando los Tatas salen a divertirse y regresan borrachos al amanecer.
Somos nosotras sus niñeras quienes les damos cobijo, quienes los escuchamos cuando tienen algo qué decir, quienes les aplaudimos las hazañas y quienes los reprendemos cuando es necesario. De esto las madres no se enteran porque viven en un mundo de fantasía y maniquís.
Con los años es muy probable que las crías se olviden de vos o te recuerden si has dejado huella, pero eso ya no es de tu incumbencia vos diste lo mejor de tu ser para hacer de este mundo un lugar con mejores seres humanos.
Con el tiempo es probable que pasen a la par tuya ya de adolescentes conduciendo un deportivo de último modelo recién comprado por papi y mami y que en lugar de saludarte te pasen llevando o también que aunque se hayan mudado de Estado o de país te llamen por teléfono para saludarte y te hablen en tu idioma y te cuenten que como agradecimiento a vos lo siguieron estudiando en la escuela, esa dicha inunda el corazón.
Que no sorprenda que la cría tenga más de la niñera que de los propios genes de los Tatas, ellas aprenden con el ejemplo así es que todo lo que la niñera haga lo imitará: es la persona pasa más tiempo con ella.
Con todo y con tanto el efecto niñera es invaluable, pésimamente remunerado, un trabajo de tercera categoría para quien no valora el privilegio de poder ayudar a formar un ser humano con valores, con conciencia, honestidad , lealtad y respeto a todos los seres vivientes del planeta. Es un trabajo de tercera categoría para quien no entiende que madre no es la que pare sino la que cría.
Ésa es la razón por la cual hay tantos asilos: lo que das la vida te lo devuelve con creces.
Dedico este escrito a todas las madres que dejaron a sus crías en sus pueblos, en sus países de origen y emigraron en busca del sustento y de mejores oportunidades para sus retoños. La lejanía es agria la recompensa muy poca para lo que calcina la distancia y la ausencia. Valientes y arrechas andariegas del destino.
Ilka.
Mayo 09 de 2013. En las vísperas.
Tabucolandia.

7 comentarios

  1. ¨Ta´gueno, vos! Como Arturo, el del Brindis: Inspirada has estado!. Sobre el chanfle tambien se le puede dar con ¨la caja¨. ¨La guanaca¨ (aparte de la que me proporciono la dicha de tener “tripas” de hijos) que yo miácuerdo es la que se hacia con ¨la cicle¨.

  2. gabriela enríquez

    bellísima reflexión Ilka.
    me sumo al homenaje. gracias por tus palabras

  3. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Estimada Ilka: No cabe duda que tenés en tus manos una gran responsabilidad, en lo que podás contribuí a hacer mejores gringos, más humanos y con conciencia social. Las niñeras al igual que los tapescos pueden hacer grandes o mediocres hombres, es en la infancia en donde se esculpen los carácteres de los futuros ciudadanos del mundo. Te deseo lo mejor. Chitos, Chente.

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