Hoy la nostalgia amaneció deshilando tu nombre… Comapa.

Hoy amanecí; con dolor de tierra. Como le llaman los emigrantes en Suiza, me cuenta una amiga que vive en aquellos guindos de verdes paisajes.
A mí me pasa seguido, y es que llevo algunos años viviendo en éste país y no hay manera que se me quite (ni con una buena chilqueada), la sensación de desconsuelo que me provoca ésta realidad: ser extranjera. El clima influye mucho (demasiado diría yo) en mi estado anímico, y me hace revolotear, sentirme extraña, fuera de lugar, insípida con ese eterno problema insoluble: no calzar. Paso muchas noches en vela, sumergida saber ni en qué lugar de mis recónditas nostalgias. Hasta que amanece y vengo de vuelta de aquel trance emocional, en ese instante me doy cuenta de que estoy aquí y no allá… Me sucede a menudo, el tergiversar los acontecimientos del tiempo…

Aunque faltan más de veinte días para que entre oficialmente el otoño, este ya ha empezado a dar sus espiadas, el invierno se robó más de un mes y pico de su tiempo de aire, esto le quitó espacio a la primavera que a empujones dejó entrar al verano y al pobre lo sacan ahora arreado, difícilmente disfrutamos de semanas de calor, ahora la humedad ha desaparecido y los días de cielos azules ya empiezan a ser difuntos.

Por cierto te quiero contar; algunos días íbamos con una amiga y mi hermana las tres mosqueteras, de pata de chucho, a abrir la boca a donde nos dirigiera nuestra nariz. Mientras yo topaba la loza al vidrio empeñado del carro, ida…ensimismada, viendo cómo la lluvia bordaba aquel paisaje me enteré que: ¿mirá vos Ilka ya sabés que llegó la civilización a tu Comapa? Me volteo azorada para preguntar nuevamente lo que medio creí haber escuchado, ¿qué decís? ¡Sí, que ya hay banco en Comapa y es Banrural! ¡Chis la droga! En ese instante una enorme emoción invadió mi cuerpo, tuve ganas de bajar el vidrio de la ventana y salir al encuentro del viento sentada en la puerta y gritar a todo pulmón ¡Ya hay banco en Comapa! ¡Ya hay banco en Comapa! Pero lo tuve que hacer sentadita en mi sillón mientras mi amiga manejada y mi hermana se tomaba su vaso de café. Pobres las patojas tuvieron que escuchar mis gritos de loca y secar mis lágrimas de euforia aquella mañana de verano irónicamente nublada. ¡Sí, porque lloraba por vos!

Hoy amanecí en la otra punta de la cama, loqueo para dormir y las sábanas junto a las almohadas esperaban para ser recogidas en algún lugar de la pata de la misma. Aunque la cama es espaciosa y cómoda extraño la mía, y sus patas de metal… la de colchón comprado en las mueblerías de la Bolívar. Me asomo a la ventana y veo el vidrio empañado, suspiro; y me rodea de nuevo instantáneamente ese hormigueo, que se apodera de mi cuerpo cuando la distancia se hace más profunda y se aparca en los poros de mi piel, me dirijo a la cocina y saco una semita congelada que guardo desde hace muchos meses en el refrigerador. Mientras la acaricio recuerdo esa frase que leí en algún libro: “nunca volvemos a lo mismo, ni somos ya los mismos.” Esa frase se ha internado en mis pensamientos y aparece de cuando en cuando, a plantarse abusiva entre ceja y ceja. Vaya verdad. Pienso. Nunca… Bueno, tal vez solamente en la magia de nuestros recuerdos…

Mientras logro descongelar la semita, me doy una ducha imaginando que el agua que cae de la regadera es fresca , fría y huele a tierra, (a la árida tierra de la Reina de Las Colinas) la recibo de a palanganazo limpio, en la pila de mi abuela con guacal de morro, aquel baño improvisado queda al final del sitio, sus paredes son de costal, sin techo, éstas te cubren hasta medio pecho así que para que no te miren lo vecinos que caminan en la calle (peor si van montados en sus bestias) te tenés que agachar y acurrucadita sobre una tabla o un pedazo de piedra; con tu cuerpo embarrado de jabón de aceituno te limpiás el polvo de la ausencia y la suciedad inhóspita de la distancia.

Preparo una taza de café que pongo a hervir, (que vino bajo de agua desde tus entrañas) aunque en la cafetera estará listo en cinco minutos prefiero imaginarme la olla de barro, reculada en las brazas sentada justo a un lado del pollo de mi abuela, debajo del rescoldo de su enorme comal. Allí mismo lo tostó moviéndolo con tuza seca y apaciguando el fuego para que no lo amargue al pasarse de tostado. Ese café lo sorbo solamente en días especiales, como hoy, en que el vendaval de noviembre ha entrado a la sala de mi hogar. Y me dejó desarmada, débil, desnuda; oliendo a vos, mi más viejo y leal amor: Comapa.

Ese viento frío y austero me invita a bañarme de recuerdos que aparecen en canastos, aparte de las lágrimas que empapan mi rostro y la vista nublada, un tibio abrazo se apodera de mi, es sin duda el que me envía mi abuela desde su cocina, el pijuy apostado en el izote (desde siempre) le ha de haber contado en su canto de todas las mañanas que la nieta ausente añora sus pishtones y ticucos, y las caricias de sus manos fuertes tapizadas de arrugas.
Se me va a venir el niño sino logro apaciguar ese antojo y es que veo pasar los platos de leche (pura) con tortilla recién salida del comal, frijoles parados y unos granitos de sal. Me las quiero comer con los dedos, así de montoncito, como cuando era niña y devoraba los mamasos con queso y crema.

Hoy me levanté con necesidad de vos. De sentir el dolor tus hijos con sueños frustrados que no han podido escapar de la miseria, ellos de espaldas encorvadas que abonan la tierra y limpian la cosecha, de tus mujeres preñadas de piernas rollizas acarreando tinajas de agua, de tus niñas con sus panas de masa caminando hacia el molino, de tus abuelos analfabetos que descansan sentados en la hamaca de algún corredor, o en una vieja butaca frente a la calle humando sus puros. Tengo sed de tu agua fría que nace en la Joya… y atraviesa El Pino hasta quedar empozada en Las Crucitas. De tus calles enlodadas de adoquín quebrado. Tengo anhelos de volver, de regresar a vivir aquel atardecer que se desnudó sumiso deshilando los finos brochazos de luz en el languidecente horizonte oriental. Quiero devorar el jocote de agosto hasta quedar empachada. Tengo deseos de vos, de devanarme en los lodazales y cundirme de niguas los pies descalzos, de ver tus noches bordadas de estrellas, y tus madrugadas desperezarse con el canto del gallo. Me asaltan las ganas de empaparme bajo la lluvia y secarme sentadita en la cocina junto a las brazas del pollo, tomando una escudilla rebalsante de atol de masa y masticando una tortilla con sal. Añoro las noches de aguaceros y el jugueteo de las gotas de lluvia chocando contra la teja, de buscar panas para cubrir las goteras, después ir a trancar la puerta con el chuzo.

El mes de agosto por alguna razón en especial se pavonea cada año y logra arrebatarme la respiración en incontables ocasiones, porque en sus treinta y un días siento el indeleble olor a milpa mojada y el coqueteo del jilote tierno que la ha preñado, me abraza la hoja del chipilín recién cortado, el amarillo del nance maduro que espera austero en los potreros áridos; listo, dulce, limpio, fiel a mis manos. Las quebradas rebalsantes de agua lodosa, pronuncian en el eco de su música un sutil mensaje que sólo quienes dejamos el ombligo en aquellos potreros podemos identificar. No importa qué tan lejos estés, siempre lo vas a escuchar. Cuando la tierra grita tu nombre la distancia desaparece y sede el espacio a tu respuesta; tu agrio llanto de hija ausente.

Hoy amanecí oliendo a vos, a tu campiña, enredada en tus güisquilares, bañada en las aguas del río Paz, te abrazo, te beso, te añoro, te llamo; escuchás mi voz acongojada , venís y te sentás aquí impregnando mi piel del dulce s
abor del jocote de corona, venís; sos vos , estás aquí; hoy, mi eterno amor: Comapa.

Ilka Oliva.


Lunes, 31 de agosto de 2009.
Estados Unidos.

4 comentarios

  1. Ilka: desde que Aldo Bonilla me hizo llegar su link constantemente le pregunto que ” cuando vá a volver a escribir la Doña” la forma narrativa de como escribe me hace recordar a Virgilio Rodriguez Macal ( espero no ofenderla por la semejanza ) por las sensaciones tan especiales que logra arrancar desde el centro de mi ser, realmente la felicito y aunque no tengo el gusto de conocerla me siento muy orgulloso que todavía tenemos escritoras como Usted que son valiosos tesoros para los que estamos tan lejos del terruño.

    Gracias por escribir de la forma en que lo hace y me quedaré impaciente esperando por su nuevo artículo.

    Saludos desde Houston Texas.

  2. NEGRITA DE MI ALMA:
    todo lo que siento por ti se hace más grande, añoro verte, la nostalgia que yo siento no es por la tierra, es por tus huesos, pero ánimo negra, la lucha más grande es contra ti misma, y yo te apoyo en cada una de tus decisiones, ese Aldo de 48 está simpático, pedile que sea tu novio, si es que todavía está libre,
    un BESOTE, la de siempre tu ATARDECER

  3. pues por aqui te saludo chica, esperando que sigas con tus escritos

  4. Nuevamente felicitaciones Ilka por estos tus escritos, realmente te inspiras y siempre lo he dicho que es buenisima onda que lo plasmes y que lo compartas con nosotros. Hasta luego amiga.

    Saludos!

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