La soledad y las agallas de los pueblos originarios de Guatemala

Ayer, 24 de noviembre, día martes, los pueblos originarios llegaron a la capital a manifestar. No llevaron sombreritos de Esquipulas, ni pitos, ni panderetas, redoblares ni sartenes de ni mierda. Ni banderas, ni chinchines, ni cuñas de ni mierda. No llegaron con egos de gimnastas, trapecistas, cerveceros ni cevicheros no sé qué. Llegaron, solo llegaron con la prestancia milenaria, con su indumentaria de siempre, unos con zapatos otros con caites, con sus pantalones remendados, con sus ponchos de Toto y sus manos de barro, con su piel ajada por el sol. Con las manos surcadas del trabajo del campo. Con las tripas chirreando de hambre, la del día y la milenaria.

Llegaron, simples, únicos, sin alharacas, sin andar de mártires. Y estuvieron solos, como lo han estado milenariamente. Los capitalinos mestizos, que dicen amar Guatemala, que dicen ser grandes luchadores sociales, los que dicen ser grandes estudiantes universitarios, los egresados, los clase media, los que se toman fotos en las manifestaciones los sábados de ir a broncearse, para redes sociales, los que se andan dando golpes en el pecho de grandes mártires, los que hablan tres idiomas, no llegaron a ofrecerles pero ni una bolsa de agua pura, mucho menos un pan con frijoles. La dignidad no la da un cartón de universidad, ni pertenecer a deportes de élite, ni dejarse el pelo largo y los pantalones abajo de las nalgas, ni cargar playeras con el rostro del Che, ni sacarles la madre a los policías que llevan horas bajo el sol, con sueldos atrasados, no la da ni la fanfarronería. En Guatemala la dignidad la tienen los pueblos originarios, ellos y solo ellos. ¡Las agallas también!

Fotografías de Nelton Rivera.

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado

25 de noviembre de 2020.

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