Foto. Comapa, mi pueblo natal

Mis amores, tengo que compartirles esta foto.

A los 15 años por fin mi Nanoj me dejó ir a conocer mi pueblo natal, no lo había hecho antes porque decía que a los únicos dos buses que salían de Comapa para la cabecera departamental y para la capital, los asaltaban los cuatreros en la madrugada, y abusaban de todas las mujeres. Cuando llegaron más buses y cambiaron los horarios y empezaron a salir durante el día, entonces me dejó ir a ver dónde dejé el ombligo.

Para mí fue un descubrimiento que me cambió la vida y que  profundizó aún más mi amor por la tierra de mis abuelos maternos, de mis tías y mi Nanoj. Mi pueblo natal. La conocía por historias que contaban mi mamá, mis tías y mis abuelos, la conocía por la forma en que nos estaban criando, porque podremos haber sido criadas en el capital, pero con raíz de Jutiapa en todo sentido, desde el hablado hasta la forma de comer.

Desde aquella primera visita no falté todos los años hasta el día que emigré. Comapa me hechizó desde el primer instante, tanto que desde ese primer día decidí que viviría allá, mi sueño era irme a vivir a Comapa, entre las hojas de dormilonas, los matasanos, las flores de chipilín y los aceitunos. Entre los zacatales del caminón, los palos de  nances, el jocote corona, rojo, pitarrillo, tronador y Santo Domingo. Me enamoré de los atardeceres color flor de fuego, de las tejas chiltotas, de su gente. Me enamoré perdidamente de mi raíz. Desde ese primer instante todo tuvo sentido, y comprendí  mucho del comportamiento de mi mamá y de mis tías. Pasaron los años y cosas pasaron en mi vida, y aquel anhelo se fue quedando en mis nostalgia. Probablemente nunca vuelva a ver a mi pueblo natal, ni a caminar por sus calles empedradas, pero está en mi letra, que es mi resistencia….

Les comparto una fotografía que me acaba de enviar Juan José López Mota, un profesor que  me dio clases de natación cuando estudié  magisterio en  la Escuela Normal de Educación Física. Es foto de hoy, de hace unos minutos. Es el centro del pueblo, a esa iglesia solo llega un sacerdote de vez en cuando a dar misa,     una vez al mes los domingos, la cuidan varias monjas. Quienes han leído mis poemas y mis relatos, tal vez recuerden “La  Pilona” es muy recurrente en mis textos. En Comapa escasea el agua potable, ese chorro en el parque es donde llenan sus tinajas las mujeres de las aldeas, cuando van al pueblo.

En fin les podría describir tantas cosas de mi pueblo con esta fotografía, pero no quiero aburrirlos, solo quiero compartirla con ustedes.

Les presento a Comapa, mi pueblo natal.

 

Ilka.

Gracias profe, por este regalo maravilloso.

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