El negro, prieto, azabache

Hace unos días me topé  con un negro, prieto, azabache, hermosísimo. De esos hombres hechos a mano. Con esa herencia africana en cada célula y que afloraba en su piel, en los gestos y en la mirada. Levité. Me fascinan los negros oscuros tirándole a azul petróleo.

Tuvimos un cruce de miradas y se detuvo el tiempo, todo él era África, (esencia que me trastorna) iba vestido en pantaloneta y playera de mangas cortas, el sol del verano había bronceado su   piel caoba y acentuado la hermosura de sus músculos torneados.

Tenía tatuajes de etnias africanas en cada centímetro del cuerpo, me enloqueció. Me sonrió y sus labios carnosos llenaron de color el día, se me erizó la piel.

Fue un encuentro de unos instantes, algo fugaz, en medio de la avenida entre el tumulto de gente y el sol desnudo del verano estadounidense. Fui la primera en hablar, ¿de dónde eres? De Angola. ¡Lo sabía, eres africano! Sonrió. ¿Y tú? De Guatemala. No pareces guatemalteca, pareces caribeña. Sí, así me han dicho, ¡me encantan tus tatuajes!, él contestó inmediatamente: ¡gracias, y a mí me gustas tú! Me corté, me momifiqué, me volví un cubo de hielo, enmudecí. Me fui de esta vida. Quería correr y esconderme debajo de la cama de metal con la pata coja, como cuando era niña.

Se me quedó mirando esperando una reacción de mi parte, no pude, no supe qué decir. No esperaba esa respuesta, le dije adiós, le di la mano y seguí mi camino. A los segundos reaccioné, y lo busqué con la mirada, sus pasos se perdían entre los veraneantes. Me dije pensando en mis adentros: ¡Negra, sos la mujer más cleta que conozco!

Me dejó esa sensación de la cadencia del regué de Bob Marley que bailan los huele pega en las calles empolvadas de los arrabales de la Mamá África. Y quise comerme a besos a ese negro, prieto, azabache y colgarme de su cuello como racimo de guineo maduro y definitivamente preguntarle por cama.

Seguí mi camino, sintiendo la caricia de la Mamá África y cantando y bailando, “Don’t worry about a thing, ‘Cause every little thing gonna be all right. “Don’t worry about a thing, ‘Cause every little thing gonna be all right!” mientras intentaba reponerme y recuperar el aliento. Agarré aviada y seguí con Mamá África, de Peter Tosh y Dont Worry Be Happy, de Bobby Macferrin, para terminar poniendo el CD de Los Hermanos Rosario y atravesar la ciudad de Chicago sintiendo el palpitar de la Mamá África en mi corazón.

Sí, soy de las que bailan  y cantan solas, en cualquier lugar y en cualquier momento.

Para el Negro, prieto, azabache, donde quiera que esté.

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

16 de junio de 2016, Estados Unidos.

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