Lady Chiles.

En México hace unos días   salió a luz pública un video donde una señora de sociedad expone en las redes sociales a su empleada doméstica porque según ella se está robando un chile en nogada. El video fue publicado con la frase, “entre más conozco a la gente más quiero a mi perro.” Con el video la patrona pretende evidenciar a su empleada por ladrona, pero su intención fue un fracaso y sucedió todo lo contrario, se volvió un escándalo en las redes sociales y no tardó en ganarse el apodo de Lady Chiles. La sociedad tomó partido a favor de la empleada doméstica, en este caso la doble moral y la discriminación salieron perdiendo, tanto así que llegó a instancias del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y se exige una disculpa pública por parte de la empleadora. La acción de esa señora de sociedad llama a la reflexión y a cuestionarnos.

Pude ver el video y es detestable la forma en que agrede a la trabajadora del hogar, que le dijo que se había comido dos chiles cuando en realidad solo se comió uno y por no tirar el otro lo guardó para llevárselo a su casa para que se lo comiera su hijo. Solo quienes hemos crecido con hambre sabemos lo que significa un plato de comida.

Mi pronunciamiento es primero que nada como empleada doméstica, sé lo que es trabajar en casa, y es uno de los oficios más delicados y en los que más se presta para que la empleadora degrade la condición humana de su empleada, se presta para el abuso emocional, físico y sexual en altas instancias también para que estos queden en absoluta impunidad.

Cuando vi el video y escuché el tono con el que la empleadora cuestionaba a la señora que había tomado el chile para llevárselo a su casa recordé mi experiencia como empleada y también otras en que he sido testigo ocular a distancia. Este tipo de discriminación no se da solamente en las casas.

Por que la vida me lo puso en el camino trabajé en Guatemala de docente en un colegio en el que jamás hubiera soñado porque mi condición social no daba para llegar a tan alta alcurnia, pero sucedió y fue hermosa experiencia ser docente de niños de otra clase social, se necesita tanto para cambiar estereotipos y luchar contra todo tipo de discriminación, y yo hice lo que estaba al alcance de mis manos para sembrar una semilla distinta, curada de prejuicios, los niños son como esponjitas que todo lo imprimen y no importa qué sea lo que un adulto les diga ellos imitan las acciones porque es la naturaleza humana, entonces uno tiene la responsabilidad y obligación de actuar con entereza porque sabe que atrás está un niño observando todo, y ese niño es el futuro. (Y aunque no haya nadie observándonos). El futuro está en nuestras manos, dependiendo de cómo los guiemos así serán, y creo que la mayoría queremos seres humanos conscientes y equitativos.

Digo la mayoría porque también tuve la experiencia de conocer docentes que eran todo lo contrario y evidenciaban en los alumnos la importancia de la clase social y el color de piel, estas maestras humillaban cada vez que podían a las niñeras que eran quienes cambiaban los pañales a los niños o de ropa cuando surgía una emergencia, con cualquier gesto les dejaban en claro que eran las que limpiaban la caca. Peor les iba a las señoras de mantenimiento que hacían la limpieza en las aulas y lavaban los baños, es que no querían ni tocarlas porque pensaban que se iban a infectar. Con un palabra, con una acción mínima las degradaban. En esos años yo era maestra y estaba “a la altura” y a mí no me podían ir a acusar de sublevada y abusiva con la encargada de personal, entonces aprovechaba para ser la voz de las niñeras y las señoras de mantenimiento, sin saber que emigraría y que la vida me pondría en los zapatos de una empleada doméstica y de una niñera. También hablaba con ellas y les decía que no tenían que quedarse calladas y debían denunciar el trato discriminatorio que le daban ciertas maestras, nunca lo hicieron porque existía el temor de un despido   y creyeran más en la palabra de las maestras que de ellas.

Encantada fui a hablar con la encargada de personal y puse la denuncia, me cuestionaron por intervenir porque no era mi departamento, les dije que la injusticia no tenía departamentos y que actuaran o me vería en la obligación de ir a otras instancias. Las maestras involucradas fueron sancionadas, se les levantó un acta y aprendieron la lección. Cuando emigré tuve varias despedidas en el colegio, de los distintos departamentos y niveles, dentro y fuera del recinto, pero la que guardo en el alma es la que me organizaron las niñeas y las señoras de mantenimiento. Hoy yo soy una de ellas y esta vida me ha dado la oportunidad de ver las cosas desde ambas plataformas, no importa en cuál altura uno se encuentre, siempre hay que tratar con dignidad al que está más abajo y no porque exista la remota posibilidad de que un día caigamos, estar abajo no es caer, estar abajo es consecuencia de este sistema que hace distinción de todo y en base a eso el ser humano tiene un valor mercantilista.

Uno no debe hacer las cosas en base a que por si de casualidad un día y nos toca estar en sus zapatos y quisiéramos que nos trataran igual, hay que hacer las cosas porque siempre, siempre uno tiene que defender lo que es justo. Tratar a todos con respeto porque todo trabajo es digno y no nos hace menos que los demás limpiar un baño, ni mejores estar atrás de un escritorio. Ni el trabajo ni la clase social definen la dignidad de una persona ni su calidad humana. Para muestra la señora empleadora que humilla a su trabajadora, la frase que ella colocó junto al video se la dedicaríamos.

Hoy que estoy en los zapatos de las niñeras y de las empleadas domésticas veo que desde esta postura se aprende tanto, desde la invisibilidad se ve más claro y entiendo más el sistema de clases, la doble moral, las caretas, porque en sus casas tal vez en el único lugar del mundo donde las personas son realmente y como las empleadas domésticas somos tratadas como muebles viejos, podemos observar todo sin que nos adviertan.

Un día fui a una fiesta de gente de clase social distinta a la mía, quienes servían la comida y las bebidas eran las empleadas domésticas de las personas que asistieron a la fiesta, la única pobretona ahí era yo, me habían invitado porque era árbitra de fútbol y era la luminaria de la noche, me aburrí tanto con sus conversaciones mediocres que me fui a la cocina a conversar con las niñas y adolescentes, unas eran de occidente y otras de oriente, algunas jutiapanecas y otras de Totonicapán, Quiché y Quetzaltenango, todas estaban uniformadas, y todas tenían la frustración de no haber asistido a la escuela, unas porque eran las hijas mayores y tenían que ayudar para la manutención de sus hermanos y otras porque se habían convertido en madres aun siendo niñas. Recuerdo tanto sus caras de sorpresa y miedo cuando me metí a   la cocina, pero pasados unos instantes se relajaron y nos sentamos a atipujarnos un plato de comida, cuando vieron que me quedé de pie y comí con el plato sujetado en una mano me dijeron, ¡vos sos como nosotras! Claro que soy como ustedes, ¿creían que era extraterrestre? ¿Vos no sos rica verdad? No. Qué bonito tu cuerpo. Gracias. Tan bonita que sos, tan lindo tu color, ay, tu pelo. Ustedes también son bonitas, tienen la belleza natural.

Como no podía mantenerme ausente durante mucho tiempo, les di mi número de teléfono y quedamos de juntarnos el domingo por la tarde porque era el día en que descansaban todas. Cuando me despedí de todos a ellas también las abracé y les di un beso en la mejilla, cosa que incomodó y sorprendió a quienes me habían invitado, la luminaria besando a las empleadas domésticas, no sabían que la luminaria había crecido vendiendo helados en un mercado.

El lugar del encuentro fue en la plaza que está enfrente al Palacio Nacional, en el Centro Histórico, yo dirigía juegos los domingos pero hacía todo lo posible por no faltar a nuestros encuentros de cada dos semanas, así asistimos a museos, las llevaba a exposiciones fotográficas en el Salón del Té en el zoológico la Aurora, nos íbamos a caminar al campus de la Universidad de San Carlos, como en tres ocasiones nos fuimos a bailar marimba a Guatemala Musical. Compré unos libros y se los dejé de lectura obligatoria, también cuadernos de caligrafía,   esto nunca lo comenté con nadie, es primera vez que lo menciono aquí, uno puede hacer mucho o poco pero hacer algo para que este mundo sea distinto.

Nunca acepté dar conferencias como deportista destacada, me llovían las invitaciones para asistir a colegios, centros de convenciones para hablar de mi experiencia como árbitra de fútbol, yo sabía que donde podía aportar era en lugares distintos a donde las luces iluminaban, yo sabía que podía aportar donde había crecido: la invisibilidad. Cualquiera es con los reflectores y los aplausos, ¿quién es en la oscuridad?

Recuerdo que cuando me tocaba dirigir en la ciudad las invitaba a los juegos, muchas veces fuimos a Amatitlán cuando me tocaba dirigir en el estadio y después nos íbamos a comer pupusas y a ver la tarde caer, uno de mis lugares favoritos es donde están las dos bancas donde se sientan las pescadores a hacer sus atarrayas, sus conversaciones son fascinantes. Tanto que les puede uno aprender.

Las invitaba a que me hablaran de sus pueblos pero en sus idiomas maternos, no entendía nada pero era un deleite escucharlas hablar en el idioma del corazón, y sabía que ellas se liberaban por lo menos una vez a la semana hablando en su propio idioma. Mes fascinan los cortes y los huipiles pero no los uso, me han regalado huipiles pero siento que es una falta de respeto vestirse con algo tan privilegiado, cualquiera compra un huipil y se lo pone para que la gente diga que apoya y se honra con una vestimenta de los pueblos milenarios, es lo común de quienes se pronuncian equitativos, pero es probable que esa misma persona tenga una niña indígena trabajando en su casa y la humille y le corte las alas. Lo he visto. Nadie que luche por la justicia tiene una niña o adolescente trabajando en su casa, eso es inhumano.

Mucha gente busca reconocimiento, que otros se enteren que es inteligente, que tiene habilidades, que no es un cero a la izquierda, pero ni esta inteligencia ni estas habilidades las utiliza para ser un factor de cambio en lugares donde realmente se necesita. A mí nunca se me ha olvidado que crecí invisible, y si en mi vida tuve la oportunidad de ser reconocida momentáneamente jamás utilicé esa fama para facilitarme el camino. Uno nunca debe olvidar que aunque jodido, medio jodido o esté bien hay otras personas que la están pasando muy mal, y ahí es donde debemos actuar. Ahí es vital ser un factor de cambio.

Lo digo hoy desde mi invisibilidad de indocumentada, de empleada doméstica, porque fácil hubiera resultado decirlo cuando las luces de la fama me evidenciaban.

Hoy he vivido las agresiones de las niñeras y las señoras de mantenimiento que conocí cuando era maestra y deportista destacada, también soy escritora y poeta, miles de personas leen mis artículos alrededor del mundo, son publicados en distintos medios independientes, y algunas han sido traducidos a otros idiomas. Debería sentirme la divina garza, por la luz que me dan letras, y debería tener un ego que no yo mismo soportara. Sin embargo no acepto reconocimientos, ya me han buscado para otorgarme diplomas, plaquetas, por ser una guatemalteca destacada en Estados Unidos, pero muchas veces esos reconocimientos vienen con la encomienda de pedir algo a cambio, de exigir devolver y ponerse a las órdenes, de cambiar posturas, de afianzarse y nadar con la corriente y vivir en la comodidad del engaño y de la jactancia. No necesito reconocimientos, a mí nadie me reconoce niñera, empleada doméstica, indocumentada, en estas tres categorías soy invisible como los millones, y por eso escribo para denunciar desde esa marginación, porque es mi deber, porque me nace, porque es mi responsabilidad como ser humano.

Escribo este artículo desde mi vena proletaria, cuestionando el por qué nos tenemos que convertir en una Lady Chiles y humillar a otros porque estemos en mejores escalones, con mayores comodidades y oportunidades. ¿Hemos sentido hambre alguna vez en nuestras vidas? Imaginemos sentir hambre todos los días y no tener para comer, no tener para darle de comer a nuestros hijos, que es muy probablemente el caso de la señora a la que acusa la empleadora en el video. Cualquiera puede ser caritativo cuando hay de sobra, pero ¿quién comparte en la necesidad? Aun así la gente se apoca en lugar de compartir. Grandes seres humanos se creen porque le dan las sobras de la cena a su empleada doméstica, o porque le permiten llevarse a la boca una tortilla extra. Seres humanos fueran si se pronunciaran para abolición de la servidumbre, si mientras tanto le pagaran un salario justo y trataran con dignidad a quien es hoy por hoy aunque no lo reconozcan   la empleada más valiosa que una familia puede tener, que no lo valoren así es descaro de mediocridad.

Yo les pregunto, ¿en qué lugar del mundo me leen? ¿Hay Lady Chiles en su país?  ¿cuántas Lady Chiles han conocido en su vida? ¿Es usted una Lady Chiles en su casa, en su puesto de trabajo, en su negocio? Ahora lo invito a que se coloque en los zapatos de todas esas personas que han desfilado por su vida y que usted en algún momento agredió, ignoró y discriminó por no estar en su mismo escaño. ¿Qué haría si pudiera regresar el tiempo? Yo no me arrepiento de nada de lo que he vivido, ¿y usted? He aportado con lo que está al alcance de mis manos, que ha sido tan poco, pero honradamente no he pasado en este mundo como un azadón. Mi conciencia está en paz. ¿La suya? Por eso me atrevo a ver de frente y sin bajar la cara, porque desde mi invisibilidad de toda mi vida, sigo creyendo en un mundo distinto.  Marquemos la diferencia, ser diferente requiere entereza, salgamos de la mediocridad.

Atentamente: una empleada doméstica indocumentada. ¿Si yo fuera su empleada doméstica me negaría un plato de comida, un salario justo, un trato digno?

 

Ilka Oliva Corado.

Agosto 28 de 2014.

Estados Unidos.

2 pensamientos en “Lady Chiles.

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