Una vida ficticia.

A veces pensamos que la vida será eterna por eso la desperdiciamos desgastándonos y consumiendo a otros. Lo único seguro en este transitar es la muerte, es un camino sin retorno porque por más desvíos que tomemos todos nos llevan al mismo lugar.

Es muy raro que yo llame por teléfono a alguien para darle el pésame creo que está de más, porque no hay nada que se pueda decir en un momento así que ayude a aliviar el dolor. No suelo ir a velorios ni a entierros, y si voy me quedo afuera de la funeraria o en la puerta y no pronuncio palabra. Voy solo unos momentos. Y no es indolencia. Lo que sucede es que me incomoda el drama de algunos que en vida pudieron dar y se les pasó el tiempo quitando. Porque pudieron regalar alegría y por el contrario martirizaron la vida de quien está en la caja. Porque el malaya lo lloramos todos pero pocos tienen la entereza de amar con intensidad, de ayudar a quien nunca nos podrá agradecer, de extender los brazos y aceptar la vida tal y como viene y con lo que tenga para nosotros. Lloramos entonces la culpa, el vacío y las ausencias.

A cada rato le faltamos el respeto a la vida, la deshonramos a más no poder. ¿Cuántos de nosotros nos atrevemos a vivir realmente? A encontrar y a darle significado a cada segundo del tiempo que se nos fue dado.

A cuántas personas hemos deseado decirles que son importantes en nuestra vida y nos lo callamos. A cuántas les quisiéramos dar las gracias y nos lo guardamos. A cuántas hemos amado con intensidad y en silencio y por cobardía de no expresarlo, por temor al rechazo o por parecer imprudentes nos consumimos por dentro. Cuántos hemos hecho promesas que por miedo no cumplimos. Cuántos hemos dejado ir sin atrevernos a luchar con todo por ese amor, ese sueño, esa ilusión.

Cuántos nos hemos pasado la noche en vela añorando ayeres, sintiendo nostalgia de lo que pudo ser, abrazando inexistencias, arrullando lamentos, acariciando afanes.

Vivimos constantemente una historia de ficción que nosotros mismos escribimos cada segundo de nuestra existencia, nos falta integridad para atrevernos y soltar las amarras y lanzarnos de cabeza al mar abierto, a darnos de pecho con las olas, porque tememos que nos arrastren o peor aun ahogarnos en la profundidad de lo desconocido, de sentirnos insignificantes ante la inmensidad de la vida que exige que seamos consecuentes.

Preferimos la fantasía que no tiene tropiezos, que lo hace todo perfecto porque no existe. De pronto y nos falta determinación para encontrar la “razón de vivir la vida.” De pronto y me estoy equivocando y ustedes apreciables lectores son la rebelión de la entereza y de una vida soberana, y soy yo la que se bebió la botella completa de Agua Florida y se fumó el puro que era para Maximón, y se empinó tres brebajes de agua de siete montes que era para limpiar las malas vibras, y se masticó las siete cabezas de ajo que debió colgar atrás de la puerta, y anda escribiendo fumadas que nada tienen que ver con la autenticidad de lo innegable.

Dispensen ustedes este lapsus que de seguro anda con vahído, pero es que de pronto se nos va la vida o se nos van nuestros seres queridos y no hay retorno ni para ellos ni para nosotros. Y quedan los vacíos oscuros que por no atrevernos pudimos convertir en lozanos parajes, para ellos y para nosotros. No esperemos a que el tiempo de la despedida llegue porque muchas veces nos toma por sorpresa y no tenemos siquiera la oportunidad para el adiós. Atrevámonos a vivir la hermosura que el sendero nos ofrece, con sus avatares, porque avanzamos en un camino que no tiene retorno.

Nuevamente les presento mis excusas, que tal que ustedes ya lo están viviendo y soy yo la asoleada que apenas comienza, bueno, pero por algo se empieza. Los veo en la vereda pué, si algún día se cruzan nuestros caminos.

¿Quiere decirle a alguien que lo ama con locura? Bueno, dígaselo. Le aseguro que no se arrepentirá. Pero no le diga que una tal Ilka que anda enyerbada porque se embrocó un perol con agua de calcetín lo atizó para que lo hiciera. Que ese sea nuestro secreto.

Ilka Oliva Corado.
Agosto 07 de 2014.
Estados Unidos.

3 pensamientos en “Una vida ficticia.

  1. Gracias Ilka por estas reflexiones profundas, han desfilado por mi mente todas las gracias no dadas, las visitas suspendidas, los silencios y vacíos que sin querer hacemos a los que decimos que son nuestros amigos y amigas y sobre todo los momentos amargos que hacemos pasar a los que decimos que amamos.
    Haroldo Mazariegos

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  2. siempre quise decir que eres mi amiga buenona, gracias por las jaboneadas, disculpa porque he estado un poco ausente por estos lares, pero cae bien siempre un buen palanganazo de agua frina encima!

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