Reclamo clasemediero.

Ayer me preguntaba – lo mismo de siempre- mientras notaba la reacción de la clase media ante la falta de respeto de los organizadores del evento de motocross en las instalaciones del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, ¿acaso la indignación tiene categorías? ¿Desde cuándo? ¿Desde cuándo vale más una grada de cemento que una vida de una mujer que es victima de feminicidio? ¿Desde cuándo vale más un jardín destruido que una niña violada?
Claro que enoja semejante estupidez y uno se pregunta, ¿qué tienen en la cabeza quienes organizaron el evento? ¿Cal, arena, harina, fango, boñiga? ¿Las penas de pagar los recibos de agua y de luz? ¿La goma mundialista? Es que si ellos se pasaron de inteligentes organizando esto, los participantes tuvieron que haber pensado en que tocar un puñito de tierra de los jardines del Teatro Nacional era como abofetear a don Efraín Recinos y a Miguel Ángel Asturias no digamos encaramando motos y haciendo pozoles las instalaciones. Tocar un Patrimonio de la cultura siendo tan parca en nuestro país, es como matar el último animal en peligro de extinción. Qué nivel de ignorancia, abuso e indiferencia . Las sanciones deberían ir directamente a organizadores y participantes, todos por igual. Por supuesto que indigna y hay que decirlo pero lo intolerable es que ante estos sucesos sí les brinque la conciencia y no para cuando el abuso es contra los más vulnerables.
Duele que hagan pozoles lo poco que nos queda de patrimonio cultural pero es inadmisible que mueran niños porque no tienen qué comer, que aparezcan cuerpos mujeres desmembrados todos los días, que la suma de las niñas violadas no tenga numeración, que la pobreza y la violencia obligue a tantos a dejar Guatemala y emprender la travesía de la muerte. Indigna ver a niñas ser víctimas de la explotación sexual en cuanto bar y casa de citas nos salten a la vista y con nuestro falso decoro llamamos puteros de mala muerte, y encima las señalemos de ser las culpables de propagar el mal de la lasciva entre las venas de los hombres de nuestra familia. Siendo estos tan culpables como los traficantes, porque cliente fijo exige presa perenne. ¿Cuántas niñas, adolescentes y mujeres hay en Guatemala siendo víctimas de la explotación sexual en los bares? Y no digamos que no sabemos porque están ahí en la luz del día, y lo autorizamos como sociedad “porque es un mal necesario” no vengamos a pregonar conciencia cuando en realidad no la tenemos, no exijamos justicia porque nosotros no somos justos.
Estas niñas, adolescentes y mujeres probablemente nunca han escuchado mencionar del Teatro Nacional, como tampoco los niños que trabajan recogiendo basura y picando piedra, los que trabajan en las fincas seguramente nunca tendrán la oportunidad de disfrutar de un evento sentados en las butacas del teatro, porque la cultura en Guatemala es para unos cuantos, los privilegiados, los clasemedieros…
¿Eso no indigna? No hay nivel de indignación cuando vemos a tantos niños sin poder ir a estudiar porque están en los corredores de un mercado vendiendo, porque son vendedores ambulantes que se paran en las esquinas de las avenidas, porque están todos los días frente al semáforo haciendo malabares para buscarse un pedazo de pan y porque escondido entre algún arbusto está quien los obliga, eso decimos que siempre hay alguien que los obliga, cuando somos todos como sociedad quienes los empujamos a vivir esta realidad. No nos lavemos las manos ni nos vistamos de pulcritud.
¿Acaso no nos indigna que tantas familias vivan en los barrancos bajo techos de nailon? ¿Qué hay lugares a donde nunca ha llegado el agua potable? Contimás la luz eléctrica, y qué decir de las escuelas que son inexistentes. ¿Eso no nos enfada, no nos preocupa, no nos despierta?
¿No nos hace hervir la sangre la forma en que el Gobierno actual se apropia de todo lo nuestro? ¿De que tengamos en Guatemala ya una dictadura silenciosa? ¿Qué haya escuelas donde no existe un solo escritorio? ¿Dónde solo dos maestros se hacen cargo de los seis grados de primaria?
¿Quién se manifiesta por los niños que trabajan en las plantaciones de la caña de azúcar? ¿Quiénes? ¿En dónde está la queja de la clase media cuando la Municipalidad de Guatemala manda a desbaratar los puestos de los vendedores ambulantes? ¿Cuántos se indignaron cuando la misma Muni prohibió que los patojos jugaran patineta en el parque San Sebastián? ¿Cuántos dijeron que eso era un abuso y exigieron respeto y libertad? La mayoría lo que hizo fue decir que estuvo bueno porque esos patojos eran mareros. Los estereotipos de siempre, catalogar a las personas por el lugar en donde viven. Además, ¿es malo ser marero? ¿Qué significa el término mara, para la clase media?
¿Cuántos hemos visto a niñas trabajando en tortillerías y nos callamos la boca? ¿Cuántos las hemos visto vendiendo en las estaciones de autobuses y decimos pobrecitas? Como si con decirlo ya las estamos salvando del trabajo infantil. No hombre, somos o nos hacemos.
Nosotros mismos somos excluyentes, entonces cómo nos atrevemos a exigir respeto a las autoridades, sin son el reflejo de nuestra sociedad mezquina. ¿A cuántas periferias llega el agua potable? ¿En cuántas hay servicios de drenajes para las aguas negras? No señores, la indignación es una sola como la conciencia, no tiene medias tintas ni apariencias, no se disfraza, es cruda y real. ¿Y nosotros cuando seremos una sociedad sin barniz?
¿Le indigna ver niños que andan descalzos porque sus papás no tienen ni para los zapatos? Que nos indigne lo sucedido en las instalaciones del Teatro Nacional, pero que también nos haga hervir la sangre la injusticia social, el tráfico de influencias, el tráfico de personas con fines de explotación sexual y laboral, que nos mueva a un manifiesto masivo, la pobreza y el abuso, la hambruna, la explotación infantil, la dictadura militar que estamos viviendo, que nos despierta la conciencia ver la ingratitud de niñas, adolescentes y mujeres que no pueden abortar porque la sociedad patriarcal y de doble moral no lo permite, porque la iglesia y los persignados se creen dueños de nuestros derechos, porque solapamos con nuestra falsa pulcritud.
Ya no más, ya no más fingir conciencia porque aparentar es faltarle el respeto a lo esencial. Que toda injusticia tenga el mismo valor ente nuestros ojos y raciocinio, y que nunca, jamás, tenga más valor lo material que la vida. Las gradas del Teatro se pueden arreglar, ¿quién le arregla la vida a una niña que fue violada, quién le arregla la vida a una niña que será obliga a parir? ¿Quién le arregla la vida a los miles de niños que son obligados a trabajar? ¿Quién le compone las horas del día a las niñas, adolescentes y mujeres que son esclavizadas sexualmente? ¿Quién le devuelve la vida a un niño que murió victima de la hambruna? ¿Quién le da una oportunidad de desarrollo a los niños que trabajan lustrando zapatos? ¿Nos indigna? ¿Qué nos indigna en esta vida? Lo del Teatro Nacional sí, ¿y los demás? ¿Lo vital? ¿Acaso la indignación también tiene clase social? Bueno, en Guatemala siempre ha sido así.
¿Cuándo decidiremos cambiarlo? ¿Para cuando nuestra conciencia dejará de ser desteñida? ¿Para cuándo nuestros ojos se atreverán a ver lo obvio? ¿Para cuándo saldremos de nuestra comodidad y nos pondremos en los zapatos del otro? ¿Para cuándo entenderemos que la conciencia y el manifiesto no son de medias tintas? Para cuándo dejaremos de brincar solo cuanto tocan algo que está dentro de nuestra burbuja, salgamos de ella y veamos que afuera está realmente la necesidad. ¿Qué haremos cuando su existencia una vez aceptada como realidad nos indigne? ¿Barrer nuestro cuarto y echarnos a dormir?
Ilka Oliva Corado.
Junio 17 de 2014.
Estados Unidos.

4 comentarios

  1. Creo que hay canales cruzados entre lo que se quiso decir, lo que se escribió, lo que se lee y lo que se percibe… porque me parece que el planteamiento inicial precisamente categoriza y descalifica la indignación, a partir de la causa de la misma, por eso le decía que no es necesario hacer excluyentes los reclamos o reivindicaciones, cada una tiene su propio sentido y razón; pero además tenga la certeza de que hay muchas personas se indignan por las razones que Ud. expone y otras mas … pero bueno, hay infinidad de historias de por medio, algunas se publican, otras no. Saludos.

    • No siempre se logra que el lector entienda a cabalidad lo que se trata de expresar en un texto, por más claro que éste esté. Influyen muchos factores. Lo que llama la atención del caso preciso del teatro es la reacción de la clase media que muy pocas veces se manifiesta cuando el abuso es hacia la clase campesina, la obrera y la proletaria. Ése es el punto de este artículo, el nivel de insensibilidad cuando se trata del abuso a los más golpeados, y la reacción cuando les tocan algo que creen que solo les pertenece a ellos. ¿Cuántos niños lustradores de zapatos han entrado al teatro para disfrutar de un concierto de la la Sinfónica? ¿Cuántos niños que cortan café? ¿Cuántos vendedores ambulantes? ¿Por qué la clase media no reacciona con la misma indignación cuando abusan sexualmente a una niña? De que hay quienes se indignan los hay, pero por qué no lo manifiestan como lo han hecho con lo del teatro. Y le repito, lo del teatro es muy serio e indigna, pero la hambruna y la miseria y el trabajo infantil también. Y eso es de todos los días. ¿Nos acostumbramos ya al abuso y a la apatía? ¿Qué clase de sociedad somos?

  2. No es necesario hacer excluyentes las reivindiaciones o reclamos, pero sobre todo me llama la atención el hecho de que Ud. cree que es la única que se indigna por las situaciones que describe. Fíjese que no es así. Creo que Ud. tiene todo el derecho de escribir lo que desee y lo hace muy bien, sus crónica son muy buenas, pero el poder escribir no la hace dueña de la verdad. Saludos.

    • Usted misma lo dijo, no tienen que ser excluyentes y de eso se trata el artículo. ¿Cala verdad? Ahora imagine usted lo que sienten los vendedores ambulantes cuando les tiran a la basura lo que les da el sustento diario. O los niños que trabajan de sol a sol en las fincas. De los huele pega que jamás tendrán oportunidad para asistir a disfrutar de un evento al Teatro Nacional porque la sociedad los estereotipa. ” De eso se trata, de no exigir respeto y justicia solo con unas cosas cuando hay otras que lloran sangre. Lo importante es no guardar silencio y no meter debajo la cama el derecho de expresión. ¿La verdad? Duele cuando cala. Saludos.

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