La culateada.

¡Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran imbécil culpa! Así dígase usted ahora frente al espejo si es que algo de decencia le queda para verse la loza frente al volado, usted y sólo usted es culpable de haber elegido con su voto a un genocida que aparte de asesino y violador de mujeres y niñas, le sacó filo al colmillo con la misma piedra con la que le quebró la cabeza a crías en los tiempos en que era conocido como Tito, y entre trance y trance ahora que está en la poltrona ha transgredido la tierra que lo parió.
Fíjese usted, échele pluma: genocida, estafador, ladrón pero de los gruesos no vaya a creer que es de los que puya con tortilla tiesa y se roba un tacuacín, aquí estamos hablando de cantidades que no caben en un costal de tuzas, ni en la parihuela y mucho menos en la palangana de un picopón. No, el Tito ése se está mandando, se está sirviendo con perol nada que con cuchara, embrocado se lo hace hasta por orificios de la nariz se le van los millones. –Es que los convierte en polvo blanco para que pasen como costales de cal en la aduana-.
Pero no vaya a creer usted que es solamente el genocida, ¡cómo va a pensar! Aquí los ajos del pomelo se los reparten entre los más sedientos de avaricia y de poder , por ahí anda una tal Chana Baldetti, que se cambió el nombre por el de Inmaculada de la Desgracia de la Mujer, que se la lleva de llanera solitaria, a galope se quiere pasar la justicia por los agujeros de las muelas, pero tiene placa y no puede. Bien que le resultó la empresa de raíz de brócoli y humus de zapuyulo, que hasta para la placa le ha dado: aparte de unas cuentas mansiones y marmajas que no le caben abajo del colchón.
No le resta más que fingir el papel de víctima cuando en realidad es victimaria. Así le ha de calar que le digan en su loza que es la deshonra misma de mujer la que tenemos como vicepresidenta.
Y sí, es por su culpa por su desventurada culpa y por su arrogante culpa, por su acomodada culpa, que tenemos a estos dos títeres, porque no vaya a creer usted que son tan inteligentes como para maniobrar tantos desfalcos, tanta venta de tierra, tan pilas no son. El patrón los lleva arreados, el patroncito extranjero. Y ni modo hay que dar mordida por aquí, por allá, un puesto en el exterior, una butaca en tal Departamento, un viajecito a fulanito, una casita a zutanito, dejar pasar el cargamento de droga de menganito, ahí bajita la mano y de regalo de mes una plaqueta en la pintoresca ciudad de Miami y al siguiente una cuenta bancaria con cifras hasta el infinito.
Por supuesto esto no ha sucedido exclusivamente en el gobierno del genocida Otto Pérez Molina, esto es pan de todos los días en los gobiernos que han estado y será en los que vendrán, eso ya se sabe, el clavo aquí es que a éstos nos les gusta que les digan sus verdades en el cara y recurren a su prepotencia y a sus poderes maquiavélicos de gobernantes para tratar de intimidar y silenciar a cuanta persona no esté de acuerdo con su proceder y lo diga públicamente. ¡Papo!
Aquí no voy a mencionar rangos ni profesiones, porque no se trata de eso, el mismo derecho de opinión tiene un o una periodista, que la doña que vende tomates en el mercado, el mismo una doctora que un cargador de bultos en La Terminal, el mismo un niño hijo de papi y mami que un niño que lustra zapatos en la sexta avenida. El que no se esté de acuerdo en la opinión de otra persona no significa que le vamos a negar su libre albedrío, mucho menos con acciones de intimidación militar, típica de genocidas. Vamos de reversa.
Por su culpa, por su aventajada culpa, por su solapadora culpa, estamos como estamos. Es mejor un militar con garbo que una indígena patas rajadas, decían cuando se referían a Rigoberta Menchú, ahí está pues su militar les está metiendo el garbo hasta por las orejas. ¿Y sabe qué es lo peor? Que ni cuenta se ha dado. Pasa siempre viendo para fuera que lo que sucede dentro ni lo mosquea.
El derecho de libre emisión del pensamiento, es universal. Nadie tiene ni puede silenciar a otra persona por que ésta ejerza su derecho. Pero era de esperarse que tuvieran listas las carabinas, las metrallas, los fusiles, el revólver y cuanta bajeza abunda en juzgados y leyes: juezas vendidas, jueces regalados, supremos come mierda, supremas solapadas.
No nos dejan ni respirar, nos dan estocada y estocada, nos tienen el cuerpo agujerado ya esperando que por chorros se nos salga la sangre roja, pero ni por más puñaladas logran que nos quedemos en los huesos pútridos de la sumisión.
Somos pocos y pocas, pero leales. Despiertas, latentes, presentes, hombro a hombro cerrando filas, demostrando que la honra existe, que la tierra se defiende, que la expresión respira y grita y denuncia y exige justicia.
Que mientras muchos y muchas no se atreven a verse la loza en el espejo y aceptar que les fallaron a sus ancestros y ancestras votando por un genocida, habemos otros y otras que sí seguimos mirando de frente, que tenemos memoria histórica, que nos resistimos a vendernos, que seguimos repudiando el genocidio y que queremos ver al genocida que tenemos como presidente –porque usted lo puso ahí- en el banquillo, frente a la justicia para luego verlo en la mazmorra pagando sus crímenes.
Pero claro, por su culpa, por su silenciada culpa, por su mustia culpa, ahí están el déspota y la Chana , qué bueno que son sus once ovejas, já, con su ejército de metralletas esperando el momento preciso para atacar por la espalda como es la costumbre de los traidores.
Así pues que espere, tenga paciencia que usted no se quedará sin nada de eso puede tener la absoluta seguridad, su responsabilidad tiene en que éste par y sus secuaces estén haciendo y deshaciendo en el país, cuando menos sienta le darán su culateada al clásico estilo de los opresores y de los genocidas y ahí sabrá lo que es bueno y aprenderá si es que sobrevive: que a los ancestros y ancestras no se les debe de traicionar, que la memoria histórica dignifica, que se les debe la justicia a los miles de desaparecidos y desaparecidas que lucharon para evitarnos precisamente esto que estamos viviendo porque usted aprobó con su voto. Sabrá pues que la tierra que es la que nos alimenta debe ser defendida contra cualquier mercader que ose de hacerla negocio.
Dejar que mueran solas las valientes almas que se atreven a denunciar y a exigir justicia es cosa de cobardes y solapadores, de acomodados, de mustias y de aventajadas. Es obligación de todos y de todas, sin importar oficio, profesión, etnia, color de piel, credo, clase social, la de exigir que se respete el derecho de expresión de todo ser humano.
Si a usted no le preocupa que vendan la tierra y que roben los sinvergüenzas pues por lo menos defienda que quien se sí atreve a hacerlo, tenga la garantía de su derecho universal.
Si no lo hacen estas pocas personas entonces sí: ¡ahuévese porque la culateada llegará más temprano! Es más, ya nos la están dando en agua de calcetín que a usted le sabe a Johnnie Walker. –Digo, por aquello que siempre anda viendo pa´fuera-.
¿Vio lo que se puede hacer con un voto dado con irresponsabilidad? A la próxima use sus dos dedos de frente, que la honra es cosa de sentido común, le aseguro que no se trata de ninguna ecuación, de ninguna raíz cuadrada: de memoria histórica nomás y de la dignidad que se supone debería de llevar en la sangre.
Ilka Oliva Corado.
Enero 09 de 2014.
En mi tabuco.

Un comentario

  1. Gracias por escribir mujer, tu sos de las que vale oro, pero ese negro de la tierra fértil.

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