La rana parda.

Vivía en la selva tropical la Rana Parda que se veía así misma como un renacuajo y que desconcocía que había nacido con la libertad y el derecho de croar. Se deslizaba entre nacimientos de agua y riachuelos, en tomas y quebradas, a donde la corriente la llevara, mientras su camada saltaba entre las piedras y salía de los ríos para disfrutar de la humedad de la selva ella decidía quedarse en la orilla, en silencio ya que no podía comunicarse con las otras, tenía miedo de saltar y salir del hábitat en donde había crecido, le temía a lo desconocido pensaba que los renacuajos y las ranas eran de distinta especie.
Afirmaba haber nacido con la característica especial de la incomunicación, mientras las otras croaban ella se dedicada a escuchar los sonidos que parecían en ocasiones encriptados y en otras fiesta de lluvia tropical.
¿Qué más podía hacer en su condición de renacuajo? Se preguntaba. ¿Acaso pasarse la vida entre las aguas y viendo a las otras saltar y croar? Solitaria se quedaba entre las lajas y observaba los peces jugando en el agua. Algunas veces se abrazaba a las raíces de las plantas acuáticas y se le iba el día y oscurecía y dormía ahí mientras las otras se acomodaban en pequeñas grutas cerca del riachuelo.
Cuando alumbraba el día y el sol hacía del agua de los ríos un espejo gigante, en su reflejo solo podía observar un renacuajo que no podía verse así mismo como una rana parda.
En uno de tantos cambios de estación emigró la primavera y la selva fue abrumada por el bochorno de verano y por el canto de chicharras, éstas emergían de las entrañas de la tierra y subían a los árboles y ahí se quedaban cantando hasta que aparecía la época de lluvias torrenciales y la melodía de la selva cambiaba, daba paso a otros sonidos.
Un medio día el renacuajo hizo lo habitual: se quedó entre las piedras abrazado a las raíces de las plantas acuáticas mientras veía saltar fuera del río a las ranas que se perdían entre la floresta de la selva tocando tierra húmeda.
Una chicharra que llevaba días observando desde las alturas a la rana parda, decidió extender sus alas y volar hacia la orilla del riachuelo para conversar con ella, le extrañaba que fuera la única que no salía del río y que no saltara como las otras, le asombraba no escucharla croar. Bajo de agua el renacuajo la observó cuando ésta se acercó y salió a superficie y la quiso saludar pero no sabía cómo porque no podía emitir sonido alguno, la chicharra se presento y le dijo su nombre: Numen. El renacuajo le quiso decir que no tenía nombre pero no encontró la forma de explicarle porque no podía croar. La chicharra lo observó con ternura como adivinando lo que sus ojos gritaban y le dijo: llevo lo que va del verano observándote nadar entre las aguas del riachuelo, pero llama mi atención ¿por qué no sales del río y vas a jugar sobre el musgo húmedo? Eres una rana parda, ¿qué te impide hacerlo?
El renacuajo se sorprendió al escuchar que la chicharra Numen le dijo que era una rana parda. La cigarra prosiguió le contó de las ninfas y de la razón de su canto. Le contó que tenía hijas y un compañero. También le contó de como era el mundo entre los arboles y que era lo que hacían en su comunidad las chicharras, que les tocaba volver a las entrañas de la tierra cuando terminaba el verano que el proceso de desarrollo duraba de dos a diecisiete años.
Le preguntó a la rana parda si tenía familia, de qué lugar del la selva era, ¿había nacido ahí en ese riachuelo o en otro? ¿conocía los peces anaranjados? ¿de qué se alimentaba?
Todo canto tiene una razón de ser y el tuyo también la tiene, le dijo.
Luego le preguntó, ¿por qué no cantas? Al observar la incredulidad de la rana le dijo: volveré mañana a esta misma hora y espero encontrarte aquí para que nos hagamos compañia y conversemos. ¿Te gustaría? El renacuajo asintió emocionado. Pasó la noche pensando en la forma en que lo llamó la chicharra Numen: rana parda.
¿En verdad era una rana parda? ¿Por qué no lo sabía? ¿Por qué no lo había notado? Le quiso contar que había nacido en otro riachuelo y que en una tarde lluvias torrenciales la corriendo lo alejó de su familia y por esa razón estaba en ese río.
Al día siguiente la chicharra descendió y conversaron, entonces el renacuajo intentó explicarle por qué no podía croar, la chicharra se percató y comenzó a cantar, le dijo que no seria tan difícil para ella intentarlo pues era una rana parda y podía hacerlo porque era esa su esencia.
Se paró en la orilla del riachuelo y le enseñó la forma en que ella lo hacía, la rana parda la observó con emoción y le prometió intentarlo. La chicharra Numen tenía algo extraordinario que nunca había encontrado en otro ser de su especie, le atraída su cercanía y se sentía protegido, comprendido.
Cada tarde se reunían a la orilla del riachuelo y la chicharra Numen observaba el esfuerzo que hacia la rana parda para poder croar, hasta que un día emitió un extraño sonido que el renacuajo intentó reconocer pero fueron tan solo unos segundos y lo tuvo que volver a intentar para escucharlo mejor.
Su esfuerzo lo dejó exhausto y la chicharra aplaudió le dijo que al siguiente día lo volverían a intentar y así lo hicieron y fueron pasando los días de verano con las lecciones de canto, poco a poco el renacuajo fue afinando la voz hasta que pudo distinguir bien el sonido, ¡podía croar!
Pero la chicharra no se dio por vencida, ya había logrado que el renacuajo encontrara su voz y se viera a sí misma como una rana parda, como también quería que saliera de la soledad del río, que saltara hacia el musgo y que jugara en las grutas y entre las hojas de la selva tropical.
El verano estaba por terminar y tenía poco tiempo antes de internarse de nuevo bajo la superficie.
Una tarde cantando juntas le propuso que intentara salir del río, la rana parda no quiso hacerlo porque tuvo miedo, entonces la chicharra se acercó y le tendió un ala y le dijo que ahí estaba cerca de ella, que no tuviera miedo que lo más que podría pasar era que se resbalara y cayera al agua que al final era su hábitat, en cambio si no lo intentaba se perdería un mundo desconocido del cual se podría enamorar.
La rana al ver cerca a la chicharra y su ala extendida se armó de valor y decidió saltar, se resbaló y cayó a las aguas del río, la amiga la volvió a exhortar y la rana parda volvió a intentarlo muchas veces hasta que logró caer sobre el musgo húmedo cerca de la chicharra. Saltó y saltó de felicidad, estaba fuera del río y era una sensación extraña y a la vez liberal.
Saltó entre una hoja y otra, se devanaba sobre el musgo y saltaba de nuevo al río y volvía a salir y volvía a entrar a las aguas. Los días del verano agonizaban y las noches llegaban más temprano.
La rana parda dejó de verse así misma como renacuajo cuando supo que podia croar y saltar hacia la tierra y los arbustos de la misma forma en que lo hacían las otras. Un tarde la buscaba la chicharra mientras ella descubría el encanto de las grutas y el aroma del bosque, la cigarra sobrevoló en las cercanías hasta que la encontró saltando entre el musgo.
La llamó con su canto y la rana respondió croando, se acercaron y le contó que esa noche su familia y ella tenían que volver a las entrañas de la tierra porque el invierno ya estaba ahí y su tiempo se había terminado, la rana parda lloró desencantada porque había sido la chicharra Numen la que la había ayudado a encontrar su voz y le había mostrado su esencia y la fuerza en sus ancas para poder saltar. La cigarra la abrazó y emprendió el vuelo, la rana parda le prometió nunca dejar de cantar ni de saltar.
Pero prefirió guardar el secreto de su descubrimiento y no contarlo a las demás, prefería que la siguieran viendo como el renacuajo que nunca aprendió a cantar ni a saltar. Llegaron los días de invierno y de lluvias torrenciales. El canto de las chicharras desapareció. Sin embargo la rana parda todos los días volvía a la misma orilla donde la chicharra Numen una tarde se acercó, recordaba su canto único que la distinguía de las demás chicharras. La extrañaba.
Cuando el resto de las ranas pardas saltaban fuera del río, ella se quedaba sobre las aguas observando el juego de los peces y las texturas de las raíces de las plantas acuáticas, croaba en la soledad de sus remembranzas y luego la invadía una extraña felicidad y saltaba sobre el musgo y se debanaba y croaba y saltaba, esperando a que pasaran los meses para ver aparecer de nuevo a su chicharra Numen en verano y decirle croando: ¡usted dígame rana y yo salto! ¡Usted dígame rana y yo salto!
Ilka Oliva Corado.
Diciembre 29 de 2013.
Estados Unidos.

3 comentarios

  1. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Ilka linda: Un cuento muy bello. Creo que te salió del corazón. Te felicito. Te deseo un año 2014 lleno de bellas letras. Besos, Chente.

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