Transgredida

Trata por todos los medios de no perder el conocimiento de mantenerse despierta tiene miedo de morir.
Dale, dale, dale celebran  las voces al unísono, Athena trata de movilizar su cuerpo pero  le es imposible le han inyectado algún tipo de sustancia que la tiene estática y débil.
Clava sus ojos como alfileres sobre los rostros de los tres hombres,  trata de hacer un recuento mental y se pregunta, ¿cómo llegó a ese lugar? Pero su memoria desprende acetatos de imágenes borrosas y confusas, solo recuerda haberse tomando una gaseosa con uno de sus catedráticos de universidad justo en una cafetería del campus, sí con uno de los tres hombres que tiene sobre ella en ese momento.
Una gaseosa y comenzó a marearse a sentir cansancio y sueño recuerda  haber escuchado la voz de su profesor ofreciéndose a llevarla a su casa, cansada Athena aceptó.
Observa su cuerpo desnudo e inerte sobre un sillón del automóvil de su profesor,  ha oscurecido se encuentran en un sitio baldío en las afueras de la ciudad.
El profesor condujo hacia ese lugar muy  relajado hablando de métodos, hipótesis y conclusiones Athena cada minuto más débil no perdió el conocimiento observó cómo el profesor detuvo el automóvil en un terreno baldío de una sector en deforestación. Le preguntó por qué se detenían y él contestó que necesitaba orinar.
Abrió la puerta y comenzó a quitarle la ropa a besarla con desenfreno Athena sintió su mirada lasciva calcinándola palmo a palmo no pudo defenderse su cuerpo inmóvil no respondió. Le inyectó  una sustancia en un brazo que terminó de debilitarla. Él mordió sus labios el cuello y sus pezones…
Es el turno nuevamente del tercero, los ha enumerado se ha grabado  sus rostros y sus voces la lujuria que brota en sus poros la siente  quemándoles los sesos.
Ya la han poseído los tres, el primero fue su profesor él arrebató su candidez él quitó su ropa  a tirones, él disfrutó el dolor de su primera vez.
…Los pezones se  ensañó con las tetillas las golpeó  las mordió  restregó su falo excitado sobre ellas una y otra vez,  lo  introdujo en su boca luego la volvió a infringir hasta que explotó totalmente complacido.
Por engreída le dijo, por altanera y soberbia porque  a un hombre no se le niega el derecho a disfrutar del placer de la carne, porque  nunca prestaste atención a  las innumerables veces en que te di a entender que me gustabas, distinto hubiera sido si humilde hubieses acudido a mi refugio, te tenía que dar tu merecido.
Se bajó del automóvil y llamó por teléfono. Encendió un cigarro  se sentó en el sillón del piloto  y contó historias de cómo había desaparecido alumnas que lo habían rechazado,  se quedó callado y después de un momento le dijo estás rica muy rica nunca imaginé que aun fueras virgen gracias por ese regalo.
Athena inmóvil observó su cuerpo transgredido y lastimado trató de hablar pero no lo logró balbuceó palabras inteligibles quiso  gritar pero su voz se desboronó en su garganta, sus ojos lloraron de dolor  y de rabia, se preguntó en qué momento confió en ese hombre para que la llevara a su casa, por qué nunca pudo leer sus intenciones.
Otro automóvil se estacionó se bajaron dos hombres que había visto en algunas ocasiones junto a su profesor en la cafetería del campus. Olían a cerveza y a cigarro la bajaron del automóvil y la lanzaron sobre la tierra ambos la poseyeron a la vez uno la destrozaba por el recto y otro la penetraba en la vagina, el profesor se unió a la fiesta frotando su bálano sobre sus labios, los sintió eyacular sobre su cuerpo mancillado.
Una segunda y tercera ocasión los siente disfrutar con su vulnerable inocencia, la golpean en el rostro con los puños cerrados hasta hacerla sangrar, arrancan sus pezones a mordidas, la patean hasta que  la ven vomitar sangre,  Athena  respira con lentitud, después se despiden de ella con un beso en la mejilla y agradecen el  manjar servido esa noche.
El profesor  saca una cuerda del baúl y la amarra de pies y manos conduce hacia el relleno del lago de Amatitlán, la sube en una barcaza  y se adentra entre las aguas mansas, la lanza hacia la profundidad con un ancla atada a su cuerpo. De la desaparición y del cuerpo de Athena nunca se supo nada.
Ilka Oliva.
20 de noviembre de 2012
Estados Unidos.

3 comentarios

  1. Ilka: recién nuestra maestra de Literatura Hispanoamericana nos dio la dirección de su blog, estudiamos en Boston y somos 75 estudiantes los que recibimos su clase yo soy mitad hindú y mitad colombiana nací acá en Boston y me identifico muchísimo con sus relatos, sus artículos que hablan claramente de lo que viven aquí los indocumentados. Transgredida es un relato escalofriante pero magnífico. Nos preguntamos si usted ya ha publicado libros? Encontramos su página pública de Facebook y le dimos like. Le digo le dimos porque somos varios los que llevamos una semana visitando su blog y cada relato que encontramos nos engancha más. Felicitaciones y reciba nuestra admiración por favor continúe escribiendo nuestra catedrática no se equivocó al decirnos que su blog era literatura pura.

  2. De mi inspiración Chente pero también de la realidad. Besos.

  3. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Estimada Ilka: Gracias por compartir tu patética y dolorosa historia. Espero que sólo sea fruto de tu inspiración, aunque no estoy ajeno a que existan casos similares en nuestro cada día más violento mundo. Un beso, Chente.

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