Inquilina

Este espacio es mi nuevo nido aquí les espero para cuando gusten tomar un atol shuco o saborear un tamalito de frijol camagua al estilo de nía Yoyis.

Inquilina desde que emigré desde que abordé aquel avión que me llevó fuera de Guatemala.

Me he convertido en una inquilina de paso en tierra extraña de la que a la raíz profunda le teme, pero ya colgué la hamaca y sembré claveles en tiestos que decoran la humedad del verano.

Una forastera con la maleta siempre lista por si el retorno la toma por sorpresa. Antes asustada de puertas y avenidas de umbrales de gran tamaño ensimismada y pasmada respiraba los días, agonizante mi alma montuna lapidaba no soy flor de asfalto, soy árida y seca como los cerros de Oriente en enero.

Sin embargo le he ido encontrando el disfrute a los umbrales porque de un lado y del otro se entretejen historias, son entradas y salidas son portales.

Inquilina de emociones contrariadas siempre rentando, soles, lunas, nubes y el inmenso lago por abonos…

El otoño por préstamo que apunto todos los años en el cuaderno de las deudas, del invierno tengo el salario comprometido.

La inquilina tiene un techo paredes de cartón y algodón comprimido por donde pernocta la calefacción en el invierno, tibio hogar que huele a renta y a nido.

Una reserva forestal por donde transita galaxias en su bicicleta, riachuelos escondidos el la urbe la oxigenan. Arrendataria de ocasos que emborrachan en versos al crepúsculo, he dejado en ocasiones mi bicicleta en prenda para escuchar sus rimas. Quién fuera crepúsculo para dormir en sus brazos.

Cronista de fantasías recuerdos y sueños, relatora del viento que puebla la noche contadora de historias que cantan las chicharras y poetisa de versos que recorren la ciudad en las catacumbas del inconsciente y en los rascacielos del delirio.

Allá donde deambulan mis nostalgias se quedó acurrucada mi primavera de adolescente de barrio marginal, aquí camina la mujer abrazando multiculturas citándose en un café con idiomas extraños, las miradas que se cruzan la pasarela le cuentan historias de ciudades lejanas en otros continentes.

Cronista de esclavitud de desiertos, de sótanos donde los lamentos son la autoridad, de realidades para pintar en muros cuando no se pueden gritar.

Soy Ilka una alma transitoria, en mi piel el color del café de máiz molido, en mi sangre los arroyos de Teculután , mis cabellos de mis ancestras garífunas y xincas y mi rebeldía de las polvaredas de la Ciudad Peronia que vio crecer.

Sigo siendo Ilka pero ahora la que ha aceptado que forma parte de un collage de multiculturas e idiomas, sigo siendo forastera de la que imprime en los poros todo lo bueno que puede darle esta tierra donde alquila quimeras.

Cronista inquilina andante persiguiendo lunas danzantes y galaxias de lienzos desnudos.

6 comentarios

  1. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Negrita linda: Por aquí, en tu nuevo cuarto, siguiéndote la pista, espero que no te hayas ido sin pagar del anterior cuartel. Buena suerte en todo lo que emprendas. Besos, Chente.

  2. Negrita que eres lo maximo aca te va a ir mucho mejor todavia!!!!!!!!

  3. Es tan lindo adentrarte en tus escritos… siempre me transportas a otro lugar, te deseo muchos éxitos amiga y aunque estoy en nuestra tierra comparto muchas veces ese sentimiento de soledad y desasosiego que te embargan, sos una manga negrita, te mando un super abrazo y que Diosito te cuide y te bendiga siempre, sos una grannn mujer….

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