Negra y Afro.


El color NEGRO en la piel, a lo largo de la historia ha servido de motivo para avivar el racismo de masas en el mundo entero. Desde el tiempo de la esclavitud, el trato inhumano con  mujeres y hombres AFRICANAS/NOS. Y posteriormente con la gente AFRO descendiente.  Aquí el colorido abarca el mundo entero: afro latinoamericanas, afro caribeñas, y así… afro europeas… y en el  hemisferio norte se les conoce como Afroamericanas.

Hoy leí algo respecto a la Mujer Afro y no pude evitar descolgarme en el tiempo y regresar a la infancia.

AFRO: la primera vez que escuché esa palabra, sería cuando yo tendría aproximadamente unos  ocho años de edad, en una ocasión en que   mi tía Marina, (penúltima hermana de mi mama) llegó a la casa  a visitar a mí progenitora; debo agregar que ellas son dos gotitas de agua, tan parecidas, como una célula partida en dos, con las mitades exactas. La única diferencia es que una es blanca, canche y de ojos avellanados –mi Nanoj- y la otra es negra, negra, negra, con el mismo porte y de ojos negros. Ambas murushas, tipo nido de coquecha y plumas de gallina poshoroca. Las separan más de cinco años de diferencia en las edades. Es como si hicieran una copia de la misma persona en yeso y cinco años después la otra en papel carbón.

Ese día, -no recuerdo si fue de tarde o de mañana- mientras conversaban, mi tía se peinó con el “rastrillo” de mi mamá, un tipo de peine que no es cepillo ni peine al final, tiene la forma de un tenedor como con treinta dientes. Y sí, efectivamente parece rastrillo.

Las hijas y sobrinas nunca utilizamos ese objeto especial, perteneciente solamente a la segunda generación de Las Corado Martínez. Cuidadito y lo tocabas, porque te sentenciaban dos semanas lavando ollas tiznadas, con piedra poma y arenilla blanca.

“El rastrillo”, fue parte importante de las tardes en que las cuatro hermanas Corado Martínez, se reunían  a observar el ocaso que se  deslizaba quejumbroso, sobre las montañas que rondaban la Ciudad Peronia de mi infancia. Nunca faltaba, y pasaba de mano en mano y de cabeza en cabeza. ¿De qué hablarían aquellas cuatro? ¡Sepa! El acceso para las crías a aquel rincón del patio, estaba vedado por dos horas; tiempo que duraban las charlas en la hora de la oración.

La explicación que dieron cuando preguntamos, por qué ellas utilizaban un peine diferente al de la mayoría de las mortales de aquella “marita”, respondieron: porque tenemos el pelo afro.

Con el tiempo; conocí y comprendí, que no solamente era el pelo, ellas todas son  descendientes de sangre mulata. Sus piernas rollizas, los pómulos pronunciados, el porte de  potrancas, una cintura de árbol de encino, las caderas de yeguas salvajes, y un no sé qué en la mirada, herencia de sus ancestras Garífunas -y Xincas-.

Entre las Corado Martínez, vos agarrás micha y micha, dos blancas y dos negras; unas  la viva leche recién  ordeñada, y las otras: color frijol negro nuevo. Los dos varones del clan, canches como ellos solos y murushos como ninguno del pueblo, con porte de mulatos con cierta revoltura en sus ojos verdes; de uno y avellanados, del otro. Las seis crías Corado Martínez, tuvieron en común, un “rastrillo”.

La herencia de una abuela descendiente de sus ancestras Garífunas; murushas y piel color caoba. La herencia de las Afro descendientes. A ellas culpo de mi fascinación por los hombres y mujeres de ese color; mi delirio son esas pieles curtidas, su olor a coco tierno, el porte de sus cuerpos y la historia que cargan a cuestas debido a su color.

En mi familia corre la sangre de NEGRAS, gracias a la abuela de mi abuela y a las mujeres en la familia materna de mi abuelo. También tenemos la mitad XINCA, (Orgullo de Comapa) en Comapa no es Xinca solamente, quien no haya nacido allí. Como el jocote de corona.

No hay orgullo más grande en mi vida, que tener mi piel color cáscara de encino, mi colochera y los pómulos pronunciados; herencia de mis ancestras mulatas.

Pero el orgullo va más allá del simple color de piel y la forma del cabello. Pertenezco a la cuarta generación de la descendencia mulata, -agregále que mi papá es zacapaneco, prieto pel
o liso-. Si me preguntaran, de no haber tenido el color que tengo y la estatura –pancita de pupo mareño y dientes de ratón-  contestara que me hubiera encantado haber nacido en Livingston y tener el color de piel negra; como la noche de invierno con cielo cerrado.

Pero a lo lejos alcancé todavía el barniz, y logré el color piel canela, los colochos aguados, las cejas pobladas y las piernas rollizas, de caderas prominentes, llegué tarde a la repartición.

Hoy se celebra el Día Internacional de Las Mujeres AFRO. Más que el color de piel y el cabello murusho, se celebra su lucha y su entrega, en el fortalecimiento de su participación, como mujeres que aportan a una comunidad, a un país, a un continente y al mundo entero.

Mujeres  descendientes de las AFRO que fueron esclavas, que lograron la abolición y que fueron parte de la historia del mundo entero. No sabía que hubiera un día para la mujer AFRO, hoy me enteré por casualidad. África, un continente, del que los demás, tenemos un poquito de su herencia. Pensar en África, me hace navegar por la historia y  llegar a los umbrales de la; esclavitud, el abuso, la opresión, el trato inhumano. El racismo, y por supuesto el avance que han tenido  al paso del tiempo, como descendientes de una cultura, una identidad, una tradición y una herencia. La Mujer AFRO en  una lucha digna, honesta, frontal y ejemplar.

Un camino poblado de espinas y lamentos, llantos, golpes, abusos y humillaciones. Un camino cargado de racismo e intolerancia; al color de piel.

Una jornada laboral  no de ocho horas, sino de siglos. A las madres, a las hijas, nietas y abuelas, a las tías, sobrinas, primas y amigas, a la constelación de estrellas entretejida con hilo negro y lana murusha que puebla los cinco continentes que conforman la tierra.

Hoy es el Día Internacional de La Mujer AFRO.

Y es un saludo a mis ancestras, a mis bisabuelas,  a mi  abuela, a mi mama y a mis tías.  Que no sufrieron del racismo y la discriminación por el color de piel; pero sí, por su condición campesina y proletaria. Aunque ésta, ya viene siendo de otro paisaje.

Hoy saludo a toda aquella mujer que lleve en sus venas la sangre AFRO, en cualquier rincón del mundo.
A las de ayer, a las de hoy  y a las de siempre. ¡Viva el continente Africano! ¡Viva la herencia Garífuna!  
Ilka Ibonette Oliva Corado.
25 de julio de 2011.
Estados Unidos.

3 comentarios

  1. Excelente Ilka, un muy buen escrito, gracias por compartir tus letras..

  2. Bueno negrita: Pues feliz día para esas mujeres que hoy engalanan nuestro continente sin el sufrimiento del ayer. Besos, Chente.

  3. Excelente trabajo, me gusto mucho donde describiste a tu Abue y a tus tias y a tu Mama etc etc. Algun dia tus escritos seran leidos por tus descendientes, que bonito tener algo asi para aprender de la vida de los antepasados.

    Juan! 🙂

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