Larga vida al Centro Cultural Ave María de la Asunción

Entré a estudiar al colegio Ave María de la Asunción en el año 1993, por la tarde, a primero básico y egresé en 1995 para luego cursar el magisterio de Educación Física. Pertenezco a la segunda generación.

De aquellos años guardo gratos recuerdos, el carisma y la jovialidad del profesor Byron, y jamás podré olvidar a nuestra maestra guía, seño Sonia, a la que le tocaba lidiar con una sección de firmitas como la nuestra y en particular conmigo que era imposible de tratar. La seriedad y el brío de seño Reyna, a quien nunca vamos a olvidar. Como tampoco al profesor Marco Antonio Zepeda que hizo hasta lo imposible para que aquella sección de causas perdidas tuvieran cimientos básicos de Formación Musical. Siempre lo recuerdo cuando voy a recitales al Centro Sinfónico de Chicago. Vienen a mí en esta diáspora las tardes en aquel pequeño colegio que le dio a mi adolescencia el nutriente que no permitió que la adversidad me venciera.

En aquellos años yo era una de las dos niñas heladeras que vendían en el mercado de Ciudad Peronia, una paria a la que pocos le sabían el nombre, me gritaban, ¡heladera! Pensar en cursar los básicos pintaba como un imposible debido a nuestra situación económica, pero también lo había sido la primaria y logré terminarla, así que como lo intenté con los básicos.

Los días se dividían entre el trabajo, las labores domésticas y el colegio. Nos levantábamos a las 3 de madrugada y nos acostábamos a las 12 de la noche. Apenas quedaba tiempo para hacer los deberes o estudiar para los exámenes. No recuerdo nunca haberme sentado a hacerlos, los hacía en el trote mientras ordeñaba o pastoreaba las cabras, limpiaba el chiquero, barría el patio, recogía los huevos de las gallinas…

Llegaba del mercado a la casa a las 12:30 y en lo que entregaba cuentas a mi mamá de la venta y me alistaba me daban las 12:50, a como podía agarraba una tortilla y la untaba de mantequilla y me la iba atragantando en el camino, cuando corría por el bulevar para llegar a tiempo al colegio a la 1 de la tarde. Tanta carrera para terminar el día trompada tras trompada con los patojos, mi enojo con la vida me mantenía con la sangre hirviendo todo el tiempo y a la menor provocación aquello de desataba en una batalla campal. En el colegio me tuvieron paciencia para no expulsarme y en eso seño Sonia tuvo mucho qué ver, ella metía las manos al fuego por mí. Siempre creyó que yo merecía una oportunidad.

La adolescencia fue una de las épocas más difíciles de mi vida, emocionalmente y económicamente porque a veces tenía para pagar la mensualidad del colegio y en otras me era imposible, yo pagaba el colegio de la venta de los helados, cuando se lograba ajustar porque se repartía el dinero entre las urgencias de la casa, que no eran pocas.

Logré terminar tercero básico gracias a una media beca que me dieron en el colegio, al ver mi necesidad y la miseria en la que vivíamos, al ver que me esforzaba y trabajaba como mula, esa ayuda me salvó la vida. Me permitió terminar los básicos y egresar a diversificado. Lo demás es historia.

Recuerdo el momento cuando el profesor Rodolfo y seño Reyna hablaron conmigo para decirme lo de la media beca, -seño Reyna además se convirtió en mi madrina de confirmación- ahí estaba yo con mi jumper deshilado y mis zapatos con la suela rota, siempre le deshilaba el ruedo por andar brincando como cabra en las gradas del colegio, ellos también apostaron por mí, creyeron en que yo podía salir de donde estaba. Ellos valoraron mi esfuerzo y mis intentos.

Hoy que el colegio Ave María de la Asunción cumple sus Bodas de Plata, es para mí un honor formar parte de esta celebración, y estar a distancia con ustedes, en mi gran amor, Ciudad Peronia.

Y decirles a ustedes estudiantes que, a donde quiera que vayan, representan la dignidad de Ciudad Peronia, cada palabra y cada acción suya habla del arrabal. Sean dignos de él con su comportamiento diario. Hónrenlo, valórenlo y ámenlo. Porque es la vid de su formación como personas, sean la semilla que lo haga florecer a pesar del olvido y la injusticia.

Mi agradecimiento al colegio Ave María de la Asunción por la oportunidad que le dieron a mi vida y por seguirle apostando a la infancia y adolescencia de Ciudad Peronia.

¡Larga vida al Centro Cultural Ave María de la Asunción!

Con amor: la niña heladera.

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

06 de agosto de 2017, Estados Unidos.

 

4 pensamientos en “Larga vida al Centro Cultural Ave María de la Asunción

  1. Ilka: En este y todos los momentos, deseando que usted se encuentre muy bien. Me encantan sus acrilicos y quisiera comprar la mayoría, pero en este momento sólo me alcanza para uno. La compra/venta tendría que ser directa. Yo le enviaré un money order/cashier check. Yo no tengo cuenta en ningún banco, ni uso tarjetas de crédito ni de débito. También me gustaría saber si es posible ordenar un vajillita de pocillos y platos cafeteros con sus diseños acrílicos. En espera de su respuesta. Atentamente, Daisy Gardeazabal.

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  2. Gracias, Ilka por compartirnos todas las viciscitudes que rodearon tu niñez y que forjaron tu carácter! Y que linda de no olvidar a los buenos maestros que te ayudaron. Un abrazo!

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