Tom

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Hace un mes hice la cita para tramitar la renovación de mi pasaporte y mi tarjeta consular, ahora ya existe la opción de hacer cita vía telefónica o vía internet, hace apenas unos años eso era impensable para la comunidad guatemalteca en Chicago. Imagino que funciona de la misma forma en todo Estados Unidos con los consulados de Guatemala.

La hice a primera hora, como vivo fuera la ciudad preferí madrugar y llegar temprano, a verme en el tráfico de la autopista a la hora pico. La cita era a las 8 y yo llegué al consulado a las 7, estacioné el automóvil del otro lado de la calle. Recientemente lo movieron de lugar, cosa que beneficia tanto a la comunidad, antes estaba en la  exuberancia de la avenida Michigan. Al cónsul anterior, típico guatemalteco clase media, se le había ocurrido firmar un contrato de diez años de arrendamiento.

Con aquello de aparentar grandeza, holgura y clase. En el centro de la ciudad se pagan 28 dólares por hora en el estacionamiento público, el consulado no tenía estacionamiento. Para la economía de los inmigrantes indocumentados es un sacrificio tan grande ir a la ciudad a realizar trámites consulares; se pierde el día de trabajo más el gasto de estacionamiento, además que los horarios de atención al público eran alarmantes, de 10 de la mañana a 2 de la tarde.

Por lo menos ahora que lo cambiaron de lugar y colocaron en un lugar más accesible, fuera del perímetro de los rascacielos, también cambiaron el horario; de 8 de la mañana a 3 de la tarde. También cuenta con estacionamiento. Algo que me alegra enormemente porque muchas personas viajan de otros Estados y de otras ciudades y tendrán más acceso a los servicios consulares en Chicago.

También el personal es más amable, el anterior era arrogante, el típico clase media que por contactos consigue trabajo en los consulados y se dedica a humillar al guatemalteco indocumentado y mucho más si es indígena. Para mi sorpresa esta vez que fui solo vi caras nuevas, atendieron con amabilidad y responsabilidad.

Llovía a cántaros, mientras esperaba saqué mi libro de mi morralito y me puse a leer, estoy releyendo La Patria del Criollo, es la segunda lectura, la primera fue cuando estaba en quinto magisterio de Educación Física y el profesor de literatura nos lo dejó para los meses de fin de ciclo. De cuándo en cuándo detenía la lectura para ver el nuevo edificio del consulado, y siempre asomaba una sonrisa en mis labios porque pensaba en las personas que tenían que viajar de otras ciudades, el cambio tan grande que iban a encontrar y que los beneficiaría.

A las 7:45 decidí ir pararme enfrente y esperar a que abrieran la puerta, mi cita era a las 8. Vi a un hombre aspirando la alfombra y me saludó levantando la mano, me habló en inglés y con señas me dijo que esperara 10 minutos más. Me llamó la atención que era gringo, ¿un gringo limpiando? Pensé en mis adentros. Tenía mojado el pantalón de las rodillas hacia abajo.

Cinco minutos después abrió la puerta y dijo que no me podía dejar ahí si estaba lloviendo tan recio, se presentó con amabilidad y me dio la mano, se llamaba Tom.

Le comenté de lo sorprendida que estaba de las nuevas instalaciones del consulado, me dijo que ya llevaban buen tiempo ahí, él era el conserje del edificio. Hablamos del tiempo y me contó que se iba al trabajo en bicicleta porque en bus se tarda mucho y llega tarde, por esa razón se había mojado porque le tocó manejar su bicicleta en medio del aguacero.

Por mi parte le conté que cuando recién emigré también me tocó durante un invierno completo irme a trabajar en bicicleta, en medio de aquellas nevadas.

Dejó la aspiradora por ahí y le dedicó más tiempo y atención a la conversación, trabajaba en los mil  oficios, el de conserje era un trabajo de medio tiempo, yo le conté que llevo 13 viviendo en Estados Unidos y que también en los mil oficios. Su rostro se iluminó cuando le dije que también limpiaba casas, que había trabajado limpiando oficinas.

Fue ahí cuando se relajó y sintió que estaba conversando con alguien como él, que entendía y conocía el trabajo de conserje, de limpieza. Uno es un mueble viejo, olvidado, cuando trabajo en el servicio doméstico, le dije y él afirmó moviendo la cabeza. Conozco tu trabajo, le volví a decir. Limpiar los baños cuando la gente irrespeta que es un ser humano el que trabaja ahí.

Hablando del trabajo estábamos cuando llegó el personal del consulado y comencé mis trámites, él siguió con su trabajo.

Mientras esperaba para tomarme las fotografías para los nuevos documentos Tom de nuevo se acercó y me preguntó si tenía algún número de teléfono para comunicarse conmigo, porque conocía dueños de edificios que necesitaban personal de limpieza en la ciudad. Le dije que no trabajo en la ciudad porque vivo muy lejos, pero que tenía conocidas que tal vez sí estarían interesadas, le di mi número de teléfono. Me encantó ese gesto suyo, no es común. Mientras se alejaba le pregunté si me podía tomar una fotografía con él, me costó convencerlo.

Una empleada del consulado nos hizo el favor de tomarla, Tom que estaba muerto en risa conversando conmigo a la hora de la fotografía se puso serio y no hubo manera que sonriera para la fotografía, en cambio a mí me cuesta…

Mi visita en el consulado terminó 45 minutos después de haber llegado, fui la primera y el trámite fue rápido, es la primera vez en los 13 años que llevo viviendo en Chicago, que veo al personal del consulado a la altura de la comunidad.

Todo el personal fue amable conmigo y con el resto de guatemaltecos que se quedaron tramitando sus documentos, pero ninguno con el carisma y la humildad de Tom, el conserje gringo con quien tuve el gusto de tomarme una fotografía. Estaba trabajando con el pantalón empapado por el aguacero,  desde las horas de la madrugada, como miles de migrantes indocumentados alrededor de Estados Unidos. Lo que demuestra que el paria es paria en cualquier lugar del mundo, sin distinción y sin fronteras: somos pues universales.

Posdata: mi nuevo pasaporte llegará en dos meses, debido a atrasos en el sistema…, raro eso en Guatemala.

Para todos lo que como Tom son mil oficios, qué la jornada les sea corta. 

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

31 de agosto de 2016, Estados Unidos.

Un pensamiento en “Tom

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