¡Yayai Guatemala, tunda apoteósica!

Viendo las fotografías de la apoteósica manifestación que se discutieron los guatemaltecos hoy en todo el país, me llamó poderosamente la atención una de un cartel que decía: “La injusticia será injusticia a pesar de los intentos que hagan todos ustedes para explicarla. Sus palabras nos inspiran.” Tenía de fondo la imagen de Irma Flaquer. Me sacudió porque aparentemente era un grupo de estudiantes de la Universidad Rafael Landívar el que lo llevaba. Yo estaba trabajando en el texto para mi columna radial de mañana y tuve que parar un momento y bajarme el nudo que tenía en la garganta porque la emoción se me hizo sal y alegría. De esas veces en que vos no sabés si llorar o reír, porque te pega el dolor y la felicidad. Dolor porque son tantos los mártires y felicidad porque de pronto los patojos los están rescatando del olvido.

Ese cartel dice mucho, mucho de la Memoria Histórica que nos han negado en las universidades privadas. Las universidades privadas también son pueblo y qué bueno que se estén enterando y que se unan. De las cosas que uno pensó que nunca iban a suceder en Guatemala, universidades privadas y la USAC caminando hombro a hombro (¡puta, esto merece un trago, aunque sea de 8 cutos y un limón por aquello de las gripes!).

Quiero pensar que este despertar es definitivo, que nunca más volveremos a la modorra y que la sensibilidad de la clase media bajará a las laderas y comprenderá al hermano de los pies rajados y buscará justicia. Ojalá que esta corrupción que fue la que impulsó al país a abarrotar las calles, sea solo el inicio para unificar la lucha de tantas causas invisibles que doblegan al país.

Ojalá que ahora que los patojos de las universidades salieron a las calles, comprendan a los campesinos que llevan décadas manifestando y que por todo apoyo reciben insultos. Ahora que ya saben lo que es salir a las calles, pues no reculen más bien que se fortifique esa lucha, urbe y campo, ladera y asfalto, letrados y analfabetas. Todos unidos para rescatar Guatemala.

Rescatarla de la apatía, de la lasciva, de la corrupción, del olvido, de la mancilla, del asalto. Restaurarla, adoquín por adoquín. Adobe por adobe. Ojalá que un día no muy lejano esas mismas masas que salieron hoy tomen las calles y griten que sí hubo genocidio, que exijan que paguen los culpables, cárcel a los genocidas. Ojalá que sean las universidades privadas las que tomen el impulso, que se sientan pueblo, que vivan el dolor de los familiares de desaparecidos, de torturados y asesinados. Ojalá y que esta conciencia sea real, que el cambio venga de fondo, cultural, político y social. Que el dolor de la Tierra Arrasada nos indigne igual que la corrupción.

Ojalá que un día sean estas mismas masas las que salgan a abarrotar las calles para exigir un alto a la homofobia y leyes que permitan el Matrimonio Igualitario y la Unión Civil. Que sean esos mismos curas, monjas, rabinos, pastores, esos mismos religiosos los que pidan una Ley de Aborto.

Que cuando nos toquen a una niña salgamos todos a las calles y no regresemos a nuestras casas hasta haberse hecho justicia. Ojalá que las cifras de feminicidios nos enciendan la sangre de indignidad como las cifras de lo que se han robado los corruptos en el gobierno. Sueño con que la conciencia sea de fondo, sea única y sea real.

Que nos haga temblar de cólera ver un niño picando piedra como a un presidenciable en oratoria de mentiras. Que nos reviente la cólera cuando veamos a un abuelo pudriéndose trabajando a brazo partido en los cañales como a un diputado durmiendo en el Congreso.

Que nos duela en el alma ver cuando se van nuestros hermanos de indocumentados al norte, como nos duele ver los hospitales sin recursos.

Yo creo en el clamor popular, creo en que se puede enmendar, en que la gente se puede informar, creo firmemente que la sensibilidad puede hacer mella y transformarnos como seres humanos, como sociedad y como país. Tal vez no se me note la alegría de forma eufórica, por la forma en la que escribo, pero sí estoy feliz, pero también exijo más, porque sé que Guatemala puede darlo. Sé que esta sociedad puede cambiar. Sé que los páramos pueden florecer.

No hay manera de transformar un país sin involucrarse.

Ojalá que mañana cuando subamos a un autobús demos el sillón a una mujer embarazada. Que tiremos la basura en su lugar. Que no regateemos en el mercado. Que no nos robemos lapiceros y lápices del trabajo. Ojalá que mañana en lugar de poner los zapatos para que los lustre un niño en la calle, le ofrezcamos un tiempo de comida, y nos sentemos a conversar con él por lo menos cinco minutos, tal vez así la sensibilidad no llegue al tuétano y seamos capaces de ofrecerles un futuro mejor a esos miles de niños que sufren explotación infantil.

Ojalá que mañana nuestros hombres no amanezcan pensando qué bar van a visitar en la semana, y que nuestras mujeres “santas” no señalen a las que sufren de explotación sexual, más qué haremos para que esa vejación deje de existir en el país. ¿Quiénes se unen a una manifestación masiva para exigir que se cierren los bares, burdeles, casas de citas en el país? Eso es ir hasta el tuétano de la conciencia y del actuar humano. Lo que duele, lo que nos encara, lo que nos cuestiona, eso es la conciencia, lo que va más allá de nuestros medios, lo imposible.

Es hermoso escuchar el Himno Nacional, Luna de Xelajú entonados por miles de guatemaltecos llevando agua en las calles, pero más hermoso sería no ver niños comiendo de los basureros. No ver a nuestras adolescentes trabajando en maquilas, sin prestaciones laborales, encima abusadas sexualmente por los patrones. Eso lo sabemos todos y nos hacemos de la vista gorda. Porque lujo sería ver esas masas exigiendo que se respete al campesino y que se le devuelva la tierra. Esa urbe gloriosa por lo letrado, con un machete en la mano para sentir las ampollas y el dolor y la cólera de la marginación.

Ojalá que esos cambios vengan, que sean parte de esta avalancha, que los que despertaron no vuelvan a la apatía nunca más. Que no sea solo la corrupción lo que cortemos de raíz, también los prejuicios, la doble moral, la apatía, la homofobia, el odio, la discriminación. Que seamos capaces de cultivar esperanza, equidad y prosperidad para el país, en todos los ámbitos. Ojalá que este sistema podrido sea un día parte del pasado. ¿Vamos con todo? Pues luchar por la justicia exige responsabilidad, ¿quién la tiene?

Para que Guatemala florezca finalmente. Que ese amor que tanto decimos tenerle al país germine en las sonrisas de los niños que hoy lloran de hambre y cansancio y frustración. Que los títulos, que lo aprendido, que lo estudiado, que nuestros recursos, que nuestras voces, hombros y brazos, nos unifiquen. Que no seamos unos shumos y otros soñando con ser de otro país. Que no exista campeonato de fútbol extranjero que nos haga sentir más orgullosos que nuestro propio sistema de educación formal que incluya en las escuelas las clases diarias de Educación Física y Formación Musical. Un país con parques y polidoportivos donde nuestros niños y mocedades puedan desarrollar sus habilidades y destrezas lejos de la violencia. Escuelas de Música. Escuelas de Arte. En fin… Seamos capaces de soñar en grande. Que este despertar sea de fondo.

Por lo demás es hermoso, esa tunda y ese despertar son hermosos. Sigamos caminando, ¿para qué? Para que en Guatemala NUNCA MÁS. Para que hagamos verídico el Guatemala NUNCA MÁS. Para que nos respeten, para que respetemos. Para que nos hermanemos. Para que el dolor del otro sea también el nuestro y para que la alegría sea compartida. Para que los frutos de la cosecha los disfrutemos todos como país. Convirtamos lo imposible en realidad, ¿para qué? Para que en Guatemala NUNCA MÁS.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Mayo 16 de 2015.

Estados Unidos.

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