Vine a visitarte José

Agustina, madruga, como todos los días, con el primer canto del gallo se levanta, busca las chanclas debajo de la cama, enciende el candil, destranca la puerta y busca en la laja la tinaja de agua que acarreó desde La Pilona la noche anterior, se baña en el patio, atrás del cancel de costal que separa la cocina del gallinero, agarra un pedazo de carbón, se echa un tanto de sal en la boca y se lava los dientes, el agua sobrante la lanza a las matas de chile chiltepe que tiene sembradas al pie los izotes.

Se agarra el pelo en una cola y aviva las cenizas del polletón, junta unos chiriviscos de los que están amontonados a la par de la parva de leña y se los echa con una astilla de ocote, en lo que enciende el fuego lava el batidor, le echa agua del cántaro de barro que tiene en el corredor y lo pone a un costado del comal, junto a la hornilla. Desde la noche anterior dejó cocido el nixtamal, lo lava en la pana de plástico grande que le regaló José para los días de la feria patronal y lo muele en la piedra de mano, alista la masa y limpia el comal con una tuza mojada con agua de cal. Agustina comienza a tortear, las palmas se escuchan hasta La Pilona en el parque del pueblo. Son las cuatro de la mañana y Comapa está despertando.

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