La muerte de un paria
Aquella mañana pasamos por la piñera a comernos nuestra acostumbrada piña cada uno, el placer era ver cómo la pelaba con machete el vendedor y nos la entregaba por el tallo, y así entera agarrada del tallo la devorábamos a mordidas mientras caminábamos por los atajos del mercado La Terminal. Ritual que hacíamos todos los sábados por la mañana mi papa y yo cuando íbamos en busca de las verduras para su acostumbrado caldo de patas.


