Egoísta sin culpa.

En la casa cuando nos daba por reírnos por cualquier tontera y estaba mi mamá presente nos decía: “cállense muchá porque Dios las va a castigar y algo les puede pasar por estarse riendo”, con esto aplacábamos la alegría y nos silenciaba la cordura. Así crecí, sintiendo culpa por todo hasta por lo que me causaba una fugas felicidad. Me sucedía cuando salía a dirigir juegos de fútbol a los departamentos que la mitad del pago me lo gastaba en frutas y comida que llevaba a la casa porque no cabía en mi cabeza comerme una naranja y que en…

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Enredaderas de güisquil.

Me he quedado unos minutos embelesada observando los güisquiles espinudos en una de las estanterías de verduras del supermercado mexicano que está en mi pueblo rentado, mis nostalgias de aldea aparecen como si las hubiera llamado con urgencia de agonía en diáspora, el sitio de “La Señora de las dalias” aparece entre la niebla del tiempo, con sus enredaderas de güisquil guindando entre las ramas de los palos de níspero, jocote, guayabo rojo, naranjos, cepas de guineo majunche y subiendo entre los troncos rollizos de los encinos. Las de ayote despeñándose en el zanjón del barranco que colinda con la…

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Historial de las orejas de burro.

Cuando sentí el profesor ya me llevaba levantada de las patillas camino a la dirección del colegio, bajamos las gradas de las cancha de baloncesto, pasamos el corredor, tocó la puerta de la dirección y le dijo a la directora: le traigo a la reclusa. Pase adelante dijo ella , ya sabe qué hacer. Agarré las orejas de burro, me las puse en la cabeza, volteé la espalda y me pasé el resto del recreo de pie viendo hacia la pared. Esa fue una de las tantas ocasiones en que mi profesor me llevó a la dirección, fue así en…

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Yo, marimacho.

Tocaron la puerta y asomé por la ventana vi que era Güisquil y su mamá, ella mal encarada lo tenía agarrado del pelo y de la nariz del patojo escurrían pitos de sangre que él intentaba tancar con un pañuelo. No quería abrir la puerta pero en eso apareció mi mamá en la sala y me dijo que abriera, lo hice. Se fue de espaldas cuando vio la playera del ensangrentado empapada en sudor y una mescla de polvo con sangre que le daba un aspecto de lodo con achiote. Mire lo que le hizo su patoja a mi hijo,…

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Febrero Rojo.

De qué otro color podría ser el mes del jocote de Jalpatagua si rojea la flor de pito en los barrancos y en el caminón. Es febrero de las luchas que proclaman revolución. Un atisbo de memoria en el pétalo de una flor, cuando los vientos la acarician y le hablan de su amor. Un amor de periferia, de aldea y de cantón, un amor que es cosa seria porque es sangre y dolor. Un amor que no traiciona porque es cuna en el peñón donde arrulla la nostalgia el nombre del que desapareció. Tantos años han pasado y otra…

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Alrevesada.

La prueba más fidedigna de que soy alrevesada es la de mi experiencia con el idioma inglés. Cinco años duré negándome a aprenderlo y hasta que un día decidí derrumbar esa barrera existente solo en mi maceta estudié las opciones a mi alcance. No podía ir a la escuela para adultos con la regularidad requerida porque mis horarios de trabajo se traslapaban –diría mi Nanoj- pero aun así fui a estudiar en horario nocturno pero solo a quedarme dormida sobre el pupitre iba, las clases para adultos eran demasiado lentas para mi inquietud y me aburría tan rápido que agregándole…

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Mi segunda boda.

Solo falta que ahora en la víspera de los 35 me dé por empezar a contar las historias de mis agarres, prenses, soques, novios, caseros y cashpeanes. Muy maleada pues, retahíla de casacas. Lo que sí es cierto es que tuve una segunda boda frustrada en los sueños de mi Tatoj. No es ningún secreto que deliro por los hombres negros prietos azabaches pero por ser morena el feeling –uta ella escribiendo en inglés- es con los hombres rubios, así es que mi harem –ella hoy anda desatada- ha sido de blancos tonalidad leche recién ordeñada, ni color que soy…

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Trastornos.

Te buscan imprecisas no las puedo atar, corren a tu encuentro que es niebla de temporal allá por mi Comapa en el agosto invernal. Salen de mis poros en tropel, se asoman a los umbrales de las nostalgias de mi ayer. Son lozanas y ariscas que en tu ser se vuelven miel, parecieras ser la bruja que hechizara tanta hiel. No las puedo sosegar, son rebeldes y convergen en las lunas sin dormir, en las noches desveladas, en las auroras encantadas y los guindos de un peñón, tu nombre pronuncian evocando redención. Vos las liberaste y son adeptas a tu…

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Nía Luz.

Llegó a mí como si la hubiese evocado Ligera y Diáfana. Venía en una encomienda delicada enviada desde Guatemala por la afinidad de un buen amigo. Corrían los primeros días del año 2012. Aquel enero invernal traía para mí la poesía de nía Luz Méndez de la Vega. Abrí el libro emocionada, adentro leí la dedicatoria escrita por la pluma de penas contrariadas de un errante trovador de lunas llenas y de cuartos menguantes. En sus páginas respiré el olor a zacate de arada, a urbe y a adoquín. No había escuchado de ella. Me presenté y le dije: mucho…

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Mi primera boda.

Para que el sueño de tener un camión con carrocería funcionara, mi mamá se ideó asociarse con un primo hermano hijo de un hermano de tío Lilo – mi abuelo materno- también originario de Jutiapa, Jalpatagua. El hombre renunció al trabajo, prestó dinero a su papá y dio pues la mitad para mandar a hacer la carrocería a Petén. Los dos aventureros –mi papá y él- se treparon en el tráiler y zarparon como marinos hacia un puerto lejano que yo aun no conozco, en las cercanías del río La Pasión. Allá estuvieron rascándose las barriga y cantineando patojas en…

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El Guayito.

El recuerdo de mi madre embaraza vestida con una bata azul con flores pitayas es tal vez lo más vívido que guarda mi memoria en el tiempo en que esperaba a mi hermano. Con su panza enorme de ocho meses de embarazo, su rostro entomatado cuando había calor, el cansancio en su espalda, sus pies inflamados, aun no sabía que iba a parir un varón. Fue el último año en que vivimos en la vecindad de la zona ocho capitalina. Mi madre ya había dejado de laborar de cocinera en la cafetería de Paiz Montufar y decidió tomar un curso…

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La primera que emigró.

Era un matrimonio con cinco hijos, cuatro mujeres y un varón, ambos trabajaban en un laboratorio clínico y las tres mayores eran de una edad conmigo. Estudiaban en el colegio Galilea que colinda con la aldea El Calvario y la colonia Las Terrazas, colegio en donde también estudiamos mi hermana mayor y yo, ella en los básicos y yo los últimos tres grados de la primaria. Las tres hijas mayores se unían a la manada de patojos que caminábamos en el Caminón y en el Caminito, en la arada, ambos hoy en día desaparecidos por la lotificación de la colonia…

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Korean family.

Mi primer trabajo en Estados Unidos fue con una familia coreana. Me lo consiguió una muchacha mexicana amiga de mi hermana quien hacía limpieza en esa casa. Yo tenía dos meses de haber llegado al país y no hablaba ni hola en inglés. Habló con mi hermana y durante unos días fui a ayudarle a limpiar la casa, por todo el día me daba $10 y ella ganaba $60 se quedaba con los otros $50. A la señora le caí bien y le preguntó si necesitaba trabajo, ellos no necesitaban a nadie pero les caí bien –eso me lo dijeron…

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El día de mi suerte.

Mis abuelos maternos se fueron a vivir una década a Ciudad Peronia, fue la década de los 90 que tanto marcó mi vida. Dejaron todo en Comapa, vendieron las gallinas y los marranos, la yegua la dejaron encargada con uno de mis tíos abuelos y los jocotes de agosto del palo del patio se los comieron los niños del Barro El Clavel, lo mismo que el café maduro lo cortaron las vecinas e hicieron en iguaste la flor de pito y de izote. Los guayabos rojos se cayeron maduros sobre el suelo de talpetate del patio, ahí se hicieron abono…

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El licor y yo.

Mi relación con el licor comenzó al mismo tiempo en que nació en mí la pasión por el balompié. Decir que en mi vida solo ha estado la pasión y no la adicción es mentir, es traición. Fácil es hablar de los entrenos, de los goles de chilena, de las ovaciones gritando, ¡gol! De las fintas, de las guanacas y de los goles olímpicos. Hablar de la pasión es un encanto, fluye, nutre por eso es llamada pasión a esa fuerza extraordinaria que se apropia de las venas y del corazón. Ni un orgasmo ni multiorgasmos se asemejan siquiera a…

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