El Prieto.

Es niña. Mi papá se enteró pasados los días de mi nacimiento que yo era niña y no niño, se desilusionó, él quería un varón. Me conoció pasado el mes de nacida, él trabajaba en la finca algodonera La Pangola y mi mamá se fue a parirme a su natal Comapa, llegó con sus once ovejas y un manojo de cebollas, agarró a sus dos hijas y a su compañera y regresaron a la finca. Yo era idéntica a él hasta en el color de piel, pero no tenía pito, entonces se ideó criarme como niño y me llamó Prieto.…

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Un telegrama urgente.

El profesor auxiliar toca la puerta del salón y pregunta por mí, dice que necesita hablar urgentemente en su oficina con la alumna Ilka, la catedrática me da permiso de salir y voy, me espera con un telegrama urgente para que mi mamá se presente a la escuela el día siguiente. Le pregunto cuál es la razón, que si cometí alguna falta, que por qué quiere hablar con mi mamá con tanta urgencia, pero no me contesta y se limita a decirme que si mi mamá no va a escuela no me dejará entrar. Regreso al salón con el telegrama…

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Sobrevivientes de frontera.

Los sobrevivientes de frontera somos estigmas errantes, omisión de la realidad, caretas de mimos tristes, un grito ahogado en el testimonio que nadie quiere escuchar. De sobrevivientes de frontera está lleno el mundo y la historia. Somos lo inconcluso, el salto de una legión forzada a emigrar, sin más recurso que el del desarraigo, la miseria y el ímpetu de no desistir hasta que llegue la hora cero y nos borre de la memoria. A los sobrevivientes de frontera se nos ve en las avenidas caminando con la urgencia del tiempo acabado o con la paciencia de quien solo espera…

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Post Frontera, el libro vuelto la parcela de mis amores.

“El migrante es un muerto que camina sin nombre y sin entierro.” -Sacerdote Pedro Pantoja. Me asomo por la ventana de mi habitación y observo la escarcha de la época del frío yaciente sobre la grama y las hojas de los arces que están al otro lado de la calle. Es otoño, el mismo que me recibió cuando emigré y me convertí en inquilina a cientos de miles de kilómetros de mi natal Comapa y de la periferia que me vio crecer, allende de mi Guatemala. Me hechizó el gris plomizo de sus cielos bajos y la niebla espesa que…

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El R.

Lo conocí cuando entré a estudiar magisterio de Educación Física, él ya tenía como quince años de graduado y trabajaba a un costado de la escuela en la Dirección General de Educación Física. De uno de los corredores del segundo nivel de la escuela se veía el patio de la oficina donde él trabajaba y las patojas lo molestaban cuando lo veían pasar, le silbaban y le decían cada cosa que el pobre hombre se sonrojaba y entre sonrisas las saludaba. Así pasó el año, entre silbidos y bromas y las invitaciones al cine que le hacían las patojas, siempre…

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Un texto prodigioso.

“Soy su Nana pero no soy santa y quiero que lo tengan muy claro,” palabras de mi Nanoj que aprendimos desde niñas. “Soy mujer y los parí a ustedes pero no soy santa, soy mundana”, con eso solita se baja del altar por si pensábamos colocarla en esa altura venerable. “Aprendan porque yo no les seré eterna.” “Aprendan a hacer bien el oficio porque cuando se casen no van a hablar mal de ustedes sino de mí.” “No existe mujer santa.” “Las quiero ver sacando fibra.” “Pero ya se me paran en un pie.” “Mastiquen como la gente no como…

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Secuestradas.

Una caravana de vehículos de doble tracción detiene el autobús, bajan hombres vestidos de negro, llevan armas de grueso calibre y gorros pasamontañas. Toman a las mujeres y las bajan a la fuerza, las suben a los vehículos y se van. Son indocumentadas, el pitazo lo dio un pollero que tiene tratos con policías y con traficantes del Instituto Nacional de Migración. Entre las secuestradas van niñas, adolescentes y mujeres adultas, todas centroamericanas. Las llevan a una casa bodega a las afueras del poblado, ahí las amarran de pies y manos, serán repartidas en varias casas de citas y bares…

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El ultraje.

El coyote le tapa la boca con una mano y la arrastra hacia atrás del tren estacionado, la sube a un vagón vacío y la lanza contra la pared. Se baja el cierre del pantalón, la arroja de espaldas contra el suelo, la abre de piernas y con una navaja corta su calzón de niña. Goza con la pequeña cavidad que está ultrajando, se excita al escucharla llorar, empotra su mísero falo una y otra vez. Le ordena que se ponga a gatas y la embiste de nuevo con toda su fuerza, con toda la lasciva de un violador impune;…

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El arralón con el Sergio el bailador.

Tocaron la puerta a la hora acordada, el apartamento estaba lleno a reventar de santas, no tan santas y de putas; putas sosegadas, medio traviesas y de las pervertidas. Mosquitas muertas, moribundas y de las avispadas. Todas habían sido citadas para celebrar la despedida de soltera de la enclenque que se iba a casar por todas las leyes habidas y por haber con su marinovio, un zopenco con quien llevaba una relación –tormentosa- de tres años. Del bacanal solo dos tenían documentos legales en el país el resto eran indocumentadas. Entre que esposas, amantes, novias, solteras. Entre que jovencitas, medio…

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Nuevamente el adiós.

¿Es así? – pregunta la rana parda- ¿es así la despedida? ¿Por qué duele tanto decir adiós? No es un adiós definitivo – contesta la chicharra Numen- nos veremos pronto cuando ya no quede rastro del invierno, retornaré en cada verano con mi canto y mi alegría a habitar la frondosa selva tropical. No quiero que te vayas, – le dice la rana- no quiero despedirte es tan triste el otoño cuando la selva se despoja de todo su color, tan frío el invierno todo esto es desierto sin tu melodía de cigarra. Nuevamente llega el otoño y la despedida…

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