La larga noche de una indocumentada guatemalteca

Mis amores, les comparto la reseña en español que hizo Andrea Pezzé sobre mi libro de Travesía, ya publicado por la editorial Adizioni Arcoiris  en Italia.


La larga noche de una indocumentada guatemalteca

Existe un sinnúmero de obras literarias en las que, tras una larga estela de hazañas, descubrimos su esencia real, el ensueño. La costumbre de otorgarle a la literatura una densidad onírica (herencia shakespeariana, calderoniana) es tan arraigada que a menudo sospechamos de la veracidad de una historia. Al no parecernos admisible, viramos hacia la conclusión de que nos encontramos frente a la narración de un sueño. Se conocen densos trabajos críticos (por ejemplo, alrededor de algunas aventuras del Don Quijote) que tratan de demostrar que el tiempo de la historia se acerca mucho al cero, y el tiempo de la narración es más o menos largo. Dicho de otra forma, puede pasar que aunque no se nos ofrezcan claras referencias al sueño, estamos convencidos de que sí lo es.

Si no se explicitaran el día en el que empieza y en el que termina la historia contada por Ilka Oliva Corado, probablemente la encasillaríamos entre las obras que cuentan una pesadilla. El libro de la colección “Incroci” de la editorial Arcoiris es la traducción de un testimonio literario referido por la bloggera y escritora guatemalteca Ilka Oliva Corado. Nos cuenta su viaje a través de México y la frontera sur de Estados Unidos, ese pedazo de tierra en el que estallan las contradicciones del capitalismo tardío. Ilka relata en primera persona los sucesos, las heridas y las violencias padecidos por los centenares de hombres y mujeres que cada noche buscan aventajar las líneas de alambre de púas y el desierto. Aparecen todos los personajes de la congoja americana del siglo XXI: los migrantes, los coyotes – que pertenecen a organizaciones que por dinero acompañan los migrantes de un país al otro –, la policía de la migra estadounidense. Hay también balas, reflectores, perros policía, sangre, muerte.

¿Por qué razón admitimos la veracidad del relato de Ilka? Desde cierto punto de vista, confiamos en la patente reproducción de las reglas de composición de un género literario muy empleado en la tradición literaria centroamericana. Me refiero a la novela testimonio. Sin buscar referencias a cuestiones académicas, solo subrayo que es una narrativa sobre la verdad que puede lucir un inventario notable de precursores. Desde Manolo Cuadra o José Román, quienes en los 30 y 40 relataron sus experiencias con (o en contra de) Augusto César Sandino, hasta la bien conocida Rigoberta Menchú, narradora de su propia odisea y de la masacre de indígenas por parte del ejército guatemalteco, el testimonio es una forma de escritura en la que el principio de veracidad depende de la autoridad del enunciador y de su presencialidad a los hechos. Al fin y al cabo, es un proceso de documentación muy parecido al que usamos en las fiscalías y, sin embargo, a menudo lo cuestionamos. Si no fuera verdadera, la historia contada por Ilka podría definirse por lo menos arquetípica. Reproduce las infinitas circustancias en las que un sujeto cuenta su relación obscura con el poder. Son muchas las historias, más o menos ficcionales, que podríamos traer a colación sobre la necesidad de fugarse de la represión; muchas sobre el mundo clandestino que fluctúa de un lado a otros de las contradicciones del capitalismo; muchas sobre los traidores, los infames y las víctimas. Si, llegados hasta aquí, el lector se empecinara en no creer en la veracidad de Ilka, podría considerar su relato una narración breve de ciencia ficción, en el que una sociedad distópica y despiadada otorga la salvación solo tras un macabro war game.

Sin embargo, todas las noches se repiten persecuciones a través del desierto, entre barrancos, cáctus y policías. Los cuerpos de las mujeres amontonadas en la frontera (y me da los mismo que sea nuestro pobre México o nuestro pobre Mediterráneo) son el testimonio fundamental de la esclavitud moderna; mujeres embarazadas, trabajadoras aniquiladas o rechazadas son el espejo de lo que hasta hoy hemos producido. El lenguaje de Ilka, por lo tanto, tiene que alcanzarnos gracias a su misma esencia. No existen malindres formales, ni supersticiosas éticas de los lectores; existe solo una necesidad: la salvación, la existencia, la resistencia y la narración.

 

Andrea Pezzè

 

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