Guatemala: el paraíso de la impunidad

Si alguien quiere violar, secuestrar, lavar dinero, asesinar, torturar, robar tierras, desviar el agua de los ríos, realizar ecocidios, ahí está Guatemala. Guatemala es el paraíso de la impunidad. Guatemala es el país perfecto para los atracadores, corruptos y clicas criminales que van desde la oligarquía pasando por cada célula del gobierno para llegar al núcleo del sistema e instalarse en cada esquina y vigilarlo y manipularlo todo.

Si quiere inventar leyes contra los Derechos Humanos, ahí está Guatemala. Si quieren desparecer a alguien solo porque le cayó mal, ahí está Guatemala. Si un periodista se la lleva de muy salsa, y denuncia verdades, le bajan los humos a metralla limpia, para que aprenda que en boca cerrada no entran moscas. Si quieren violar a una mujer solo por su género, ahí está Guatemala. Si quieren explotar trabajadores, ahí está Guatemala, si es empresario y no quiere pagar impuestos, ahí está Guatemala. Si tiene ganas de violar a una niña, ahí está Guatemala y si tiene ganas de quemarlas vivas, también, ahí está Guatemala.

A la Guatemala de la post dictadura la convirtieron en un estercolero, donde se inventan plazas fantasmas, donde cualquier corrupto y asesino puede ser presidente, donde cualquier narcotraficante y genocida puede dar órdenes.

Guatemala es ese paraíso de impunidad porque su sociedad de doble moral, carece de dignidad y de amor propio. Donde cualquier alcalde, mediocre, puede llamar a los exmilitares para crear un “sistema de seguridad comunal” que realice de manera oficial la limpieza social, en lugar de crear escuelas, parques recreacionales y fuentes de trabajo.

Es el país donde un presidente puede mandar a quemar vivas a más de 40 niñas y la sociedad ni se mosquee. Donde miles de niños son explotados en el trabajo forzado. Donde pululan los bares y casas de citas donde se violan a niños, niñas, adolescentes y mujeres, a un costado de la moral y de la buena voluntad de una sociedad cachureca, patriarcal y misógina.

Guatemala es una decadencia, una estructura que se desmorona sobre sí misma, un anhelo en vías de extinción y desaparecerá, si la sociedad no despierta y se dignifica, si la sociedad no es capaz de armarse de arrestos y transformar el país, no con salidas de los sábados a broncearse a las plazas. La transformación tiene que venir desde los cimientos, ser una huracán, un mar despierto, una hoguera.

De lo contrario de nada sirve que ande tanto culeco autoproclamándose rojo y revolucionario, o tanta descarada con aires de feminista. Aquí se necesitan acciones no palabras.

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

15 de junio de 2017, Estados Unidos.

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