Mujer vendiendo ramos

Desde el domingo en la mañana, Domingo de Ramos, vi esta fotografía tomada por la fotógrafa guatemalteca Cristina Chiquin. Desde ese  momento la mirada de la vendedora me persigue. La la veo patente en todos lados, en el día y en la noche. Esa mirada, esa mirada, esa mirada, que tiene la voz de un trueno con eco en montañas. Una voz ancestral de la exclusión.

Una obra de arte esa fotografía, el arte es para sentirse, de otra forma es cualquier cosa. Pero  más allá del arte, que es secundario, está la vida de la vendedora. ¿Qué venderá los otros días del año?, porque ramos solo en Domingo de Ramos. ¿A qué hora saldrá de su casa? ¿Cuántos autobuses aborda? ¿Cuánto pesa su mercancía? ¿La ayuda alguien a cargarla? ¿Cuántas horas al día pasa llevando sol, a la intemperie? ¿Cuántos años lleva de vendedora? ¿Habrá empezado en su infancia, como las niñas de la aldea El Calvario? ¿Cómo las niñas que venden en el mercado de Rabinal?

Quisiera tener el talento de poder pintar y la pondría en una canva o en un mural, donde todos la puedan ver, un mural inmenso que nos vea a los ojos, un mural del que no escape nadie de la  mirada de la vendedora. Un mural que nos diga que es tiempo de valorar lo intangible.

Por no  puedo pintar, entonces coloco la fotografía aquí, que es mi ventana al mundo.

¿Cómo se llamará la vendedora? ¿Cuáles serán sus sueños?

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