No se van, el país los expulsa

Es muy común que cuando van estadounidenses a Latinoamérica regresen anonadados con la belleza natural de la región y la primera pregunta sea para el primer inmigrante latino que se encuentren en el camino, ¿por qué se van si es tan lindo tu país? Yo me acostumbré a este tipo de preguntas, mi respuesta siempre es la misma: porque nos echan.

El año pasado en septiembre publiqué un video en mi canal de YouTube, ahí hablaba de las migraciones forzadas hacia Estados Unidos y el descaro de los países del triángulo norte de Centroamérica, de atreverse a haber ido a la ONU y pronunciarse para que Estados Unidos no tratara como refugiados a los inmigrantes indocumentados que llegaban pidiendo asilo. Esto como estrategia anticipada a las políticas que vendrían con la nueva administración.

Este pronunciamiento de los gobiernos centroamericanos respalda cualquier idea de muro que quiera construir Trump, o de haber sido la presidenta Hillary Clinton, de la continuidad de las deportaciones masivas.

En cuando a la belleza natural de lo países y sitios turísticos, no están al alcance los parias, la gente apenas gana para comer un día sí y un día no, desconocen de vacaciones y tiempo de ocio; esos son lujos de los que los excluye el sistema. En Guatemala por ejemplo; hay que preguntarle a una vendedora del mercado La Terminal si alguna vez ha ido a Tikal o a Atitlán. Lo mismo hay que preguntarle a un cargador de bultos, a una de las mujeres que limpia habitaciones en los auto hoteles de la capital. A un campesino en Huehuetenango. A un jornalero de los que trabajan cortando caña en los ingenios en Escuintla. Hay que hacerle esa pregunta a una vendedora de yuca con chicharrón en Zacapa. O a un recogedor de botellas y latas vacías en Ciudad Peronia. A las niñas que trabajan de empleadas domésticas en la capital.

Hay que hacerle esta pregunta a cualquier niño que recoge basura en los vertederos del país, a los que limpian parabrisas en los semáforos, a los que venden chicles en las esquinas. A los que se suben a los buses a recitar un poema popular. A las niñas que son abusadas sexualmente por un miembro de su familia o un desconocido. A las adolescentes que son secuestradas y terminan siendo explotadas sexualmente en casas de citas, hasta que logran escapar y se largan fuera del país; muertas en vida. A los adolescentes de arrabal que por tener tatuajes en el cuerpo los quiere exterminar el Gobierno en las limpiezas sociales.

Hay que preguntarles a las adolescentes embarazadas porque las violaron al salir de una fiesta, cuando iba por el pan, cuando iban camino a la escuela o simplemente adentro de su casa. ¿Por qué se van? ¿Por qué el triángulo norte de Centroamérica se está quedando sin infancia y sin juventud? Porque los gobiernos de sus países los obligan a irse, los echan en un mensaje claro: o se van o los aniquilamos. O se van o las seguimos violando y matando.

Para que una persona tome la decisión de migrar sin documentos tiene que estar ya muerta en vida, nadie en su sano juicio tomaría una decisión así por el puro placer de aventurar y buscar en otro país riquezas y comodidades. A las personas que migran sin documentos ya las ha matado el país de origen, lentamente, les ha arrancado la piel a tirones, las ha torturado: negándoles educación, salud, infraestructura, seguridad, áreas recreacionales, oportunidades de desarrollo. Ya las ha explotado y estigmatizado.

¿Por qué se van? ¿Por qué así por esa vía? ¿Quiénes son los culpables de las migraciones forzadas? Y cuando se van los desterramos, los culpamos de desertores, de débiles, de haraganes, de falta de amor al país. Pero cuando están aquí: a las niñas y adolescentes y mujeres de arrabal las tratamos de putas sidodas, de pidonas, de vulgares y pegamenteras, de malas madres, de cuscas, las culpamos de las violaciones sexuales que viven. A los niños y adolescentes: de vagos, de huele pega, de drogos, de asaltantes, de criminales. Cuando los únicos criminales somos nosotros: sociedad podrida, acomodada, descarada y arribista.

¿Con qué moral les cuestionamos que se vayan? ¿Con qué moral los acusamos si se quedan? ¿Con qué moral pedimos la pena de muerte para estas criaturas? ¿Con qué moral les pedimos a las víctimas de abuso sexual que no aborten? ¿Con qué moral nos atrevemos a preguntar, por qué se van? ¿Con qué moral nos regocijamos si los deportan?

El problema de las migraciones forzadas de niños, niñas y adolescentes es mucho más complejo de lo que en nuestra doble moral podamos recriminar. Somos incapaces de proveerles de lo necesario para su desarrollo integral. ¿Tiene solución? Sí, y podría ser inmediata si tan solo tuviéramos las agallas para cambiar y reestructurar los cimientos políticos y sociales de nuestros países. De ahí pal real…

Si usted va a compartir este texto en otro portal o red social, por favor colocar la fuente de información URL:  https://cronicasdeunainquilina.com/2017/03/09/no-se-van-el-pais-los-expulsa/

Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

09 de marzo de 2017, Estados Unidos.

 

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