Días yermos

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Hay días en que las palabras se esconden angustiadas y silentes y se niegan rotundamente a la denuncia, a la pronunciación, al manifiesto y a la poesía. Hay días en los que es tanto su dolor que se encierran en soledad sin luz de luna, sin brisa y sin aliento. Se destierran, agonizantes.

Hay días en que los colores de las pinturas abstractas son cenizos y opacos, nauseabundos. Días en los que el trinar de las aves se vuelve un sollozo en cautiverio. Días en que los niños no cantan de alegría, lloran de hambre y terror. Días en que las flores del campo no florecen, las arranca de raíz un tractor.

Días en los que la vida duele más que otros, en los que los minutos se detienen cansados de tanta tragedia y tanta sangre derramada, de tanta injusticia y opresión. Instantes de cólera explosiva, agotada y vencida. De pensamientos incoherentes y de respiración culpable por el solo hecho de existir.

Días en los que duele abrir los ojos y enfrentarse a la pesadumbre de las horas que suman y suman muertos: ejecuciones extrajudiciales, bombardeos, feminicidios, violencia paramilitar. Homofobia y transfobia, machismo y misoginia. Días en que los cuerpos desmembrados son paisaje urbano de una ciudad sumida en la devastación.

Días en los que al despuntar el alba se propagan las noticias de las niñas violadas que a nadie importan. De los niños ajusticiados por convoyes militares. De los ecocidios innumerables que irrespetan la tierra. Días enardecidos y asqueados. Días de refugiados ahogados en la tempestad. De indocumentados desmembrados.

Días en que las lágrimas se evaporan, salitres en el estrago. Los ojos rojos, el corazón a punto de reventar, los impulsos y las emociones atrapados en el desconsuelo de un mundo deshumanizado. De una realidad que golpea, tajante y triunfadora ante la insensibilidad colectiva.

Días en los que la música no hace vibrar el alma, porque no hay melodía que alivie el dolor de la destrucción. Días en los que la poesía se suicida, derrotada.

Días en los que la locura se arrastra entre el fango de un lago seco, buscando el consuelo a su insensatez.

Días en los que se desvanece la esperanza. En los que las quimeras son hojas ocres de un encino a punto de ser talado. Esos días sin colores, sin brillo y sin brisa; esos días yermos en los que la conciencia habita son ajenos a las insensibilidad.

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Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

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