Infecunda

Nunca fue una ilusión profunda, pero en algún momento de mi adolescencia pensé ser mamá, quería cuatro crías. Fue fugaz porque después se me fue quitando hasta que a los 22 decidí no parir y enfrentar con responsabilidad las consecuencias de mi decisión, que sí las he tenido y han dolido en la vena.

Mi miedo más grande en la vida es el de ser mamá, el solo pensarlo me angustia y me corta la respiración. Me consume porque renuncié a ser mamá por mi inestabilidad emocional y por mi deplorable condición económica. Por mi caos constante y estas turbulencias anímicas que me desgastan.

Decidí no traer hijos al mundo para no darles la misma vida que yo he tenido, para que no vivan mi miseria, para no obligarlos a trabajar desde niños. Para que no tengan una mamá ausente que no sepa cómo tratarlos y los destruya y los hiera constantemente. Que los convierta en despojos y que en lugar de darles una vida integral los haga infelices e inseguros.

No quiero que mis hijos pasen el hambre que yo he pasado, y no tengo los recursos para poder brindarles un hogar estable: emocional y económicamente. No tengo cómo poder brindarles lo básico. Y mucho menos el amor y el abrigo, pues soy un yermo. Soy hiel.

No quiero reproducirme y dejar huella alguna de mi paso por este mundo, no quiero que se vuelva a repetir con mis hijos mi vida, mis carencias. Mis infiernos. No quiero obligarlos a que tengan una mamá bipolar y desequilibrada que no sepa abrazarlos, que no pueda mirarlos a los ojos, que no sepa acompañarlos en su crecimiento, que los martirice y los extinga. Que no los sepa comprender.

Una madre que lucha contra corriente para mantenerse viva, que está cansada ya, no quiero desgarrarles el corazón y vulnerarlos, dejarles esas huellas imborrables que los martiricen el resto de sus vidas.

No los quiero traer a una vida de carencias, de tormentos, de golpes. Me aterra pensar que pueda llegar a agredirlos; emocional y físicamente. Que mi aislamiento y mis abismos los arrastren. No quiero que mis hijos crezcan con una madre perturbada. Yo no quiero dar abrazos vacíos, no sé cómo abrazar, no sé cómo demostrar afecto, no sé cómo acariciar. No sé cómo ser compañía.

No quiero traer hijos al mundo como pretexto para mantenerme viva, para fingir sentirme realizada, para continuar…, no los utilizaré para buscar un escape a mis infiernos. Prefiero consumirme sola, en mis vacíos, en mis abismos, en mis trastornos.

Ser infecunda es una decisión que me duele, pero que no me arrepiento de haber tomado. Porque prefiero consumirme sola que desgraciarle la vida a mis hijos. Tal vez sea esa la muestra de amor más grande que yo le pueda dar a esa ilusión de adolescente, no traerlos al caos que es mi vida y arrastrarlos conmigo. Los liberé de mí, de mi trastorno. De mi incomunicación. De mi hiel. De esta herida profunda, sangrante, que es mi vida.

Ilka Oliva Corado.

11 de mayo de 2016.

Estados Unidos.

8 pensamientos en “Infecunda

  1. Creo que todas esas vivencias que te han tocado, han contribuido a tu crecimiento como un ser humano conciente y sensible, y estoy segura que serías una super mamá porque haz aprendido del dolor. Te mando un abrazo!

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  2. Te felicito por tu decisión tan llena de valor, coincido con la persona que te envió el mensaje de arriba… seria una súper mama de quererlo ser. Tu corazón es inmenso y sin tocar tus brazos y tus manos uno siente lo intenso de tu amor y de tu compañía.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo ser madre y padre es una gran responsabilidad. No todos por el hecho de estar biológicamente equipados para serlo, podemos serlo. De hecho yo creo que como humanos nos hemos alejado tanto de lo natural y del instinto hemos perdido muchas capacidades natas o naturales de criar. Ahora criar y contener un hij@ humana ya no es nada fácil. Seria fabuloso que nuestra sociedad se planteara esa cuestión. y no estar empujando a todo mundo a tener hijos como si fuera cualquier cosa. Y seria mejor que todos en lo individual nos cuestionáramos esta decisión de ser o no padres de manera honesta y sensata.
    Te abrazo mucho!
    Magda

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  3. Mi querida y muy leída Ilka, Te saluda el Bigotón, te he seguido todo el rumbo, reconozco tus virtudes y se aceptar tus comportamientos normales de jóvencita, tu pensamiento político se respeta, se que esa riqueza interior tuya sera un manantial de sabiduría en tu etapa de madurez, esa cuando uno voltea hacia atrás y observa sus aciertos y desaciertos, ello sirve para balancear el pensamiento, todo lo que dices, piensas y has hecho, pues mucho de ello también lo hemos vivido casi todos, en forma parecida, quizá no con tanta crudeza quizá si, la diferencia entre tu y nosotros, es que tienes el valor y la facilidad de decirlo, pero dolor es dolor en cualquier idioma, y en silencio es posible que sea más su intensidad. Sigo encantado contigo, porque escribes a discreción, sos apasionada de tu postura ideológica y de tu pensamiento, eso es la libertad en su máxima expresión, bendita sea. Te quiero por lo que eres, por lo que sos, por lo que manifiestas y por las agallas que tenes el valor de decir. Pero en esto último permiteme decirte con franqueza, me encantaría que fueras mi madre, tienes tanto que dar, que no te alcanzarían dos vidas para enseñarme y darme a conocer todo lo que piensas y vives, sería maravilloso pasar contigo todas las tardes de la vida para platicar y platicar y ver tus reacciones emocionales cada rato, Ilka, tienes muchos rostros y eso te hace bella. Feliz día de las Madres mujer preciosa.

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