La exclusividad de mi bitácora

Y vuelve la burra al trigo, yo aquí de nuevo pegando mis patadas de ahogada. Escribiendo en esta ocasión de lo que es obvio pero que tal vez por claro no se comprende. Entonces me toca explicarlo con manzanas.

Altanera, arrogante, pretenciosa, son algunos de los apelativos con lo que me han señalado cuando me niego rotundamente a darle exclusividad de mis letras a otro medio que no sea mi bitácora personal Crónicas de una Inquilina. Pero es solo un blog, me han dicho en infinidad de ocasiones editores y gente del mundo de la literatura. Sí, podrá ser solo un blog para cualquier persona pero para mí es mi casa, mi nube, mi intimidad, es mi ventana al mundo. O nos das exclusividad o no te publicamos, me han dicho retándome, mi respuesta siempre es lacónica: no me publiquen. ¿Pero qué te crées? Ni que fueras escritora reconocida, sos una simple empleada doméstica -y de ribete indocumentada – que escribe y tenés ínfulas de escritora laureada. Confunden mi claridad para decir las cosas y mi carácter fuerte, con las ínfulas y el ego. Muy lejano está el ego de mi diario vivir. Confunden mi identidad y mi dignidad con arrogancia. Soy frontal.

He escrito artículos exclusivos para otros medios, sí, es cuando me piden un tema en específico y con gusto lo hago, espero que lo publiquen ellos para publicarlo yo después en mi blog y enviarlo a los medios. Pero lo habitual es que yo escriba el artículo para mi blog, lo publique primero ahí y después lo envíe a los medios, a todos al mismo tiempo, para que a todos les llegue puntual y ya decidirán ellos en qué fecha lo publican, no siempre me publican debo ser sincera, hay temas que no calzan en todos por igual, es de lo más común del mundo. También les cambian de nombre a los títulos, los editan, dependiendo el país y el continente, para mayor compresión de los lectores, con lo cual no tengo problema porque mi texto original siempre estará en mi blog.

Innumerables discrepancias he tenido cuando editores emperifollados se atreven a deshilachar mis textos y le colocan palabras rimbombantes y quitan las mías que son de pueblo, de mercado y de arrabal. Cuando pregunto por qué lo hacen, me contestan: es que tu vocabulario es muy pobre, es de clase social baja, y en este medio publicamos solo textos de calidad porque el lector es un público matriculado. Entonces no autorizo la publicación de mi artículo así se la revista o el medio con lectores con perchas de maestrías y doctorados. Y no vuelvo, corto la comunicación no me interesa colaborar con personas que no crean en la diversidad y no respeten el trabajo y el esfuerzo de otros: no soporto la exclusión y el clasismo.

¿Sabés cuántos escritores se mueren por ser publicados en este portal y sus textos los tenemos en línea de espera y a vos te estamos dando la oportunidad de publicarte? Mal agradecida sos. No, no soy mal agradecida, lo que sucede es que defiendo con garras y dientes mi origen, mi esencia, la vid de mis textos. Mi expresión. Y no la cambiaré jamás por tratar de calzar en un mundo que no es el mío, ni para recibir aplausos falsos, no venderé mi dignidad por un mundo de apariencias y egos y “contactos importantes”. ¿Qué es lo importante en esta vida? Esa respuesta depende de las prioridades de cada ser humano. Tan importante es un escritor novato como el más laureado porque cada uno aporta la suyo. Hay esfuerzo y entrega en ambas letras. Y es eso lo que debe contar. Lo que se respeta. Etiquetas, a la basura.

 Tenés que buscar ser publicada en un medio importante, me dicen. ¿Cuáles son los medios importantes? ¿Acaso aquellos vendidos al sistema? ¿Acaso aquellos que engañan y manipulan la información? ¿Aquellos con miles de lectores conservadores, homofóbicos, anti progreso, cachurecos, amantes de la violencia de género? ¿Acaso esos medios donde el articulista lo único que tiene es una percha de títulos universitarios en universidades extranjeras, que le sirven como carta de presentación y jactancia y repello y codearse en el mundo del “quedar bien”? ¿Y la esencia y la denuncia y lo que cuestiona y encara? ¿En dónde se encuentran esos articulistas? Esos pobres diablos, resentidos, fracasados y amargados. Pues esos son los únicos que desde el otro lado de la doble moral se atreven a cambiar el mundo. Y se encuentran más allá del lindero, en la oscuridad de la exclusión. Y escriben de arte, de deportes, de sociedad y todo desde la visión política y humana que es la única capaz de transformar.

La mula siempre tira pal monte. ¿En qué otro medio podría tener el honor de ser publicada sino en los que luchan contra la exclusión, el sistema, la desigualdad, la violencia de género y la colonización? No me interesan los repellos, ni las vanaglorias, mucho menos los contactos y el quedar bien. Soy una mujer de afectos. No me interesa escribir para encopetados, con esas letras rebuscadas que ni con lupa se encuentran. Soy llana, arisca, recia y muy directa y sincera. Atrabancada y sobre todo leal. La lealtad que conocí en el arrabal donde crecí.

Y mi lealtad la tienen los medios que me publican sin pedirme una sola letra de exclusividad, quienes respetan mi blog y mi intimidad porque también respetan y defienden sus propias plataformas. Porque conocen de identidad, de raíz, de honestidad, de dignidad y sobre todo de responsabilidad y solidaridad.

Amor propio, eso es mi bitácora para mí, mi originalidad. Me han preguntado en varias ocasiones qué escritores me han influenciado y yo he contestado certera: ninguno. Porque apenas he leído unos cuantos libros, no puedo ser falsa y colgarme de nadie, y vanagloriarme de gran lectora porque no lo soy, no tuve la oportunidad porque me pasé la vida trabajando como mula, recién comienzo a leer y no permito que nadie, que absolutamente nadie me sugiera lecturas, las busco yo misma. La única persona que me ha influenciado como articulista es la periodista chilena nía Carolina Vásquez Araya, nadie más.

No, y no tengo ningún ego que me fastidie la existencia, yo misma voy y toco la puerta en los medios independientes y pregunto si desean publicar mis textos. Los que las han abierto tienen mi fidelidad y agradecimiento de por vida y no los cambiaré por ningún medio “prestigioso” (para el sistema, desde luego)  y mucho menos por vanaglorias, porque para mí ellos son importantes, porque creo en lo que hacen, en sus luchas, en su entrega en la misma forma en que ellos creen en mí. Los medios que me publican es porque yo los escogí, yo me enamoré de ellos por honrados y bravíos. Y si abrieron las puertas es porque decidieron darme una oportunidad a la cual yo respondo en la misma entrega.

¿Por qué mi blog es mi fuente de publicación? ¿Por qué publico primero en él? Porque cuando nadie me conocía, cuando nadie daba ni medio centavo por mí lo único que tenía era mi blog, ¿por qué ahora entonces debo darle exclusividad a otros y dejarlo a él rezagado? No, uno defiende lo propio con garras y dientes. Y no pienso faltarle a mi blog ni a los medios que me publican y confían en mi trabajo y comprenden la defensa de mi bitácora.  Y porque en algún momento, porque nada esa para siempre, tal vez ellos se cansen de mí, y estará ahí como al principio la soledad y el amparo de  mi blog para arropar mis letras. Y sí, es un solo un blog para el mundo, pero para mí, mi blog es mi mundo. ¿Y si no lo protejo y lo respeto yo, quién lo hará?

Bueno, disculpas por el derroche de adrenalina, pero pues…, la mara se pasa y hay que ponerla en su lugar.

Yo merita: la niña heladera.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado contacto@cronicasdeunainquilina.com

Noviembre 13 de 2015

Estados Unidos.

14 pensamientos en “La exclusividad de mi bitácora

  1. Esos groseros que se atreven a calificarla con esos términos tan soeces. Esos sujetos no son capaces de llegarle a usted ni siquiera a sus talones. Escribe usted divino. Quién puede escribir como usted? Sólo un alma como la suya. Desde Costa Rica con admiración

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  2. excelente te leo desde que compartias tus escritos en un finado foro de la Usac… y de ahí te conocí por tus letras y siempre que purfo te leo, e igual nadie me obliga, con gusto, c, mis respetos Ilka, saludos desde un arrabal

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