Historias de un silbato. XIII

El electrocardiograma.

Aquella mañana iba el autobús lleno a reventar cuando lo abordé, poco a poco fui buscando espacio en la parte de atrás. Fue por allá del año 2002, iba pensando en el electrocardiograma que tenía que realizarme por la tarde al salir del trabajo, me habían dicho que en la San Juan había un laboratorio, y estaba imaginando el recorrido que tenía que hacer de mi lugar de trabajo hacia ese sitio. Cuánto se tardarían porque tenía que ir a estudiar y después al entreno. Definitivamente a la primera clase no llegaba pero por lo menos a la segunda y después salir despepitada hacia el entreno. Estudiaba en el CUM y entrenaba en El Campo de Marte. No la tenía fácil ese día, pero era el único que tenía disponible con un poco más de tiempo para realizarme ese examen que nos pidieron a todos los árbitros como parte de las pruebas médicas anuales.

En esas estaba cuando escuché que un muchacho le decía a una muchacha: ¡es ella, es ella, cuánto querés apostar! Ella le contestaba: no hombre cómo vas a creer, ella no ha de andar en autobús ha de tener una su nave de carro. El patojo entusiasmado le volvía a decir y ella le volvía a contestar que no. Al fin que la patoja le dijo que le preguntaran a la persona para salir de la duda. Cuando sentí me tocaron el hombro, era el muchacho de la voz que yo venía escuchando, por poco me infarto. Tenía esa cara de alegría y emoción, andaría por ahí de sus 30 años de edad, yo por los 22.

Tiene que ser usted, no me diga que no por favor, tiene que ser usted. Yo sonreí pero en las mismas estaba en las nubes porque no sabía exactamente de qué se trataba el asunto. ¿Yo qué, quién tengo que ser? ¡La árbitra de fútbol! ¡Usted es la árbitra de fútbol que pita juegos de hombres!¡Usted tiene que ser Ilka Oliva! Le brillaban los ojos, me quedé en silencio unos segundos mientras disfrutaba lo inquieto que estaba, su expresión facial era deslumbrante. Veo que te gusta el fútbol, a mí también es la pasión de mi vida. ¡Te lo dije, te lo dije, es ella, es ella! Me abrazó emocionado como si hubiéramos sido amigos de la infancia y hubiéramos pasado años sin mirarnos.

La jovencita también se emocionó y ambos sacaron inmediatamente una libreta para que les firmara un autógrafo, el jovencito me pidió otro en su camisa. Pero es la camisa con la que vas a ir al trabajo, ¿por qué querés que te la manche?, te van a regañar. Qué regañar ni qué regañar, envidia les va a dar. Ambos lamentaban no tener una cámara fotográfica a la mano para tomarse una foto conmigo.

El patojo me había visto dirigir juegos de mujeres porque una prima suya jugaba fútbol y estaba en la Selección Nacional y cuando iba a apoyarla resulta que también la única árbitro mujer era yo. Me contó un puñado de historias y de jugadas suscitadas en los partidos que yo dirigía, me tenía sorprendida su memoria.

Nos íbamos acercando a donde yo me tenía que bajar, me dijeron que ellos se bajarían más adelante porque también trabajan por el sector pero les tocaba abordar otro autobús. Nos fundimos en un abrazo y nos despedimos.

Pasó la mañana y llegó la hora de ir a realizarme el electrocardiograma, resulta que la secretaria del lugar era la jovencita con la que conversé en la mañana en el autobús, ambas por poco nos infartamos cuando nos vimos, y rompimos en carcajadas. Quédese aquí me dijo y no se mueva, segundos después traía a un joven a quien le tapaba los ojos con las manos, cuando lo puso frente a mí y el otro los abrió le dio por llorar emocionado cuando me vio, era el patojo del autobús y para sorpresa de todos él iba a realizarme el electrocardiograma porque el resto del personal andaba almorzando.

Estaba tan nervioso que no podía darme las indicaciones, lo ayudó la secretaria. Resulta que me tenía que quitar el sostén y quedarme con las chiches al aire, y él no sabía cómo pedírmelo porque le daba pena, fue la secretaria la que salió al rescate. Me acosté en la camilla y pacientemente esperé a que él colocara todos los cables en su lugar, le temblaban las manos. ¿Nunca has visto tetas? Le pregunté. Sí, pero no las suyas. Me tuve que sentar para no ahogarme con mi risa y mi saliva porque hasta llorando estaba.

Bueno pues serenáte porque no son de otro mundo, son pellejos nada más. Al patojo le sorprendió lo resuelta que estaba yo cuando me quité la blusa y el sostén, sin penas de nada y me lo dijo asombrado. La mayoría de mujeres piden ser atendidas por otras mujeres porque les da pena que uno de hombre las vea. Te rayaste porque conmigo no es el caso, tetas tenés vos y tetas tengo yo, solo que las de las mujeres tienen más pellejos y grasa que las de ustedes, eso es todo. Usted tan relajada que es y quitada de la pena. ¿Cómo le hace para ser así? Bueno, es que no hay nada del otro mundo en el cuerpo humano y así tenemos que verlo, sin morbo. Tengo una pregunta, no se vaya a ofender, ¿por qué no le gusta dar entrevistas? Porque no hay razón, yo hago mi trabajo simplemente y no es cosa del otro mundo, además soy gata de monte.

Cuando estaba a medio electrocardiograma llegó con una cámara fotográfica, ¡ahora sí la foto! ¡Pero esperáte que me vista! Otra vez las risas de los tres. Terminamos y nos tomamos la fotografía del recuerdo. Era la hora del almuerzo y ella llevaba panes con frijoles y él panes con huevo y salchichas. Me convidaron. Nos sentamos los tres y nos atipujamos los panes. ¡Parecíamos onzas!

Fue tan inusual porque a la secretaria no le competía estar ahí dentro dando indicaciones para el electrocardiograma, y yo como paciente mucho menos estar hablando de tetas y pellejos. De dónde ellos compartir la comida con una paciente y de dónde una paciente tener esas confianzas…

Los invité para el siguiente domingo a ver un juego de fútbol de la Cuarta División en Amatitlán, yo iba a dirigir. Llegaron, los invité a los vestidores, escucharon la preparación del juego que hacemos los árbitros una hora antes del mismo, nos tomamos la foto del recuerdo, se fueron a los graderíos y se lo disfrutaron y después nos fuimos a comer   pupusas de chicharrón ahí a la vuelta del estadio frente al lago. Nos dimos un colazo en el teleférico y nos despedimos al atardecer, cada quién abordó su autobús. No volví a saber de ellos.

Cosas bonitas que han pasado en mi vida gracias al fútbol.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado

Julio 02 de 2015.

Estados Unidos.

3 pensamientos en “Historias de un silbato. XIII

  1. Pues con una pequeña retocadita literaria y lo escrito se convierte en un cuento de no ficciòn. Pero…a propòsito del futbol , en estos dìas vi unos juegos del campeonato mundial femenino que se celebra en Canadà y aun estoy con la boca abierta. Estoy seguro que si las chicas de Japòn, EEUU o Alemania juegan con la sele de hombres de Guatemala, le ganan. Me imprecionó tanto que ayer casi a la misma hora estaban transmitiendo un juego de la Copa Amèrica y preferì ver el “partido” de las mujeres. Conste que lo dice alguien que no es fanático del futbol.

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