Mirna Ortiz y Érick Barrondo (El Mito), orgullo de nosotros los parias.

Muy pocas veces en la vida uno tiene el privilegio generacional de ver luminarias que deslumbran porque el fulgor les nace del alma. Pienso en esas generaciones que estuvieron tan cerca de Violeta Parra, Sylvia Plath, Édith Piaf, Clarise Lispector, Alejandra Pizarnik. En quienes tuvieron el fuero de ser generacionales de Bessie Smith, Janis Joplin, Nina Simone, Etta James, Frank Sinatra. Mario Benedetti, Ernesto Che Guevara, César Vallejo. Harriet Tubman, de Sartre y Beauvoir. De un ser tan Sui géneris como Virginia Woolf. O tan generacional de la sensitiva Anaís Nin. De Vincent Van Gogh. De Atahualpa Yupanqui, Juana Azurduy, Bartolina Sisa, Lucio Cabañas. Mandela, María Elena Moyano, Marta. Y así cientos a través de los siglos. Cada uno un fulgor en su oficio. ¿Los valoró su generación? ¿Los ha valorado la historia? ¿Qué ha hecho con ellos el paso del tiempo? Y así como ellos hay millones de destellos que pasan anónimos y son extraordinarios en lo que hacen pero poco valorados.

Viene a mi mente don Teodoro Palacios Flores, don Doroteo Guamuch Flores, la propia Isabel de los Ángeles Ruano. ¿Cuántos pintores, muralistas, compositores, deportistas han pasado por Guatemala totalmente invisibles ante la sociedad que se empeña en hacer alarde de lo farsante? Una sociedad que niega su color y su sangre, que se avergüenza de su cultura, que quiere aprender inglés y hacerlo su primer idioma pero que reniega de los 24 idiomas mayas que se hablan en el país. Renegamos de lo propio y lo degradamos sin escrúpulo. Renunciamos a la belleza natural que nos permite sentir y nos transforma, y la cambiamos por la que corteja en la mentira y las apariencias.

Tan mediocres somos que renunciamos a los poetas, a los escritores, a los músicos que se llevó vilmente la dictadura militar que implantó Estados Unidos en nuestra república bananera. Y negamos el Genocidio porque a los que mataron fueron “indios” no personas. Y en olvido, en un limbo total aquellos urbanos que son la sangre seca que tiñen las calles capitalinas en cada invierno. De pronto en una tertulia brotan los versos de los poetas guerrilleros, brindamos hipócritamente por los tiempos oscuros “que ya fueron superados” y seguimos con la integridad que nos cuestiona nuestra mezquindad.

Cualquier deportista o artista de talla internacional nacido en uno de esos países a los que les llaman desarrollados, lo contemplamos como si fuera especie en peligro de extinción, lo endiosamos, lo hacemos nuestro gurú, nuestro héroe. Y nos rendimos plácidos ante lo extranjero que siempre, siempre es mejor que lo propio. Aquí no estoy hablando de nacionalismos baratos ni de esos patriotismos envidiosos, tacaños y discriminadores. Porque por supuesto que existen talentos extraordinarios alrededor del mundo, pero hay que aprender a ver con los ojos del corazón sin renegar de nuestra identidad humana más que de frontera impuesta.

Bueno, le quedamos debiendo a don Doroteo Guamuch Flores, ni siquiera hemos tenido la capacidad de reivindicarlo cambiándole el nombre al estadio y colocándole el propio. Ahí un detalle claro de nuestra mezquindad, unos hacen, los otros callamos y solapamos porque “no es nuestro asunto.”

Nunca se le dio un trato digno, no pido privilegios pido respeto. Murió y se fue así como vivió, en la precariedad y en la discriminación que le hizo el Estado y que nosotros avalamos como sociedad.

Ahí está don Teodoro Palacios Flores, un ejemplo vivo, lo discriminamos porque es negro, porque vivió en el extranjero (su emigración fue obligada) porque es un paria. Porque no nos representa como “ladinos” porque somos unos descarados de los que ya no hay. No tenemos la capacidad de valorar sus hazañas, hazañas porque fueron logradas en unas circunstancias de vida en las que el apoyo económico y moral fueron ajenos a este ser de extraordinaria entereza. Sin embargo lo hizo, subió al pedio de los grandes, de los inmortales, lo valoran los de afuera pero los de adentro los discriminamos. El gimnasio de baloncesto lleva su nombre, muchos creen que con eso es suficiente. Un hombre que tiene la experiencia, la capacidad, los títulos (por montón y en inglés –para aquellos clasemedieros que se creen gringos- ) y la integridad para estar al frente del Ministerio de Cultura y Deportes, o ser presidente del Comité Olímpico Guatemalteco. Lo tienen en el olvido total. Somos una desgracia de sociedad.

En nuestra generación tenemos el privilegio de contar con dos grandes de talla mundial, incomparables, Sui géneris en lo que hacen, humildes, enteros, comprometidos, leales. Dos luminarias que ya quisieran otros países tener en sus federaciones deportivas, pero son nuestros, son dos guatemaltecos de pies descalzos. Una vez más se comprueba por si no  nos queda claro que los que llevan la gloria a Guatemala no son los clase media ni los burgueses, son los parias, ¡los meros tatascanes! Los clase media y burgueses podrán tener los modales bien atinados del clasismo, pero la entereza la tienen los parias. No he visto un atleta clase media ni burgués, de esos que papi y mami les compran carro para ir a entrenar , que estudian en universidad privada, que tienen lo último de la moda en ropa y calzado deportivo y que va toda la familia a verlos a sus competiciones internacionales, que tenga la entereza para rifarse el pellejo y dejarlo todo en la competencia, de correr ese kilómetro extra. Eso es natural en los parias que desde que nacen lo tiene todo en contra. Crecen en la adversidad. Y es innato iluminar con luz propia, son pues esas extraordinarias luminarias de talla mundial a las que un país como Guatemala tan poca cosa en su discriminación, les queda pequeño.

Hablo de Mirna Ortiz y Érick Barrondo “El Mito” una urbana que sabe lo que es vender en un mercado y el otro indígena de la pura cepa de la discriminación racial.

“El Mito” representa a todos esos niños indígenas que se llevó el Genocidio y la Tierra Arrasada, representa a todos los soñadores que torturó y masacró el ejército, es la dignidad de los que están enterrados en las fosas clandestinas en las entrañas de las montañas guatemaltecas. “El Mito” es la voz, es la entrega, es la entereza de los “indios patas rajadas” que la clase media y burguesa discriminan. Y es el que saca la cara por el país a nivel internacional. Ningún clase media tiene sus arrestos, porque con ellos se nace, los arrestos no se compran ni se sobornan.

Mirna Ortiz viene de esas calles de arrabal que son tan maltratadas por el clasismo guatemalteco, ella viene de la entraña de la limpieza social, ella camina en los zapatos de las mujeres obreras urbanas, ella es el proletariado de periferia, ella saca la cara por todas esas madres solteras jovencitas discriminadas por los estereotipos y la doble moral. Por las que la iglesia hipócrita cuestiona por no haberse casado de blanco y virgen. Por las que trabajan en las maquilas, ella es el rostro y la entrega de las vendedoras de mercado.

Mirna y “El Mito” son dos niños que representan a los que lustran zapatos en los parques, a los que venden chicles en las esquinas, a los limpia vidrios, a los huele pega, a los drogadictos de las alcantarillas. Ellos son el semblante de los que cumplen mayoría de edad atrás de las rejas de una cárcel, de los que trabajan recogiendo basura, de los que se ven obligados a migrar hacia el norte. De los que crecen sin una sola oportunidad de desarrollo. Son de los que convierten las carencias y la adversidad en fuerza interna para enfrentar el día a día en total invisibilidad. Ellos sacan el pecho por todos los parias de mi patria.

Y duele, a la clase media y burguesa les duele que no sea uno de ellos el que se alce en el podio, les duele que sea un marginado, uno de los muchos que ellos discriminan todos los días solapando las violaciones sexuales, los embarazos a causa, la explotación laboral infantil. Que sean dos “nadies” los que le lleven la gloria a Guatemala. Qué magnífico dúo un indígena y una arrabalera urbana. ¡Vendedora de mercado! ¡Qué orgullo que me revienta el pecho de alegría!

Y lo lograron a pesar del poco apoyo que tiene el deporte en Guatemala. De la prácticamente inexistente clase de Educación Física en las Escuelas, de la inexistencia de complejos deportivos y parques donde los niños desarrollen sus habilidades fuera del horario de la escuela. Tanto por hacer en Guatemala. Tanto.

Si le damos una leída a la biografía de la vida de Mirna y “El Mito” veremos que no es tan distinta de esos niños huele pega que queremos ver muertos o emigrados. O de esos que todos los días se paran en los semáforos a hacer malabares con las horas y el hambre o de aquellos que hacen de los vertederos su hogar y su fuente de alimentación.

Tenemos el privilegio generacional de ver brillar en el firmamento a dos luminarias guatemaltecas, que nos representan a nivel olímpico. Y no, no crecieron usando zapatos de marca ni hablando spanglish, crecieron invisibles y marginados. Hoy brillan con la luz de los inmortales.

Así como ellos hay miles de niños que pueden desarrollar sus habilidades si se les diera la oportunidad, ¿qué haremos al respecto?

Mirna y “El Mito” acusados de arrogantes por algunos que se jactan de ser “gente bien” tienen todo el derecho de darse su lugar y exigir respeto, si para los “gente bien” eso es presunción pues si les pica que se rasquen y si les duele que se soben.

El único medallista olímpico en Guatemala se llama Erick Barrondo “El Mito” y, ¡es indígena! La única mujer en lograr medallas consecutivas a nivel internacional en justas de élite se llama Mirna Ortiz y, ¡es de arrabal! La entereza la tenemos en el país, tenemos atletas de nivel internacional, ¿cuándo los vamos a valorar? ¿Cuándo les daremos oportunidades de desarrollo a los marginados? ¿Cuándo dejaremos el clasismo y el racismo? Quién no se sienta representado en el esfuerzo de Mirna y de Erick es porque carece de amor a la cepa. Es clasista, racista y carece de identidad. Así nomás. Así como vamos no sé cuántos años pasarán para volver a ver a dos guatemaltecos de la talla de Mirna y “El Mito.” Yo pienso que será cuestión de siglos, los Sui géneris nacen no se hacen.

Loor a los grandes, loor a los niños de pies descalzos.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Junio 14 de 2015.

Estados Unidos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s