El marido de la Delfina del peñón.

Al filo de la media noche   la Griselda de tío Paco, siente los pasos de la yegua del marido de la Delfina del peñón sobre el adoquín del camino real, es el tercer día de feria en el pueblo, “oí vos aguambado –le dice a tío Paco- ahí va tu cashpean, de seguro va macho de bolo porque se gastó lo de la venta del máiz con las putas del bar, y la pobre Delfina recién parida esperándolo a deshoras para darle de hartar.” El tío Paco se hace el dormido para no escuchar el rosario que le tiene preparado la Griselda, pero escucha muy bien los pasos de la yegua y la voz inquisidora de su esposa. Las putas del bar, -piensa- y se recuerda de la Palomita Blanca, la más tierna de las Muñecas del bar, 13 añitos y recién llegada de El Salvador.

La noche del estreno fueron cuarenta los que la montaron, el primero fue el alcalde que la desvirgó y siguió el director de la Escuela Primaria, después el del Instituto de los Básicos, el dueño de las camionetas que van para la capital y el dueño de las camionetas que van para la cabecera departamental. Los músicos de la zarabanda, el dueño de los futíos que están pegado a la Alcaldía, los policías de la estación, los sobrinos y los hijos de la directora de Instituto de Magisterio, los tres encargados de recoger la ofrenda los domingos en misa. El Pastor y el dueño del comedor.

Aquella noche tío Paco y el marido de la Delfina por ser aldeanos y mozos no la tocaron, por norma del bar tenían que esperar quince días a que la probaran los del pueblo. La recuerda con su cabello ondulado, con su boca pintada de rojo, la vistieron con una minifalda y le pusieron tacones de charol, una blusa fucsia y la sentaron sobre una silla en el centro del bar, la rifaron a ver quién daba más por desvirgarla, el que ganó fue el alcalde. Tío Paco y el marido de la Delfina del peñón se saborearon y relamieron los labios, apenas tenían para comprar una botella de agua ardiente y por su condición de peones les tocaba esperar su turno.

La Griselda acostada en la cama sigue hablando sin parar pero tío Paco está inmerso en la ensoñación de la doncella que alegró la noche en el bar, siempre hay fiesta cuando llevan a una nueva, cobran las bebidas al doble y regalan cinco minutos extras con las Muñecas. Hay salvadoreñas, hondureñas, guatemaltecas, nicaragüenses, panameñas y colombianas. La rocola no para de sonar, la noche del estreno cierran hasta las seis de la mañana.

En su cama separada tres metros de donde duerme la Griselda el tío Paco -que siempre ha dormido solo, porque no le gusta el humor que despiden las mujeres porque dice que ponen bobos a los hombres-, comienza a imaginarse el cuerpo desnudo de la Palomita Blanca. Para poder pagar su turno con ella tuvo que hacer seis cargas de leña, le llevó dos días cortar un encino rojo a pura hacha y pulmón, se fue al peñón y le dio al árbol de sol a sol hasta que logró sacar las seis cargas, las dejó orearse cuatro días y después las subió a mecapal a la orilla del caminón, de ahí se las llevó en bestia a la panadería de nía Clemencia, al otro lado del pueblo. Nomás se las pagó y agarró camino para el bar.

Cómo olvidar cuando iba con su hijo, -piensa- los dos al mismo tiempo con la más galana de las Muñecas, porque eso sí, siempre le han gustado hermosas, entradas en carnes, que tengan de dónde agarrarse. Qué días tan felices aquellos, por qué tuvo que irse para el norte de mojado el Julián, -rememora suspirando- dejando a la esposa preñada, a buscar lo que no había perdido, si tan bien que estaba trabajando de mozo en la finca de don Jacobo. Se pregunta una y otra vez, ¿qué tiene el norte que se lleva a los cipotes que jamás regresan? Aquellas noches eran de felicidad, se le fue su mano derecha, su compañero, le quedó su hija pero con el yerno no se lleva porque es un fustanudo que no pone rienda en su casa y que se deja mangonear por la mujer.

La Griselda le pregunta a tío Paco si sabe en qué se gasta el dinero el marido de la Delfina del peñón, porque ella le ha contado que sube al pueblo a vender gallinas, máiz y leña y cuando no regresa macho de bolo solo lleva una libra de sal, media botella de gas para el candil, la cal para el nixtamal y su bolsa de puros, pero de lo demás si señas. A ella le toca velar por los 7 hijos. Tío Paco no la escucha, está imaginando el cuerpo de la Palomita Blanca, la noche que le tocó montarla.

Ya habían pasado veinte y le tocó esperar aunque llegó temprano al bar, la encontró de piernas abiertas sobre un colchón, él con urgencia se quitó el pantalón y así como la encontró se le lanzó encima. Cómo olvidar esos pechos tan duros apenas comenzando a brotar como limones tiernos. -se lame los labios en la oscuridad de la noche, emponchado en su cama- Los vellos finos en medio de las piernas, los muslos macizos, su carita de niña. Su oquedad estrecha, justo a la medida para un semental. –Siempre se ha creído un semental de los que solo se dan en el oriente del país- . La volteó de espaldas y empotró el miembro hasta el final, empujó una y otra vez con todas sus fuerzas hasta que sintió vaciarse como la desembocadura de un río. Se levantó, se puso el pantalón y salió con las piernas temblorosas, para que los que hacían cola también disfrutaran semejante manjar. Ahí también esperaba su turno el marido de la Delfina del peñón.

Tío Paco siente su miembro erguido, lo toca y se siente orgulloso de su virilidad, se levanta sin mencionar palabra, camina hacia la cama de la Griselda y se mete bajo las sábanas junto a ella, le sube el camisón, la abre de piernas y le clava la lasciva en medio de los muslos, se menea con fuerza hacia delante y hacia atrás, toma impulso queriendo que la profundidad de abertura no tenga fin, la imagina estrecha y rozagante como la de su Palomita Blanca. Después de unas cuantas estocadas regresa a su cama, se emboza y duerme sereno. La Griselda se limpia el esperma que le quedó en el borde de las ilusiones marchitas, pronto amanecerá y tiene que moler el nixtamal en la piedra para que tío Paco desayune tortillas calientes.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Junio10 de 2015.

Estados Unidos.

 

3 pensamientos en “El marido de la Delfina del peñón.

  1. Vos patoja, saludos. Que tremendo cuentito, lastima que lo mochaste, creo que pudiste abundar en torno a los personajes. Sin embargo, no hay que olvidar que un buen cuento, novela, poema, ensayo, etc., no tienen que ser voluminosos. Lo disfrute mucho. Me hizo recordar la vida pueblerina de las prostitutas o rockoleras, como les dicen en la costa sur. Recuerdo algunos de los apodos con que eran conocidas, tales como: La Coquecha, La Mazamorra, La Chamuca, La Perinola, etc.
    Algunas de ellas formalizaron hogar con gente del pueblo. A algunos les valio madre su familia y se fueron a formar familia con algunas de ellas. Avivaste mi memoria de cuando patojo en el pueblo.

    Emma, fue una de las mas solidarias con los muchachos puberes y adolescentes. Tenia fama de iniciatriz. Llego a mis oidos tal historia y no espere mas. Yo tenia trece, sin tabues de ninguna indole, eso porque creci muy libre de tantas telaranyas sociales. A los doce, en la posa encantada donde nos banyabamos casi todos los dias, y donde haciamos toda clase de apuestas al aire libre, posamos para un fotografo, con mi grupo de amigos puberes, tal como dios nos mando al mundo.

    La foto fue sensacion en el pueblo. Alguien se encargo de hacerla circular. Lo interesante de la foto es que del grupo de patojos, el unico que no se habia tomado la molestia de cubrir su miseria con sus manos fui yo. Mi mama me sermoneo por tal travesura, pero ahi murio.

    Dicen que recordar es vivir. Por razones obvias tengo que decirte hasta pronto. A veces se me olvida que estoy en el brete.

    Cuidate mucho.

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    • ¿Cuál es tu opinión respecto a la trata de niñas, adolescentes y mujeres con fines de explotación sexual? ¿Cuál es tu opinión respecto al trabajo sexual? ¿Qué opinás de la existencia de los bares, prostíbulos y casas de citas?

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