Guatemala renuncia a su lipidia.

Tantas veces me han preguntado a lo largo de mi vida, que por qué odio a los letrados, que por qué les tengo recelo, me preguntan si la envidia que les tengo es acaso por la infancia de miseria que tuve. Estas preguntas vienen con la afirmación.   Y no es envidia, ni odio, ni recelo. Lo que sucede es que los letrados a mí nunca me han maravillado, no los veo como dioses, nunca les he rendido pleitesía y nunca me he sentido un ser inferior debido a mi vida de vendedora de mercado. Lo que sí es que muchos letrados me han tachado de insolente por no reverenciarlos y besarles los pies. Les resultará incómodo que una invisible no se tire de alfombra para que le pasen encima el chucho y el coche.

Lo que sí he hecho toda mi vida desde mi invisibilidad de paria es exigirles a los insignes letrados que tengan consecuencia con la vida y con la cepa, porque es su deber humano y moral “alfabetizar.” Y es mi tono de vendedora de mercado el que sienten desmesurado, algo así como ¿y ésta qué se cree para hablarme así? ¿Acaso no se ha visto en un espejo, si es una simple vendedora de helados? O sea hay categorías, que ella no se salga de la palangana. Pero es que es una arrabalera con acento de pueblo y boca de carretera. Pues sí eso soy y no pretendo cambiarlo ni por un costal de tuzas. Contimás…

También he experimentado a lo largo de mi vida que les resulta una ofensa que nosotros los parias nos expresemos, que salgamos del silencio y que nos atrevamos a levantar la cabeza, eso ofende a muchos letrados, clasemedieros y no digamos a los acaudalados. Nos alaban el buen lomo para cargar pero nos enjuician si utilizamos la voz para otra cosa que no sea decir sí señor, sí patrón. Entonces nos acusan de organizar revueltas, de quebrantar la ley, de organizar motines. De saqueadores, violadores, de asesinos y con esto nos oprimen con todo el peso de la ley que nunca está del lado de nosotros sino de los patrones oligarcas, los verdaderos saqueadores de la patria.

Es una deshonra que cuando alguien de nosotros los invisibles logra egresar de una universidad, con ese enorme privilegio lo que haga es olvidarse de los mares de oprimidos y se venda al oleaje de la oligarquía. Que se vista de apatía y se bañe en aguas de opulencia, que utilice el cartón para engañar, para humillar a sus hermanos, para hacer crecer las billeteras propias y de su patrón oligarca. Que de pronto pierda la memoria y se olvide que por esas calles de tierra un día sus pies también anduvieron descalzos.

Es un agravio que alguien que creció en la clase media sin necesidad alguna y con lo necesario para vivir y de vez en cuando con pequeños lujos, no sienta el llamado de su conciencia y accione para que los más golpeados del sistema y del clasismo tengan oportunidades de desarrollo. Es más que una ofensa que estos letrados de clase media utilicen el lomo de los parias para que les carguen los bultos de mercado y las bacinicas. Que obliguen a esas niñas, adolescentes y mujeres a abrirse de piernas para que el privilegio de los letrados las mancillen. Que es honor según ellos que un letrado las vulnere. Y esto es así con los docentes de universidad y las alumnas. Con el patrón y su empleada.

Me ha sucedido que cuando escribo artículos de opinión cuestionando la actitud tan apática de la clase media y de los letrados, muchos se sienten insultados y me acatan con golpes bajos y por la espalda y entonces yo me pongo a pensar, si así se ponen de furiosos con la opinión de una simple vendedora de helados, ¿qué harán estos letrados y esta clase media cuando el pueblo raso hable, cuando salgan de las alcantarillas los parias, cuando salgan del monte como grillos los campesinos? ¿Cuándo salgan los más maltratados y los que siempre han estado poniendo el lomo? ¿Cuándo por fin sea estruendosa la voz de las masas llanas?

Sucede que los que siempre hablan son ellos y lo hacen con gracia, con estirpe, con cierta falacia, con el ego y con el arrebato de creerse intocables y castos. Son ellos los de los privilegios y los de la arrogancia de un título universitario. En cambio nosotros el pueblo lo hacemos con claridad, hablamos directo sin medias tintas, sin darle vueltas y viendo directo a los ojos. No cualquiera aguanta el tono de quienes han vivido la injusticia social, de quienes han sido invisibles, discriminados, humillados y utilizados.

Siempre he cuestionado la apatía de los letrados, de esa clase media, de los que han logrado superarse y mejorar sus condiciones de vida y que se convierten en los “caporales” entre el patrón y el mozo. Explotando al mozo quedan bien con el patrón. Para trabajar de caporales les sirve a muchos el título universitario, no para la abolición, no para el despertar de las masas, no para la equidad y la justicia. Les sirve para que esta impunidad sea una muralla que nos acorrale y nos mantenga de rodillas y atemorizados. Son entonces un desperdicio de letrados. Son los envidiosos que no quieren que ese pueblo mancillado salga de los estercoleros. Son lo que temen perder sus privilegios de niños bonitos.

Y tengo todo el derecho de exigir conciencia, porque vengo de esa alcantarilla, de ese estercolero a donde los letrados solo llegan para pavonearse, para hacer alarde de sus títulos, jamás para “alfabetizar.” Llegan a cortar las arboledas, jamás para “reforestar.” Y lo exijo porque ellos tienen más posibilidades que nosotros que apenas aprendimos a leer y a escribir. Que nosotros los analfabetas que estamos en los surcos del patrón, quemándonos la vida de sol a sol. Que nosotros adolescentes pudriéndonos en las maquilas. Que nosotras las niñas limpiando baños en las casas ustedes clasemedieros. Ustedes que se ponen como alfombra para que pase el oligarca con su pompa de conquistador.

En mi ignorancia de no letrada, en mi conciencia de vendedora de mercado, yo confío plenamente en que si esa clase media se une al pueblo raso, en que si esos letrados utilizan su cartón para “reforestar” Guatemala finalmente saldrá de su lipidia. No lo podemos hacer solos, necesitamos la unidad. En el cuerpo humano todos los órganos son importantes. Así mismo es en la luchas sociales. Si queremos que Guatemala salga del agujero tenemos que poner todos de nuestra parte. Dejar egos, dejar embustes, dejar envidias, dejar azadones.

Lo que vi ayer en la segunda manifestación me confirmó que no he estado equivocada, que mi sueño que también es el sueño de miles de parias, se puede hacer realidad. Que una Guatemala unida puede vencer cualquier dictadura, cualquier imposición. Ver a estudiantes universitarios manifestando es algo que realmente llena el corazón, como vendedora de helados, como marginada, mi alma se siente plena, agradecida. Porque los que tienen más posibilidades que nosotros están metiendo el hombro y de eso se trata la educación superior. A pesar de desearlo con todo mi ser, nunca imaginé que mis ojos los verían, pero está sucediendo, los estudiantes de las universidades privadas se están uniendo a la voz San Carlista, al final los colores son lo de menos, nos nombres también, lo que cuenta es que la educación superior está saliendo de la modorra.

Ojalá que esto siga, que esta llama no se apague, que este sea el inicio de nuestro despertar como país, como hermanos, como pueblo milenario. Ojalá que este sea el inicio del cambio. Ojalá que Guatemala logre salir de su lipidia de una vez por todas y la hagamos prosperar, los que estamos dentro, los que estamos fuera, sin color, sin ideología, sin credo; todos como flores silvestres de la misma arada.

Y para quienes dicen: si pues, qué fácil es hablar desde fuera, ajá, allá lejos cuando no. Quiero decirles que aquí afuera hay miles que la están pasando muy mal, en trabajos muy mal remunerados, están siendo humillados, excluidos, que tienen la enorme responsabilidad de las remesas, que además cargan consigo la nostalgia, el peso de la distancia y la amargura de la diáspora. Estar fuera no es para nada fácil. No es renunciar. Fuera el alma se acoraza para proteger lo sublime de la reminiscencia de lo que nunca podrá volver a ser. Aquí fuera miles también se están pudriendo en el absoluto abandono del desarraigo.

Como siempre, no es mi intención generalizar, así es que no se ofenda si usted es que los que siempre estado ahí en carne viva…

A los que recién se unen a este clamor del pueblo, muchas gracias… Sigamos…

No se ofenda por mi tono, que es labriego, que es el de mujer de monte, mujer de arrabal, que es el de una vendedora de mercado. Y no lo digo con matiz de mártir o con la intención de causar lástima, lo digo con la frente en alto y con dignidad.

Todos podemos aportar al cambio desde nuestra condición, nuestro espacio y nuestras posibilidades. Y lo siento mucho por quien se ofenda, por favor no se lo tome personal, pero no me voy a callar, seguiré con el mismo tono y con la misma esencia de paria, ¿sabe por qué? Porque para que Guatemala renuncie a su lipidia es necesario que nos involucremos todos, como granitos de arena, como semillas de cipreses, como el arrozal. Como las flores de jacarandas que juntas alfombran la lozanía. Como las flores de campana en el caminón. Como las libélulas a la orilla del riachuelo, como el canto de chicharras que enamoran el verano. Como la serenata de los grillos al atardecer. Como la luz de las luciérnagas al anocher. ¿Qué hermoso verdad? Seamos capaces de abrazar utopías y plantar sueños. Por lo que ya no están, por lo que están y por los que vienen.

Con amor del bueno: la niña heladera.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Mayo 03 de 2015.

Estados Unidos.

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