Iluminada.

Iluminada. A: Ana María Pedroni.
 
En dónde estás
Pregunto a veces
Como si no supiera
Como jugando al escondite
Te llamo
En dónde estás.
 
Y vos sonreís
Plácida
Con tu mate y con tu encanto
Con tu aplomo y tu intuición
Te busco en el rincón de las utopías
En el destello de las alegrías
En la insensatez de tu Martina
En sus letras peregrinas.
 
En dónde estás, pregunto.
 
En dónde estás,
Y aparecés en el rincón
De todas mis soledades
En el frío de esta habitación
En la sensación de respirarte
En la quietud de contemplarte
En mi convicción.
 
En dónde estás
Pregunto a veces
Y vos sonreís
Iluminada
Con tu palabra siempre clara
Animás esta obsesión
En dónde estás pregunto
Y palpitás Che, en mi corazón.
 
Ilka Oliva Corado.
Marzo 28 de 2015.
Estados Unidos.

3 comentarios

  1. Dennis Orlando Escobar Galicia

    Pues que lindo recordar Ana María Pedroni. Yo la recuerdo cuando en el curso de Semiología del Mensaje Estético (vaya nombre de pacotilla) me decía: me gustó tu escrito es un poema. Yo pensaba esta lo dice porque como es Argentina cree que los guatemaltecos no sabemos escribir- Pero cuando la guerra de las Malvinas fue tan consecuente que incluso la despidieron del IGA en donde impartía inglés.
    Un abrazo ente vos y la Che.

  2. Dennis Orlando Escobar Galicia

    ¡Que alegría! Este correo no la había leído. Dedicado nada más y nada menos que a la Che Pedroni. Ella fue mi amiga, compañera de clases y maestra, Mi Che querida que bueno que formés parte del poemario de Ilka, Nos teniamos mutua admiración: yo la admiraba por vieja y comprensible con los jóvenes y ella porque yo era muy joven e irreverente en un tiempo muy dificil en Guatemala. Evoco que en una semana santa nos encontramos en la camioneta y de repente por las procesiones interrumpieron el paso. Yo me bajé desarmé la alfombra de aserrín y le dije al piloto que prosiguiera. ¿Qué pasó? Pues aqupi estoy vivo y recordando y la Che en mis recuerdos.

    • A la Che la amo, la amo, la amo. Solo leyó el primer relato que escribí en mi vida (“de los aguaceros de mayo y el sopor de la melancolía”) y me dijo que yo era una escritora de las que nacen no de las que se hacen. Me bautizó como Martina. No la conocí en persona. Nuestra comunicación fue por correo. Pero no hizo falta. Está en mi alma y lo estarà hasta el día en que muera.

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