¿Para qué sirven los títulos?

Esa pregunta, ¿para qué sirven las etiquetas en la vida? Un título seguido del nombre en una firma es una etiqueta, muchas personas prefieren la etiqueta que su nombre, que la raíz de su apellido materno. ¿Por qué escondemos el apellido materno? ¿Por qué es más importante utilizar el título?

¿Lo han notado? Por ejemplo cuando alguien se presenta como licenciadito fulano de tal, doctora fulana de tal, arquitecto menganito. Primero meten la etiqueta para que usted sepa que no está hablando con cualquier cargador de bultos. Esa firma utilizan hasta en la cuenta bancaria, ahí está el cheque a nombre del ingeniero zutanito.

Y yo entiendo cuando es cosa netamente laboral y que sí es necesario utilizar el título en caso de recetas médicas por ejemplo: “autoriza la doctora menganita.” “La conferencia sobre antropología, será impartida por la doctora fulanita.” La entrevista la realizará la periodista zutana. Todo eso se entiende porque es parte del trabajo, pero fuera de él por qué es necesario un título. Otro ejemplo claro es la firma en los correos electrónicas, se entiende cuando el correo es el oficial del trabajo, pero cuando es el personal, ¿para qué colocarle el título? Eso es bochornoso, sumamente arrogante. Y lo chistoso es que hasta quisieran colocarle el currículum para que los otros vean que no es cualquier zapatero, o cualquier limpiadora de baños. He ahí una denigración de los oficios que valen tanto como la educación superior.

Y lo curioso es que lo utilizan y se lo restriegan en la cara a personas que no tuvieron la oportunidad de sacar siquiera el nivel primario o si mucho llegaron al básico. ¿Los han visto? La empleada doméstica les tiene que decir, “ ingeniero sobre su cama le dejé la camisa planchada.” “¿Licenciada qué le sirvo de desayunar?” Ahí en la intimidad de su casa, donde se tiran pedos frente a la empleada doméstica porque no vale como persona para ellos, quieren que les llamen con su etiqueta preferida. Hasta el tono en que se dirigen a quienes consideran inferiores es arrogante.

Y uno comprende que se quemaron las pestañas estudiando y que sacar la universidad no es nada fácil, pero tampoco es cosa del otro mundo, todo está en tener la oportunidad y querer hacer las cosas. Pero no por tener un título universitario una persona merece respeto y tiene que ver hacia abajo a los demás, ¿qué sucede entonces con el cargador de bultos que se parte el lomo en un mercado? ¿Él no merece respeto porque no tiene un título? Es que es tan común que se irrespete al otro porque muchos se creen superiores por tener el soporte de un diploma que a saber si resultó ser comprado bajo de agua o lo tocó pagarlo con cuerpomatic. Pero al final, ¿para qué es un título? ¿Para seguir engrandeciendo el ego personal? ¿Para sangrar a cuanto necesitado se le cruce en el camino? ¿Para jactarse con aires de superioridad? ¿Para enriquecerse a costillas de los parias? Porque la superioridad la utilizan muy bien cuando el que está a la par es un paria.

Ahí están los dueños de fincas de esos hijos de papi y mami –casados y con hijos adolescentes pero que siempre serán hijos de papi y mami- que llegan de fin de semana y tratan a sus empleados como suela de zapato viejo. Todo porque sus aires de letrados no les permiten ver a los otros como semejantes, ¿de qué les sirve el título a un trato con otra persona que limpia su casa, que corta la grama en su jardín, con quien despacha en la tienda del pueblo? ¿Cuál es la finalidad de que le digan ingeniero ya ensillamos su caballo? ¿Por qué no tener la humildad de presentarse con su nombre y acercar el trato? Y nada tiene que ver con el respeto, siendo un doctor y presentarse con su nombre en nada lo baja de categoría, si eso es lo que le preocupa. Tampoco nada tiene que ver con el respeto. ¿Acaso cuando se muera quiere que diga en la lápida, aquí descansa el ingeniero menganito? ¿Acaso tieso no apesta igual que los demás? ¿Acaso en vida no respira, no defeca, no tiene miedos como todos los seres humanos? Entonces, para qué la jactancia. Para qué los aires de superioridad.

¿Los ha visto? Cuando el trato es con alguien letrado ni se inmutan en utilizar el título, hasta se tratan de tú y de vos. Pero no vaya a ser con alguien inferior en educación y posición económica porque se engrandecen y quién los saca de su burbuja.

A mí me ha sucedido tanto en la vida, que por eso lo aborrezco con todo mi ser. En mi experiencia de invisible me han visto de canto entre el borde del hombro,  como si lo que yo represento es una pequeña basurita en la blusa o en la camisa ahí cerca de la manga. Aunque también he conocido a personas letradas tal humildes y consecuentes que saben perfectamente para qué es un título universitario.

Me sucede mucho ahora que escribo, cuando llegan los mensajes de “felicitación” o también de guerra e insultantes por mi ideología política, lo primero que hacen es presentarse con el título universitario, para que yo sepa que quien me escribe no es para nada una empleada doméstica como yo   o un mil usos. Hay quienes agregan en el texto sus licenciaturas y maestrías, -de verdad, no es broma- y hasta doctorados, y de paso los países a los que han viajado, el número de pasaportes con los que cuentan, por supuesto para que yo sepa que para nada son indocumentados como yo. ¿Pretenden acaso que yo los reverencie y me sienta honrada por recibir un correo electrónico de un ilustrado? No. Fíjense que no. Los rechazo de entrada. Tanta arrogancia me revuelve el estómago.

Y uno los ve desfilar con sus galas y sus títulos y sus pasaportes y sus ínfulas. Y como no puedo, ni quiero ser diplomática en mi forma de decir las cosas, la muralla que he construido a mi alrededor se fortifica día con día, es por esa razón que a muchos lectores del blog –especialmente guatemaltecos y centroamericanos- me señalan de soberbia y “agrandada,” no es así, lo que sucede es que aborrezco las labias, la hipocresía y sobre todo esa jactancia de muchos que se creen superiores y dioses a los que uno les tiene que rendir pleitesía por su clases social y por su percha de títulos universitarios. Por mí que se los hagan un rollito…, que soy mujer de mercado y en donde camino estos sirven como papel higiénico para más nada. No es necesaria la jactancia para acercarse a mí, lo único que se logra con esto es que yo ni siquiera por “educación” responda a ese correo electrónico o a ese mensaje en mi blog o en mis redes sociales. En el día a día también me sucede cuando escasamente salgo de mi cueva y comparto con el mundo exterior, por eso le huyo a los eventos sociales.

En conclusión, ¿para qué sirven los títulos?

No, y no es arrogancia de indocumentada ni de bloguera, eso se llama exigir respeto como ser humano y creo que todos nos lo merecemos.

Nota: Usted, apreciado lector, qué opina. ¿Le ha tocado conocer a este tipo de personas presumidas, qué hace cuando se le cruzan en el camino? ¿O es usted una de ellas?

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Marzo 20 de 2015.

Etados Unidos.

3 pensamientos en “¿Para qué sirven los títulos?

  1. ¡Excelente! Quienes recurren a privilegiar el título son propensos a las falacias de autoridad. Acá en la Usac, en una ocasión, fue reprendida una secretaria porque al preguntar el nombre de un fulano que quería hablar con el decano, le dijo licenciado Carlos López. La secretaria muy amablemente le preguntó si su nombre era licenciado. El reprendido hubiera sido el estúpido y no la inteligente secretaria.

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